"Una de las transformaciones sociales más radicales de la sociedad posmoderna es cómo la ansiedad se transforma en una patología de época, producto de la hiperexigencia, el culto a la optimización, al rendimiento y al individualismo". La reflexión del investigador y docente de la Universidad Nacional de Rosario (UNR), Pablo Urbaitel, quien dicta clases en el Núcleo Socio-educativo de la carrera de Ciencias de la Educación en la Facultad de Humanidades y Artes y afirma que uno de los temas que más lo apasionaron en los últimos tiempos son las nuevas configuraciones que se producen en las relaciones entre las juventudes y el trabajo. Uno de esos casos responde a un fenómeno de época: el trabajo freelance, en donde aquel que pone su fuerza de trabajo se explota a sí mismo, puesto que en este caso el empleador responde de forma algorítmica, no asume riesgos considerables, no presenta una cara visible o bien, se desempeña en a través de una aplicación que le propone un juego de seducción basado en una paga atractiva a cambio de una promesa de "tiempo libre", sin representación gremial y reivindicaciones laborales históricas como un empleado registrado hasta la actualidad.
De la cultura de garaje y la "autoesclavitud"
"Vivimos en una sociedad que revaloriza excesivamente el mito del garaje, de personas influyentes como Bill Gates o Steve Jobs, a quienes se les ocurrió una idea que los hizo millonarios. En pocas palabras, el sueño americano en acción, un sueño que le funciona a un 0,000001 por ciento de la sociedad, explica Urbaitel en declaraciones a La Capital.
Retomando al sociólogo estadounidense Richard Senett en su libro "La corrosión del carácter", Urbaitel reflexiona: "Pasamos de la sociedad salarial que se imaginó entrar en un trabajo estable y registrado para toda la vida con continuidad lineal ascendente a un capitalismo flexible caracterizado por un tiempo fragmentado y no lineal que dificulta los vínculos estables y que produce una idea de futuro cortoplacista muy diferente a la que tenían otras generaciones".
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En eso comenta: "Nosotros venimos asociados a otra idea de futuro, más planificado y predecible; en cambio, los jóvenes de ahora tienen una idea hedonista, donde la idea de libertad no es no la de la Revolución Francesa, sino la del goce. Por otro lado hay una crisis de las instituciones de la modernidad y, en eso, los sindicatos sufren un desprestigio absoluto porque representan a una porción cada vez más escasa de trabajadores asalariados y sindicalizados en el mundo, y eso preocupa", comenta.
Y agrega: "Hay una preocupación por el presente y una idea de que tener libertad y ser tu propio jefe está bueno cuando, en realidad, el sometimiento es mayor, puesto que hasta entonces el capitalista era un tercero y ahora sos esclavo de vos mismo. Eso es neoliberalismo, lisa y llanamente, la idea de tercerizar todo".
La clase "mejorista"
Para el pedagogo rosarino, este fenómeno en pleno auge es "la clase mejorista", en alusión a una reflexión aludida por el sociólogo Pablo Semán. "Piensan que la mejoría no es por el otro o junto al otro, sino que es por uno mismo. Además, cuenta con la experiencia real de que el Estado no hizo nada por ellos. Y que obedece, además, a que el Estado moderno viene debilitado de manera global porque no se caracteriza por resolver los problemas de la gente al no dar respuestas satisfactorias", apunta.
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Uber cubre el pago de la multa a los choferes las primeras dos veces que le llevan el auto al corralón
Y opina: "Es por eso que el presidente (Javier) Milei se abraza con la gente más rica y también lo puede hacer con la gente más pobre, que fue precisamente la que se quedó afuera del sistema del Estado protector y pudo sobrevivir y se transformó en el caldo de cultivo de las políticas antiestatales. Es como dijo Semán: «El Estado hace presencias como la de un influencer en un boliche». La sociedad percibe que no hay políticas que le cambien la vida a la gente. Además, la situación se complejiza aún más cuando “nuestro horizonte de certezas se desmorona y nos cuesta imaginar una idea de futuro posible".
Nuevas derechas y consumos de información
Entonces, retoma una suerte de devenir con este nuevo paradigma en el ámbito laboral. "Si lo único que vivió un pibe de 21 años es inflación y desocupación, ¿por qué piensa que el Estado le va a resolver los problemas? Son chicos que se sienten solos y piensan con una lógica que no es la de otras generaciones. Creen que la voluntad y lo individual es el camino, en depender de sí mismo y ser sus propios jefes, esa es su percepción y es como viven porque creen que los sindicatos son corruptos o no los representan", comenta.
Muestra de ello es la opinión que surgió en una entrevista realizada por este medio al representante de la Asociación de Repartidores Independientes de Rosario (Arir), que agrupa a todos los repartidores de Pedidos Ya, al ser consultado por la precarización laboral.
