Plasticraft apuesta a la industria nacional en un mercado presionado por importaciones
Al frente de Plasticraft, Lucas Salvia apostó por la industria nacional con soluciones plásticas a medida, en un contexto de fuerte competencia externa
Lucas Salvia, dirige la empresa. Es la segunda generación al mando de Plasticraft, hijo de Edmundo Salvia, quien fundó la firma en los años 80.
No son tiempos fáciles para la industria nacional. A la retracción del consumo se suma el avance de las importaciones, un combo que tensiona los números puertas adentro y que en los últimos meses incluso derivó en el cierre de algunas fábricas. En el caso de la industria plástica, hacia diciembre de 2025 se registró una mejora interanual del 5%, según datos de la Cámara Argentina de la Industria Plástica (CAIP), aunque el sector sigue bajo la lupa de los especialistas por su fuerte dependencia del mercado interno y la presión de los productos importados, especialmente de China.
Desde Villa Gobernador Gálvez, una empresa apunta a fortalecer sus procesos productivos frente a un escenario desafiante, dando batalla desde su expertise: soluciones plásticas innovadoras y personalizadas para la industria. Se trata de Plasticraft, que encabeza Lucas Salvia, segunda generación al mando, tras suceder en la dirección a su padre, Edmundo Salvia, referente del rubro en la región que fundó la firma en los años 80. La historia, sin embargo, se remonta aún más atrás.
“Mi abuelo, Francisco Salvia, se dedicaba a la matricería de estampado y de corte aplicada a la industria automotriz, hacía moldes para chapa”, reconstruye Lucas. “Hace unos 40 años nace Plasticraft, cuando mi padre se mete de lleno en el mundo del plástico y empezamos a incursionar en la matricería para inyección de termoplásticos, que es muy distinto a trabajar con chapa”, aclara el empresario en diálogo con Negocios de La Capital.
Los termoplásticos pueden reciclase y se recuperan rápidamente. Plásticos de ingeniería como ABS, nylon o policarbonato, y también de materiales más masivos como el polietileno, muy usado en packaging y envases, o el polipropileno, típico de tuppers y recipientes de cocina. Ese conocimiento técnico fue el punto de partida para la consolidación del negocio familiar. “En 1989 hicimos el primer producto propio”, recuerda Salvia.
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La empresa invirtió en equipamiento para ser un jugador fuerte como proveedor de distintas industrias rosarinas.
Foto: Leonardo Vincenti / La Capital
A partir de allí, Plasticraft comenzó a desarrollar piezas y soluciones específicas para distintos sectores industriales, un camino que, con el paso del tiempo, se profundizó y terminó por definir el perfil productivo actual de la empresa. Pero que también atravesó y todavía se encuentra con ciertas trabas, debido a los vaivenes económicos de la Argentina y a la necesidad de reinventarse para captar nuevos jugadores en el mercado.
La línea blanca al frente
“Mi papá, con apenas dos máquinas, hizo la primera matriz para inyección de plástico, el semillero de una máquina de la agroindustria Bertini. Fue una invención de él, la patente era de la empresa, ellos registraron el diseño y nosotros desarrollamos el molde y la inyección de la pieza. A partir de ahí, empezamos a proveer a distintos sectores de la industria: línea blanca, agro, electrónica y carcasas para insumos médicos, como las manijas de las incubadoras”, relata Lucas.
La empresa encontró así en la línea blanca su principal aliada. Empezaron a ser proveedores de marcas de envergadura como Electrolux, Bambi, Mabe, Briket e Inelro, fabricando las partes plásticas de estos equipos, como manijas y cabezales de puertas. “El 80% de los aportes plásticos de estas empresas son piezas que fabricamos nosotros”, asegura el empresario, de tan solo 38 años y con un importante recorrido industrial detrás.
El diferencial de la empresa estuvo en especializarse en brindar soluciones plásticas a medida y con cierto grado de complejidad en su desarrollo, lo que hacía que muchas empresas requirieran de sus servicios, incluyendo grandes compañías del retail como Unilever y Arcor o de movilidad como el Grupo Corven. La propuesta es amplia y contempla la producción de matricería para terceros, mantenimiento de moldes, inyección de termoplásticos y desarrollo de piezas plásticas a medida, consolidándose como un proveedor industrial con ingeniería y producción local.
Salvaguardar la industria
Una decisión clave en la gestión de Lucas Salvia fue desprenderse de Facila, la marca de productos de bazar que la empresa mantuvo hasta 2018. “Entendí que el negocio era otro y que el fuerte estaba en atender a la industria y hacerla más eficiente. Nunca paramos la planta; eso es lo que quise valorar, impulsar el servicio que le damos a las empresas. Plasticraft es una pata productiva de otros fabricantes, somos parte de la cadena de valor de muchos sectores”, resume.
