El libro dialoga a lo largo de 300 páginas con decenas de voces de explotadores y explotadas, de mujeres agotadas, asesinadas, que abortaron, violentadas, injuriadas, detenidas, inundadas y humilladas. Las que rompieron el silencio, algo que también logró Tessa al escribir desde un periodismo político, riguroso e incómodo, que escapa a las agendas livianas que se replican rápido en las redacciones.
Una labor que, contraria al estilo Griffin de Wells, hizo esta periodista por años y hasta hoy a cara descubierta.
-¿Cuándo empezaste a trabajar estos temas en Rosario 12 y Las 12 no estábamos atravesando esta cuarta ola feminista. ¿Qué recordás de esos inicios?
-Empecé en los 90 en forma muy intuitiva. Recuerdo a Liliana Pauluzzi (psicóloga fallecida en 2019) y la fotocopia que me compartió: "¿Qué hace el poder en tu cama? (Apuntes, Sobre La Sexualidad Bajo El Patriarcado). Mi deuda es eterna con ella. De allí en más fui una esponja, traté de aprovechar todo lo que me acercaban. En esa época había pocas periodistas que se interesaban por lo que hacían las feministas, así que las militantes cuando me detectaron me compartieron todo. Recuerdo todo tipo de trabas en esos inicios, ironías, insolencias. Un jefe me dijo: "Dejá de hacer Concha12 los lunes, cuando estás a cargo de la edición". También a un colega de policiales de una radio que me increpaba, o a un conductor que cuando se estaba muriendo Ana María Acevedo (mujer a la que médicos de Santa Fe no le realizaron un aborto teniendo un cáncer por seguir sus creencias religiosas) se adelantó antes que yo pudiera hablar del tema y me advirtió: "Ya saqué al director del hospital y me explicó todo". Y a pesar de que le dije que le estaban mintiendo, porque yo ya había trabajado el tema en el diario no quiso escuchar la otra campana, la de la familia de la mujer.
-Esa nota fue tapa del diario pero no está en el libro.
-No, publiqué una sola de 2008 ("Un dolor desesperante") referida a Ana María, porque fue una bisagra en la lucha por el aborto legal, seguro y gratuito en Argentina. Preferí empezar el libro con la historia de Sandra Cabrera (trabajadora sexual y dirigente sindical asesinada tras denunciar corrupción de la policía). Su asesinato fue muy significativo porque le puso cara al poder policial.
-¿Cómo enfrentabas el destrato de tus colegas al tratar estos temas?
-Mis modos son particulares, no me peleaba porque me sentía sola. Pero tras lo de Ana María, otras colegas feministas de Buenos Aires, como Luciana Peker quien escribió uno de los prólogos de este libro, o Mariana Carbajal, también lo hicieron y me empecé a sentir más acompañada.
-¿Quiénes te ayudaron a tener una mirada de género y feminista?
-Más al final de los 90, las chicas de Indeso Mujer (asociación que trabaja contra la violencia y discriminación a las mujeres y el reconocimiento de sus derechos). También fue de buena ayuda Ana "Pipi" Oberlin, quien me dio un libro de derechos humanos y género, muy fundamental, que se llama "Traiciones. La figura del traidor en los relatos acerca de los sobrevivientes de la represión", de Ana Longoni. Y una gran maestra fue la editora de Las12, Marta Dillon, quien está siempre y desde hace años a la vanguardia de los debates feministas. También fueron muy formadoras para mí Irene Ocampo y Gabriela de Cicco, de Rima, quienes traían a Rosario autores y poetas que abrían lecturas e ideas. Pero hubo muchas más.
-Hiciste muchas notas, más que estas 38 que compilás en el libro. ¿Cuál no harías ya o cuál te quedó sin hacer porque no hubo apoyo editorial, no la viste o no te animaste?
-Una que no vi y no hice fue una nota sobre un informe interesante sobre violencia obstétrica que me dio Susana Chiarotti, se llamaba "Con todo al aire" . No la ví, esa es la verdad y me lo reprocho, porque en general si veo una buena nota me quema en las manos y la hago, no me preocupa nada, no es que no me animo, pero creo que allí no la vi. ¿Las que no haría como las hice? Todas, todas. Hoy les veo mil defectos. Mucha cita y poca voz mía, tal vez sí valoro la cantidad de voces que trato de poner en juego siempre en todas las notas.
-¿Creés que sigue faltando mirada de género y diversidad en el periodismo local y a pesar que muchos asistieron a charlas de la ley Micaela?
