Opinión

Entre Costa Pobre y Belindia

Claves. En provincia de Buenos Aires, Rosario y la Quinta de Olivos se vivieron momentos de tensión. El gambito de Fernández contra Larreta. El momento de mayor dificultad para todos los gobernantes

Domingo 13 de Septiembre de 2020

Argentina volvió a vivir otra semana bizarra, de las tantas que se anotan en su historial. Rosario tuvo un déja vú, pero esta vez serpenteado por episodios de inseguridad y violencia más severos.

   Recordará el lector a aquel personaje que encarnaba Alberto Olmedo, con una banda presidencial que le atravesaba el pecho y decía: “Tus amigos”. Era el presidente de un país bananero, denominado Costa Pobre. Quién no habrá comparado ese sketch de No toca Botón con esas escenas pantagruélicas de reclamos policiales con el arma en la cartuchera y las sirenas del patrullero sonando como una canción de AC/DC.

   Siempre hay que decir, también, que igual de bananero que ese reclamo es el sueldo que reciben los policías. En Buenos Aires y en todas partes, salvo en la ciudad de Buenos Aires, donde tienen salario inicial de 60 mil pesos y Osde. Eso acerca a las fuerzas de seguridad a Belindia.

   ¿Qué es Belindia? En la década de 1980 estaba muy de uso corriente entre los sociólogos decir que en Argentina un pequeño porcentaje vivía como Bélgica y otro gran sector tenía condiciones de vida parecidas a India. Esa foto se puede reproducir hoy, con un agravante: es la clase la media que pasó a ser la segunda parte de la palabra Belindia, o está a punto de hacerlo.

Bancan los gobernadores

Esa mezcla de mediocridad política y crisis económica deberá ir a elecciones. Se dijo en esta columna: la campaña ya empezó. Y si no, miren al presidente de la Nación obligando a los gobernadores a salir a bancar el manotazo a la billetera de Horacio Rodríguez Larreta.

   Desde la Casa Rosada les llegó un ultimátum a los gobernadores peronistas: “Salgan a bancar”. El único que no firmó fue Juan Schiaretti. Sabe Schiaretti que la arquitectura del avance contra la coparticipación porteña tiene la autoría intelectual de Cristina Kirchner, quien hace algún tiempo manifestó con cierto resentimiento: “En la ciudad de Buenos Aires, hasta los helechos tienen luz”. Luego, lo repitió con toda la voz su hijo Máximo. Lo instrumentó Wado De Pedro.

   En cualquier país normal, el reclamo de los policías hubiera traído sanciones inmediatas y ausencia de negociación mientras se mantuviera la asonada. Pero esto sí que es Argentina, cantaba Luca Prodan. No solamente que el conflicto no se disipó rápido, sino que, como una mancha de humedad, se extendió a otras provincias. Por caso, Santa Fe.

   Es curioso lo que pasa en la provincia. Los periodistas deben responder todas las semanas preguntas de colegas porteños sobre la situación ya insoportable de la violencia y la inseguridad. Siempre mixturadas por declaraciones rimbombantes del ministro de Seguridad, Marcelo Saín. Y cambio de cúpulas policiales.

   Saín ingresó al fin de semana con conflictos con dos poderes del Estado. Un fallo de la Cámara Federal de Apelaciones de Rosario respaldó el accionar del juez Marcelo Bailaque, acusado por Sain ante el Consejo de la Magistratura.

   A la par, los 19 senadores santafesinos manifestaron su enérgico rechazo a las manifestaciones vertidas por el titular de la cartera de Seguridad, “respecto de cualquiera de sus miembros a título individual y del conjunto de los representantes que la integran, como institución de la democracia”. No debe haber demasiados antecedentes de que todo el cuerpo legislativo coincida en el rechazo a un ministro del Poder Ejecutivo.

   Cuesta creer que en este marco de tensiones, la Legislatura le ofrezca luz verde a la ley policial, cuya autoría pertenece a Saín. La demora en presentar la iniciativa obedece al temor de que, si se rechaza el proyecto, el oficialismo se quede sin niveles de interlocución para avanzar al respecto. Se verá, lo único que sobra es tiempo.

   Al margen de estas cuestiones, la pandemia golpea a la provincia de Santa Fe como nunca antes. Después de Caba y provincia de Buenos Aires, la bota es la que más casos positivos ha tenido en los últimos días. La peste llega a su clímax en el momento en que los comerciantes están viendo como sus activos se caen a pedazos, algo que hace maniobrar a Perotti y Pablo Javkin en círculos. Creer que es cuestión de manta corta entre salud y economía es no haber leído que más del 80% de las camas de terapia intensiva están ocupadas en Rosario. No es fácil.

   En este momento, se abrió la campaña electoral para 2021. No es pospandemia como ayer escribió un editor periodístico porteño. Es pandemia con política. A ese menú habrá que agregarle la economía.

   Una reciente encuesta de Innova Opinión Pública en Rosario indica que el único dirigente nacional con mayor imagen positiva que negativa es Horacio Rodríguez Larreta. Se midió, además del jefe de gobierno porteño a Sergio Massa, Cristina Kirchner, Mauricio Macri y Patricia Bullrich. El peor evaluado es Macri. Con más de 70% de imagen negativa.

   Respecto de gestiones de gobierno, pese a que Fernández, Perotti y Javkin cayeron desde las mediciones de mayo, los tres tienen aún una imagen positiva superior a la negativa. Según Innova, cuando se consulta sobre el desempeño contra la pandemia. Fernández bajó 22 puntos (en mayo contaba con 88% de positiva), Perotti decayó 13 puntos (en mayo tenía 80% de positiva) y el desempeño de Javkin descendió 8 puntos (en mayo tenía 82% de imagen positiva).

   Los rosarinos (y esta sí que es toda una definición, en una pregunta con opociones) están más preocupados por la inseguridad que por la economía.

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