El gobierno está proponiendo el sistema de colectoras para las elecciones del año próximo a cambio de bajar las Paso, pero solo en la categoría de diputados nacionales. Es decir: ofrece un sistema que sólo favorece al presidente porque junta votos de varios lados, mientras permite que cada sector político allegado mantenga su propia identidad.
Sin embargo, eso no tiene nada que ver con las primarias, abiertas, simultáneas y obligatorias. Al único que le sirve quitarlas es al oficialismo libertario ya que a todos los demás actores no les interesa facilitarle las cosas a Javier Milei. Si hay primarias pueden ocurrir dos cosas que LLA no quiere: 1) que la oposición se ordene atrás de un candidato legitimado por el voto popular, con todo el efecto positivo que eso podría tener para muchos independientes, y 2) que haya una eventual primaria en el propio sector oficialista, donde el presidente debiese competir fuerzas con un adversario del PRO u otro sector.
El león libertario quiere que haya absoluto verticalismo en su espacio, donde él sea el mandamás sin discusión de ningún tipo. Se estaría contradiciendo con una definición que hizo en 2021: “No vengo a guiar corderos, vengo a despertar leones”. No es la primera vez que se contradice, con lo cual eso no es novedad. Pero sí deja claro que no acepta disidencias o debates internos.
Los gobernadores frente a tres disyuntivas:
1) Les aprieta el zapato por la caída de la recaudación nacional y provincial, con lo cual deben hacer un ajuste sin fin en los últimos meses, y eso los condiciona en sus negociaciones con la Casa Rosada. Como le gusta decir a Milei: “Los tengo agarrados de los h...”. En ese esquema, le es más difícil a Diego Santilli cumplir con los compromisos contraídos dadas las severas exigencias fiscales del FMI.
2) Hasta ahora no está definido el cronograma electoral 2027, entre otras cosas, debido a que el affaire Manuel Adorni retrasó toda la agenda en el Congreso. Por ahora, los tiempos formales arrancan en junio de 2027. Eso hace que nadie quiera quedar contaminado por el devenir nacional y una eventual nueva ola violeta de último momento. Entonces, ¿para qué arriesgar todo el capital político? Mejor fijar comicios prejunio. Con lo cual podríamos llegar a tener un súper mayo de comicios provinciales.
3) El tercer punto es que nadie sabe a ciencia cierta cuál será la estrategia de LLA en las provincias. ¿Jugarán fichas fuertes o competirán formalmente, pero sin ponerle mucho gas para facilitarles la vida a los dialoguistas? Se escucharon rumores de acuerdos de este último tipo en distritos relevantes, más allá de repetir acuerdos en Mendoza, Entre Ríos Y Chaco. ¿Y en Caba? Otro misterio.
Eso lleva a otro interrogante: ¿cuánto margen de maniobra política tendrá Santilli, a quien ya le pusieron un comisario político como Ignacio Devitt, si Toto Caputo no afloja fondos? Solo veamos dos ejemplos de lo duro que está el Palacio de Hacienda: les pagará a las empresas constructoras con bono en dólares para 2038 y tiene una deuda enorme con las empresas energéticas por el subsidio al gas. Es decir, pateando para adelante. ¿Hará lo mismo con los gobernadores allegados?, ¿éstos aceptarán mansamente condiciones semejantes en pleno año electoral, cuando se juegan todo su capital político?
Lo que se viene
Por eso se apresuran quienes creen que la llegada del Colo es un relanzamiento de la gestión. Seguro es un cambio relevante de funcionarios pero, si representa una nueva etapa, está por verse. Una nueva fase implica un giro estratégico y metodológico que nunca es fácil ni rápido, más allá de las buenas intenciones. Sobre todo cuando lo que no parece modificarse es la lógica del control de la caja mayor.
Un gobierno no se relanza solo porque quiere sino porque puede. La llegada de Santilli es una buena noticia para el oficialismo dados los atributos personales y políticos del nuevo jefe de Gabinete: peronista de origen, examarillo, con mucha experiencia, con capital político propio y una excelente relación con muchos gobernadores. Pero eso no alcanza en una administración propensa a los errores políticos no forzados. Todo el affaire Adorni mostró una profunda falta de profesionalismo político, que camino al año electoral puede generar varias sorpresas desagradables.
¿Qué negoció Santilli para aceptar el cargo, además de ser candidato a gobernador bonaerense? ¿Le cumplirán los compromisos quienes tienen fama de malos pagadores y sin códigos? ¿Qué garantías se habrá tomado el recién llegado? Porque ahora tendrá que poner la cara por la gestión en las buenas y en las malas, mientras el frente de la microeconomía sigue dando noticias negativas.