-No sé, tal vez si en la conducción de los medios. Porque en todos los medios veo gente -compañeras, algunos compañeros incluso y compañeres- tratando de trabajar estos temas con ganas. Después estan las condiciones laborales y la precariedad y eso me incluye. La línea editorial de los medios es otra cosa. Sí veo que aún falta formación en temas como por ejemplo la violencia machista. Hay voluntad e intención, pero se enfocan aún los temas con miradas estigmatizantes, victimizantes y a pesar de la ley Micaela. Esa agenda y cómo se trata está en permanente debate y avance, para mí.
-Pero hablando de los periodistas varones en particular, ¿pensás que lograron posturas más feministas?
-Los periodistas varones en un momento dado intentaron no quedar afuera para no ser tratados de machirulos. Hay compañeros que con buenas intenciones se preguntan cosas y quieren genuinamente deconstruirse, para otros ya pasó. Tienen oscilaciones. Algunos se cuidan y a la vez se burlan de las posiciones feministas, nos dicen feminazis. De todos modos, el feminismo es un movimiento perpetuo, nadie la tiene clara, todos tenemos que revisarnos.
-¿Incluso las feministas, no? Los feminismos son diversos...
-Sí, lo son. Hoy el movimiento parece estar más tomado por las jovencitas, pero para mí tienen más visibilidad. Para Dahiana Belfiori, quien escribe uno de los prólogos del libro, y para Noelia Figueroa, hay olvido social hacia las pibas del 2001 quienes no son ni viejas ni jóvenes. Se formaron en el movimiento piquetero o como estudiantes universitarias. Tal vez no eran feministas en el primer momento, pero se replantearon unas cuantas cosas y las cuestionaron. La profesora de filosofía Natalia Di Marco, en 2005, en una reunión que fundó la Campaña por Derecho al Aborto que iba a solo durar cinco meses, dijo: "No podemos dejar que mueran chicas teniendo el misoprostol, tenemos que hacer algo con esto" y eso fue germen inicial del socorrismo. Yo saludo que haya diferencias entre las feministas, sí me gustaría poder articular entre nosotras, sin borrar las diferencias.
-¿Cómo sería eso?
-Sería encontrarnos más. Logramos la ley, ahora nos toca seguir movilizadas para que caiga el patriarcado. Entiendo que las afro piden más protagonismo, y que les no binaries tienen sus planteos particulares. Entiendo que hay distintas opresiones y trayectorias dentro del capitalismo, pero creo que hay que unirse y seguir en favor de este movimiento sin líderes, y de construcción transversal y horizontal.
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Foto: Celina Mutti Lovera / La Capital
-¿Se les pide a los feminismos una coherencia y pureza que a otros movimientos y fuerzas políticas no?
-En general, desde los sectores enemigos y con poder siempre se pide eso: a los piqueteros, al peronismo. Siempre marcan la mácula de los movimientos sociales transformadores. Es la forma de horadar que tienen, pero me preocupa más que entre nosotras nos queramos poco frente a las diferencias.
-¿Será necesario y posible quererse entre todas las feministas?
-No, claro, digo como visión estratégica, para no destruirnos. Imposible pensar un movimiento social y transformador sin problemas y diferencias y a mí, en particular, me gusta escuchar a todas. No me considero una militante de "un" feminismo, siempre me gustó escuchar todas las voces, intento que no me queda ninguna vertiente por escuchar, leer o charlar. Y eso creo que se plasma en este libro.
-Algunos dicen que las feministas sólo leen medios y literatura feminista. ¿Qué les recomendás a los y las periodistas jóvenes?
-Leo lo que puedo, y más literatura que ensayo en este momento. Pero leo también a escritores como Pablo Stefanoni, al sociólogo Pablo Seman que no es teórico feminista precisamente. En literatura es cierto que leo más a mujeres contemporáneas ahora, pero Emmanuel Carrere es uno de mis preferidos y acabo de leer hace poco a Martin Kohan. Ayer me encontré con una compañera en la Feria que me decía preocupada que una chica no sabía quién era Virginia Woolf. Es así: tratamos de hacer lo que podemos. Creo que los que nos critican dicen eso porque no quieren leernos a las mujeres, en general. En cambio, nosotras seguimos leyendo a los varones porque siempre fueron lo disponible.
-Por último, "Invisibles nunca más" es un deseo o una certeza?
-El titulo lo encontró la editora de Brumara, Laura Rossi, en un texto mío que cierra el libro y que escribí para la exposición colectiva "Revolucionistas", que justamente se realizó en 2019 en el centro cultural donde hoy se presenta el libro. A ese texto lo llamé "Huellas en el mar" y es justamente para mí una expresión de cómo pienso la necesidad de hacer historia feminista. El libro está firmado por mí, pero lo digo en los agradecimientos, recoge muchas voces con las que he ido hablando. "Invisibles nunca más", claro que es una expresión de deseo, pero también la forma en que puse, modestamente con mi trabajo, el foco en algunas voces y debates.