A Facila la habían creado en 2007 y luego, en 2018, Lucas viajó a China para ver hacia dónde iba la tendencia del rubro en ese entonces. Frente al avance del gigante asiático en este tipo de productos y con la convicción de que el diferencial de la empresa seguía estando en el servicio, decidió vender la marca en 2019 a un operador de Buenos Aires especializado en la comercialización de artículos de bazar.
“Cada vez que fabricábamos esos productos teníamos que frenar las otras producciones. Además, es un segmento con muchísima competencia, no se puede competir con China y, al mismo tiempo, sostener la inversión permanente que requiere el diseño y el desarrollo de familias de productos”, explica y agrega: “Nuestro know how siempre fue el servicio técnico, vendemos una pieza que forma parte de una línea de montaje. Ese es nuestro lugar en la industria, mientras que el segmento bazar nunca nos salvó de una crisis, ni superó el 5% de la facturación”.
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Una de las estrategias para sostenerse es cerrar acuerdos especiales con industrias que necesitan artículos plásticos. De hecho, están por cerrar un convenio con una empresa de artículos de limpieza que requiere su expertise.
Foto: Leonardo Vincenti / La Capital
Avances en tecnología
En la actualidad, Plasticraft cuenta con un nivel de automatización de entre el 60% y el 70% de su planta productiva y emplea a unas 60 personas, cuando antes eran 120 los trabajadores. Salvia explicó que tener procesos automatizados los llevó a reducir personal: “Tenemos todas las máquinas robotizadas, tres turnos y diez puestos de mandos medios”.
La inversión en tecnología fue clave para mantenerse activos y con demanda, incluso en un contexto difícil para las pymes argentinas. “Con este planteo de país, estamos evaluando permanentemente qué hacer. Es una cuenta sencilla: si se abre completamente la importación, tampoco nuestros clientes podrán competir con el mundo. Si se para la industria, nosotros nos paramos atrás; estamos muy atados a la política y es algo cíclico. En los mejores momentos, llegamos a entregar más de un millón de piezas por mes, pero venimos de momentos donde las pymes llegaron a caer casi un 70%, principalmente por la retracción del consumo. Si antes vendía 100, hoy estoy en 40 o incluso 30”, advierte el empresario.
Algo que lo preocupa es ver cómo algunas firmas de las que siempre fue proveedor hoy están reconvirtiendo sus modelos de negocios, pasando de fabricar a directamente importar equipos o electrodomésticos del exterior. Por eso, contó a Negocios que está evaluando un cambio en su estrategia comercial para salir a proveer a nuevos mercados. Explica que se trata de un proceso flexible, en el que analizan distintos proyectos según su volumen y viabilidad productiva y que, cuando las condiciones lo permiten, desde Plasticraft participan incluso de las inversiones necesarias para acompañar a los clientes.
“Estamos por cerrar acuerdos con dos empresas. Uno es con una fábrica de artículos de limpieza, que quiere meterse en todo lo que son artículos de plásticos, hasta ahora hacían cauchos. Lo que nos propusieron fue invertir en la compra de una máquina y los moldes y nosotros hacemos la ingeniería de los productos, porque si ellos quisieran hacerlo por su cuenta tendrían que comprar inyectoras que no saben usar, contratar personal capacitado en matricería, etc.”, señala Salvia. También cuentan con proyectos para otras industrias, desarrollos que llevan adelante a pedido y de forma personalizada.
Con inventiva y estructura, el objetivo está puesto en resistir los meses difíciles y seguir adelante, como hicieron todos estos años. El titular de Plasticraft tiene en claro que el mercado se está achicando, al igual que la capacidad productiva, pero que su destino no va a ser el de transformarse en un centro logístico de productos importados: “El comercio que es intermediario y revendedor puede reconvertirse hacia esa tendencia; nosotros no. Somos una empresa sólida, que potencia a la industria nacional y queremos seguir por ese camino”.
Ladrillos reciclados
Entre los proyectos que impulsa la firma se destaca CLAC, su línea de ladrillos fabricados con plástico reciclado, específicamente poliestireno. La iniciativa surgió hace diez años, a partir de la mudanza de la empresa al parque industrial de Villa Gobernador Gálvez.
Ante el alto costo que implicaba invertir en mobiliario nuevo, decidieron fabricar sus propios muebles utilizando ladrillos producidos a partir de scrap, es decir, del material sobrante que no se utilizaba en los procesos productivos. La experiencia fue exitosa y pronto comenzaron a alquilar el mobiliario para eventos, además de equipar distintos espacios comerciales.
Entre otros proyectos, amueblaron clínicas de kinesiología, vinerías, las panaderías Heroica en Alto Rosario y Alto Córdoba, y desarrollaron stands para marcas que participaron en ferias, en La Rural de Buenos Aires. También participaron con CLAC en exposiciones como arteBA y Expocon.
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