De las 20 selecciones del Mundial de Francia 2023, apenas tres no tienen jugadores “extranjeros” en sus filas: Argentina, Sudáfrica y Chile. En el resto de los equipos este fenómeno se da porque en el rugby es muy frecuente que muchos jugadores que no pueden jugar para su país opten por representar a otro. Como se había transformado en algo caótico esto comenzó a regularse desde noviembre de 2021 cuando cambió la regla 8, la regla de la elegibilidad, que determina quienes y cómo pueden ser convocados por un seleccionado nacional. También hay muchos técnicos extranjeros, como el caso del australiano Michael Cheika en Los Pumas.
Un jugador internacional puede cambiar una sola vez de una unión a otra, previa demostración de un vínculo cercano y creíble con ese país a través del “derecho de nacimiento”: haber nacido en el país al que desea “transferirse” o tener un padre o abuelo oriundo de ese lugar.
La otra manera de ser convocado por un segundo país es que no debe haber jugado rugby internacional durante 36 meses. Si pasan tres años sin ser llamado para su representativo original, un jugador puede ponerse la camiseta de otra unión siempre que cumpla con la premisa del “derecho de nacimiento”. Además, si vivió cinco años consecutivos en un país (o diez en total) también puede ser convocado por esa unión.
Para esta Copa del Mundo, un total de 113 jugadores van a defender la camiseta de un país donde no nacieron: 17% del total de 660 convocados. Un número que crece más y más. Escocia es el país que más extranjeros reclutó. Armó un equipo competitivo donde de los 33 convocados, 15 no nacieron en la parte norte de las islas británicas.
Japón, rival de Los Pumas en el Grupo D, se ubica en el segundo lugar, con 11 foráneos. De hecho a los Brave Blossoms siempre se lo trata de “el equipo de Naciones Unidas”, por su gran variedad de razas en el plantel. El proceso inverso se está dando justamente en esos seleccionados menores. Jugadores de renombre que ya no compiten a nivel top esperan tres años y son convocados por Tonga, Samoa o Fiji, dándoles un salto de calidad a esos equipos.
Los ejemplos más resonantes para esta Copa del Mundo son los de Vaea Fifita, Charles Piutau y Malakai Fekitoa, que nacieron y jugaron en Nueva Zelanda y ahora defenderán la camiseta de Tonga; o el de Christian Leali’ifano y Lima Sopoaga, con un exitoso pasado en Wallabies y All Blacks, respectivamente, que tratarán de dar el golpe para Samoa en el grupo de Los Pumas.
Leer más: El camino puma
Con los entrenadores también pasa. Son nueve los head coaches que no nacieron en el país al que van a dirigir, lo que equivale decir que un 45% de entrenadores son “extranjeros”.
Por ejemplo, los tres representantes sudamericanos tienen entrenadores foráneos: en Los Pumas está el australiano Michael Cheika, en Los Teros dirige el argentino Esteban Meneses y en Los Cóndores lo hace el uruguayo Pablo Lemoine.
Leer más: Un plantel federal
La lista se completa con: Japón: Jamie Joseph (Nva. Zelanda), Namibia: Allister Coetzee (Sudáfrica), Gales: Warren Gatland (Nva. Zelanda), Italia: Kieran Crowley (Nva. Zelanda), Irlanda: Andy Farrell (Inglaterra) y Portugal: Patrice Lagisquet (Francia).
Argentinos por el mundo
Dentro de los jugadores nacidos en suelo argentino y que hoy visten la camiseta de otro país están, el wing Baltasar Amaya, que empezó a despuntar con la ovalada a los cinco años en Hindú antes de mudarse a Uruguay de muy chico.
A él se le suman Ignacio Brex e Iván Nemer, quienes jugarán para Italia. Brexes de Buenos Aires, se formó en San Cirano y jugó de centro en Los Pumitas y Argentina XV antes de ponerse la Azzurra. El pilar Iván Nemer, en tanto, surgió de Biguá y tuvo un paso también por Sporting -ambos clubes de Mar del Plata-, además de haber tenido varias oportunidades en Los Pumitas.