Nacida hace 65 años en un hogar muy humilde de Rosario, rememoró la importancia de la educación pública en su infancia, un valor inculcado por su familia y especialmente por su hermano. "El estudio nos iba a permitir progresar", sostuvo Olivieri, quien a muy temprana edad se inscribió sola e ingresó en el Superior de Comercio, un logro que para ella significó "tocar el cielo con las manos". Eso la impulsó a seguir estudiando ciencias económicas. Se casó y se recibió de contadora siendo joven pero la tragedia no tardaría mucho en aparecer en su vida. Y con ella, el desafío de seguir superándose y construyendo desde el amor.
Más allá de su temprana vocación por el estudio, Liliana reveló que, desde los cuatro años, su proyecto afectivo era claro: "Lo único que quería en mi vida era casarme, era clarísimo", enfatizó. A los 21 años se casó con su novio Gustavo, a quien describió como "una maravilla de persona" con quien compartía "valores, sueños, aspiraciones". Este primer matrimonio fue un torbellino de trabajo y seis hijos nacidos en apenas doce años. "Llegan los hijos y uno quiebra la mirada y te convertís en un gestor...", reflexionó Olivieri, señalando cómo el cuidado de la pareja muchas veces se posterga por la atención que demanda la crianza.
El quiebre inesperado: del reencuentro a la tragedia y la reconstrucción
Su vida dio un giro dramático cuando, en medio de esa vorágine familiar, tuvo una profunda conversación con Gustavo. Después de una noche de reencuentro y renovación de pactos, Gustavo sufrió un accidente cerebrovascular y, tres días después, falleció. Liliana tenía 33 años y seis hijos pequeños. "Cuando el otro muere no es que murió alguien, se muere parte de lo que es uno", expresó con profunda emoción.
En ese contexto doloroso, tomó la decisión de donar los órganos de su esposo, una acción que ella atribuye a la generosidad de su marido: "Se pudo dar vida a mucha otra gente". Poco después, su madre se mudó con ella y los chicos, brindando un apoyo fundamental y una cuota de esperanza.
La pérdida de su pareja (Gustavo tenía 37 años) marcó un período de profundo duelo, que Liliana describió como un "tsunami" donde se sentía "desarmada, destrozada". Sin embargo, luego de un sueño muy puntual con Gustavo en el cual él le pedía¨: "Buscá las cartas", apareció el motor para seguir. En una de esas cartas de juventud, él le había escrito que si no llegaba a ser viejos juntos "es porque yo ya no compartiría tu plano, entonces a vos te toca vivir". Con esa premisa empezó a salir adelante.
Apostar de nuevo al amor
"El tiempo no cura las heridas...es lo que uno hace con el tiempo", afirmó la licenciada en psicología, carrera que estudió después de los 40 años, además de muchos posgrados.
Su convicción y fuerza encontraron una nueva oportunidad en el amor al conocer a Pablo, también viudo y con tres hijos chiquitos. Juntos, decidieron construir una nueva familia. Se sumaron sus seis hijos, los tres de Pablo, más el hijo que tuvieron juntos, Tomás, y la decisión de adoptar a Pau, conformando una familia de once hijos. A pesar de los desafíos y las resistencias iniciales, la convicción y la "vocación al esfuerzo" de la pareja lograron forjar un vínculo sólido. Hoy, Liliana Olivieri dedica gran parte de su vida laboral a "salvar parejas y familias", convencida de que "vivir es una tarea" y que es posible "recomenzar y revivir el amor" siempre que haya trabajo personal y profunda determinación.