Fue una semana excepcionalmente buena para el gobierno en materia económica: acumulación de reservas, recuperación fuerte en marzo, según el Emae del Indec, crecimiento del índice de confianza del consumidor de la Universidad Di Tella, luego de tres meses de caída, y anuncio sorpresivo de una nueva baja de retenciones a las exportaciones de granos. Sin embargo, el clima político parece ir de mal en peor con las pujas internas del propio oficialismo, aunque haya tenido una victoria importante en dos votaciones de Diputados.
El presidente se queja de esta disonancia entre lo que él considera la realidad y la percepción construida por los medios de comunicación. Algo de razón tiene, pero eso les ha ocurrido a todos los gobiernos. Llega un momento en que ciertos datos objetivos de la economía no se ven reflejados en el clima general. Solo por recordar un dato: en 1997 la Argentina creció al 8% anual y el oficialismo de Carlos Menem perdió la elección legislativa de ese año. Por lo tanto, además de hacer algunas cosas bien, las administraciones deben prestar mucha atención a cuáles son los factores que inciden en la opinión pública.
Claro, el proceso de construcción de dichos climas adversos no son una pura operación mediática sino que se van sumando ciertos hechos objetivos que contribuyen. La macro tiene signos vitales destacables, pero la calle sigue sin visualizar una mejora en su poder adquisitivo que ayude a cambiar las expectativas de futuro. El mencionado índice de confianza del consumidor mejoró respecto de abril, pero está un 12% por debajo del mismo mes del año pasado. Es decir, la dinámica no ha sido favorable.
Como se instaló un progresivo deterioro de la aprobación del gobierno desde diciembre a la fecha, eso ha ido potenciando los conflictos internos entre las dos (¿o tres?, ¿Patricia Bullrich es una tercera en discordia?) alas dentro de la gestión, a lo que finalmente se sumó toda la saga de Manuel Adorni. Recordemos que todo empezó con un torpe viaje de la pareja del jefe de Gabinete a Nueva York y luego se fue sumando un sinfín de datos que lo ponen al borde de la muerte política.
Entonces, mal clima económico de calle, mala vibra por los affaires de Adorni y peleas internas potenciadas contribuyen a la percepción popular de que es un gobierno encapsulado, que no le pone el foco a las prioridades de la sociedad. Y ahí se está realimentando de modo permanente un círculo vicioso en los últimos 70 días.
Los actores que asoman
Si todo empezara y terminara en las consecuencias sobre el oficialismo, sería una situación normal, esperable. Pero acá entran en consideración dos tipos de actores que generan amenazas. Por un lado, se está animando a conversaciones subterráneas inesperadas la heterogénea oposición, que estaba shockeada posoctubre y ahora cree ver oportunidades inciertas. Al respecto existen varios laboratorios con alta creatividad. Luego se verá qué piensa el electorado, pero las usinas están en funcionamiento.
Por el otro lado, las señales de cierto sector del establishment que luce preocupado sobre el futuro político de Javier Milei y su gobierno. Reflexionan, ¿tanto malestar acelerado no hará que la mayoría vuelva a añorar otro experimento populista como ocurrió en 2019? Cuando uno se quema con leche, ve una vaca y llora. Por lo tanto, no quieren ver echar por la borda todo el esfuerzo económico y psicológico de estos casi 30 meses de gestión libertaria.
En el medio de todo eso, LLA sigue logrando amalgamar la alianza con los dialoguistas, particularmente los gobernadores, como se viene viendo en el Congreso. Pero eso no lucirá eterno si: 1) se sigue cayendo la recaudación coparticipable que los obligue a hacer ajustes más profundos y eso desate un dominó de conflictos sociales; 2) por un mayor ajuste presupuestario nacional obliga a Luis Caputo a no poder cumplir con las cosas que negoció Diego Santilli oportunamente y 3) Milei se sigue deteriorando porque nadie querrá entrar con él al cementerio. Por eso, cada vez se saben más fechas tentativas de elecciones anticipadas en las provincias, tanto por si hay ola violeta, como por si no la habrá.
Las internas florecen porque este es un gobierno inédito, distinto. El número uno ha delegado la política en la número 2, y ésta es jueza y parte: encabeza una de las alas internas (la más poderosa) y, al mismo tiempo, define sobre las cuestiones en conflicto. De modo que al otro sector no le queda otra que presionar de alguna forma al líder, al que no le gusta hacer política ni dirimir el conflicto entre sus dos “hermanos”. Por lo tanto, la inercia gana y se convierte en el perro que se muerde la cola.