"La precarización laboral está en todos lados; acá lo que les importa es el dinero que mueven las aplicaciones y no por los trabajadores. Porque si realmente les importaran los puestos de trabajo irían a controlar muchos ámbitos donde un gran porcentaje de empleados trabaja en negro y nadie hace nada par revertirlo", aseguró.
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Urbaitel asegura que la nueva derecha, surgida en Austria (y de la que se regodea el presidente Milei) tiene toda una estética de acuerdo al modo de gobernar en estas nuevas sociedades. "Por eso no hay que poner el dedo inquisidor en esas culturas juveniles y tratar de entender qué hicimos mal como sociedad y saber que hay sujetos con otras lógicas; los jóvenes son cortoplacistas, estudian carreras más utilitarias y prácticas, relacionadas a lo inmediato y de respuesta inmediata", sostiene.
A su entender, señala que “en la actualidad pensamos de un modo fuertemente utilitario, las preguntas se vinculan a ¿Para qué me sirve? Y ese para qué deserotiza y anula el deseo. Los modos de consumo de información son diferentes, encontramos una idea de opinión pública muy fragmentada y, también, muy recortada a partir de los filtros que produce Big Data a la hora de distribuir información".
Por otra parte, un sujeto atravesado por un modelo de felicidad que también disciplina, como afirma Sara Ahmed en "La promesa de la felicidad". Porque si se trata de ser uno mismo y tener libertad, ahí ya hay una forma de organizar la vida de otra manera", comenta. Para ampliar señala parafraseando a Zygmunt Bauman “que todas las ideas de felicidad acaban en un shopping”.
Software, vigilancia y otro concepto del cuerpo
Para Urbaitel, hasta las premisas planteadas por el mismo sociólogo francés Michel Foucault quedaron obsoletas (en parte), puesto que las nuevas culturas obedecen a un autocontrol de sí mismos. "Ya no existe más el control de los cuerpos que conceptualizaba Michel Foucault en el Panóptico, puesto que ya hay un autocontrol de sí mismo donde uno es responsable de ese propio proceso de individuación que moldea de otros modos las subjetividades", agrega.
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Y considera: "Yo creo que la pandemia aceleró este tipo de cosas, y el significante «libertad» fue apropiado por las derechas para llenarlo con estas lógicas que venían vacías de contenido desde hace algunos años". Y en eso acota: "Hay una idea del corto plazo, hay algo con la liquidez de Bauman que es distinta a esa modernidad sólida a la que hacía alusión".
Respecto a las nuevas formas de relación laboral, Urbaitel afirma: "El capitalismo de producción material migró hacia uno de servicios. Se trata de un nuevo modelo de tercerización que se posiciona cada vez más lejos de esa sociedad asalariada con derechos sociales y a largo plazo".
"El camino que estamos transitando no se vislumbra esperanzador. Por eso la ansiedad y la depresión son patologías de época: en la sociedad salarial y la rutina la patología era la neurosis, porque vos te tenías que liberarte de los mandatos parentales, las instituciones y los patrones. Ahora es diferente, porque tiene que ver más con lo individual, dado que la responsabilidad es de uno mismo tanto por los éxitos como por los fracasos", concluye.
"Futuridades" en las relaciones laborales para armar y rediseñar
Otro punto interesante es el que aporta el investigador en el Laboratorio de Investigación en Ciencias Humanas (Unsam/Conicet) y docente de Sociología de la cultura y el arte (Gestión cultural, UNR), Ezequiel Gatto, respecto a esta problemática que fluye por estos tiempos.
El autor del libro "Futuridades" sostiene que estas prácticas laborales tienen que ver con prácticas que no son nuevas, sino que desembarcaron en la década del '90 a nivel mundial en occidente con el firme objetivo de torcer a los sindicatos y ofrecer trabajos golondrina a cambio de un arancel seductor.
"Lo que estamos viendo ahora es un entramado tecnológico de la precarización laboral y de nuevas formas del trabajo respecto a la algoritmización y control del trabajo y la producción de valor", comenta.
Y analiza: "De allí podríamos mencionar que en ese escenario aparecieron otros deseos sociales: uno de esos tienen que ver con la migración de un trabajo a otro en el mediano y corto plazo, y otra es la «seducción» económica que supone el salario que ofrecen este tipo de aplicaciones, aunque también hay disconformidades como todo trabajo. Es decir, el disfrute de esa actividad laboral o complementariedad de esa actividad a la par de otros trabajos denominados formales complejiza la situación, dado que la precarización es una forma pervertida de un deseo social de movimiento, de mayor diversidad laboral".
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En ese sentido, aclara: "Esto no quiere decir de manera nostálgica que la solución está en volver a los derechos laborales del siglo XX sino ver cómo se podría diseñar un aparato legal que contemple ese deseo social en términos no precarizantes".
No obstante, asegura que "unos de los puntos interesantes" respecto a estas nuevas formas de trabajo que proponen e intentan instalar Pedidos Ya o Uber sería "cooperativizarlas en términos públicos, vinculadas a bancos estatales, ministerios y otras entidades que van más allá de la regulación".