"Dignificarle a vida a un niño o niña, restituirle un derecho y ponerles un poco de amor no es poca cosa, diría que es un montón". Con estas palabras la titular de la Dirección de Infancias de la Municipalidad, Andrea Fortunio, verbalizó lo que ya funciona en Mitre y San Lorenzo: la Casa de las Infancias, una esquina adonde las intervenciones en los territorios con menores con sus derechos vulnerados tendrán un lugar de escucha y abordaje con un equipo interdisciplinario de 60 agentes. Un seguimiento que ya tiene 4.500 carpetas familiares, en las que unas 16 mil personas están en el radar de la ayuda del Estado municipal. Ahora, estos 800 metros cuadrados remozados en pleno centro con 14 oficinas tendrán el desafío de habilitar la palabra a los niños con un espacio de juego en donde puedan sentirse alojados.
El secretario de Desarrollo Humano, Nicolás Gianelloni, la directora del Servicio de Niñez, Viviana Esquivel, Fortunio y la directora de Abordajes Territoriales, Mariana Hasen, recibieron a La Capital en el flamante inmueble que ya está operativo y que será oficialmente habilitado la semana que viene.
Cuando los operadores municipales en el territorio distribuidos en 43 centros Cuidar en los seis distritos detecten en su trabajo que se requiere una intervención superior ante un caso de un niño en vulnerabilidad, la Casa de las Infancias se convertirá en el lugar de llegada de este abordaje.
Instituciones y niños
Los pedidos vendrán de una red de instituciones muy vasta con propuestas en cada barrio desde lo socioeducativo, salud, esparcimiento. Es decir que las alertas para darle cabida a la Casa de las Infancias pueden provenir de un centro de salud, un club, vecinal, sala de 3 años, la escuela, organizaciones barriales y todo aquello que tenga nexo con el Estado. "Nuestro objetivo es velar por el niño, y fortalecer el rol del adulto que cuida a ese menor", subrayaron las funcionarias.
Cada operador en el territorio observa, acompaña y detecta situaciones de alarma. Si se trata de vulneración de menores vinculados a delitos actuará la Justicia, pero puede ocurrir (como se viene dando en forma más ascendente en la pospandemia) que un adulto no ejerce su función.
Primero acuden los equipos de profesionales que están en los centros Cuidar, que van escuchan, observan, diseñan estrategias desde lo individual a lo familiar para aplicar sistemas de protección. Un ejemplo: un niño que durante horas del día no está al cuidado de nadie, o que en una corta edad tiene a su cargo a sus hermanitos más pequeños habla de un abandono que puede fundarse en padres que no están en el hogar porque están recolectando cartón, trabajando, o bien solo está la madre o el padre como responsables. O el menor no cumple un tratamiento médico indicado en un centro de salud, tiene inasistencias recurrentes en la escuela, o deambula por la vía pública. Se inicia un circuito de búsqueda.
"No son delitos, pero ponen en riesgo la salud psicofísica de los niños", aclararon desde Niñez.
Allí se activan dos niveles: el del territorio mencionado o bien si el caso se complejiza y la figura del adulto responsable (tíos, abuelos) no aparece se trabaja con la Dirección Provincial de Niñez. El servicio local funciona desde 2018, pero su espacio en el cuarto piso del edificio del Correo Argentino era muy acotado. Ahora con los 800 metros cuadrados en la esquina de Mitre y San Lorenzo hay las condiciones necesarias para que el trabajo sea más abarcativo. Y las intervenciones que requieran la llegada de menores vulnerados al lugar es un punto de llegada, pero también de continuidad ya que el desafío es a continuar el seguimiento en el desarrollo de este niño en su territorio. En la Casa se podrán firmar acuerdos, poner límites y luego queda hacia adelante la utilidad de estas herramientas. Un trabajo preventivo en la promoción de derechos que permite ir siguiendo el trayecto de vida de estos niños. "Un pacto es que no lo dejen solo, que lo dejen en un polideportivo sin es necesario, que lo lleven al pediatra y a la escuela los cinco días de la semana", graficó Gianelloni.
Aquí un equipo interdisciplinario recibe previamente un informe pormenorizado de cada caso, lo valor y prioriza y luego da lugar a un los agentes que funcionan en oficinas por cada distrito. Además existe sobre la ochava otro gran espacio y una oficina de grandes dimensiones donde llegan las "alertas rojas". En otro lugar funciona un área específica para adolescentes entre 13 y 16 años que están en conflicto con la ley penal, en la actualidad son 90 bajo análisis de un total de 400. Para ellos, hay un programa específico que se creo en sintonía con Unicef.
"Lo más importante de la Casa es que es un lugar agradable para que lleguen los niños con sus familias. El pobre tiene derecho a lo bello. Y nuestra mirada pretende no ser adultocéntrica sino trabajar en entrevistas en el piso con sillas de su tamaño en un espacio lúdico en donde a partir de estas condiciones florezca la palabra, algo que cuesta mucho en estas poblaciones donde hay violencia. Que se construyan lazos, que pueda haber silencios, en espacios donde haya intimidad, donde pueda aparecer la angustia o el llanto. El cuidado también tiene que ver con esto", resumió Hasen.
Esta esquina será de diálogo interinstitucional con centros de salud, tribunales colegiados de familia, Defensoría del Niño, Ministerio Público de la Acusación, escuelas o colegios privados. "La Casa no solo será un lugar físico de trabajo y contención sino formadora de una comunidad de trabajo", planteó Esquivel. Allí estarán trabajadores sociales, psicólogos, especialista en minoridad y familia, antropólogos dispuestos a mejorar la calidad de vida de los pibes.
"En tiempos donde el Estado es interpelado, criticado, instalar algo así es un salto de calidad en las políticas públicas para las infancias y posicionará a Rosario con un servicio local inédito", dijo Fortunio. Gianelloni apostó a una receta. "Ver situación por situación, casa por casa, familia por familia y poder mejorar".