La industria del helado tiene nombres propios que marcaron épocas, paladares y generaciones. En Rosario, ciudad reconocida a nivel nacional por la calidad de sus helados, uno de sus principales referentes es Mauricio Comanducci, el empresario que lidera la compañía MontHelado, segunda productora más grande del país, solo detrás de la marca cordobesa Grido.
En una entrevista con la periodista María Laura Neffen, en el estudio de La Capital+, Comanducci repasó los hitos de una familia que, según sostiene con convicción, logró transformar un oficio de subsistencia en una fábrica que hoy produce 20 millones de litros de helado anuales. Entre sus marcas emblemáticas se encuentran La Montevideana y ComCom, además de ser el socio estratégico en la fabricación de productos de terceros, como empresas de alcance internacional de la talla de Unilever, Freddo y Arcor.
Una tradición que se lleva en la sangre
Esta historia comienza muy lejos de la geografía santafesina, en el norte de Italia. El protagonista en los inicios, es el padre de Mauricio, Pedro Comanducci, quien nació en Montescudo, un pequeño pueblo de la región de Emilia Romagna, a escasos siete kilómetros del principado de San Marino. En 1927, con apenas 17 años, se inició en el oficio ayudando al heladero local, pero como en aquella época no existía un salario para los aprendices, el trabajo era la moneda de cambio para adquirir conocimiento especializado.
Tras aprender la técnica, el joven Comanducci llegó a un acuerdo con su maestro para no competir en el mismo pueblo y comenzó a vender su propia producción en la puerta del castillo de San Marino. Para realizar el trayecto de siete kilómetros utilizaba un burro, puesto que no tenía transporte mecánico. Según relató Mauricio el transporte del helado requería una gran dosis de ingenio en una época en la que los sistemas de refrigeración eran prácticamente inexistentes. El emprendedor colocaba dos recipientes a los costados del animal y utilizaba una combinación de hielo y sal para conservar el frío durante el trayecto, evitando que el producto se derritiera antes de llegar a destino.
Pedro Comanducci en los inicios de su trayectoria como heladero en Rosario.
Por entonces el helado se limitaba a dos sabores clásicos, crema vainilla y chocolate, y la materia prima para el frío también implicaba un gran esfuerzo físico. En el pueblo existía un pozo de unos quince metros de profundidad donde, durante el invierno, se paleaba la nieve que luego se cubría para conservarla. Quienes realizaban esa dura tarea física tenían el derecho de utilizar ese hielo durante los meses de verano, indispensable para la producción y conservación del helado. Cuando la reserva se derretía, la temporada de helados llegaba a su fin.
La guerra interrumpió el incipiente negocio ya que en 1939, el padre de Mauricio fue enviado a África, a la región de Abisinia, como parte de los planes coloniales de Benito Mussolini. Allí, ante la falta de hielo, tuvo que reinventarse como carpintero, pero no solo eso, sino que durante el conflicto bélico fue tomado prisionero por los ingleses y pasó cinco años en un campo de concentración. Tras ser repatriado, encontró a sus padres fallecidos por la angustia y a su país natal completamente devastado. Vendió turrones para subsistir hasta que, a los 38 años, decidió emigrar a la Argentina, corría en ese entonces el año 1948.
La llegada a Rosario y el nacimiento de ComCom
Al llegar a la ciudad, el inmigrante italiano se instaló cerca de su hermano, que repartía fiambres. Consiguió empleo en La Europea, una gran panificadora de la época, donde demostró su habilidad en repostería. Pero al llegar el verano su verdadera vocación despertó. Fabricó una pequeña máquina a manija para procesar hielo y sal, y comenzó a ofrecer helados en el rincón de un bar ubicado en la intersección de las calles San Nicolás y Godoy, aprovechando la clientela que asistía al cine contiguo.
El impulso definitivo para el negocio llegaría pocos años después con la figura de María Bianca, la madre de Mauricio y esposa de Pedro. Ella era profesora de francés y arribó al país a principios de la década del 50. Al casarse, Bianca aportó una visión comercial estratégica ya que fue ella quien decidió registrar la marca. La primera opción era "La Romañola", en honor a su provincia de origen, pero el nombre ya estaba registrado, por lo que optaron por el apellido familiar y así nació ComCom.
La revolución comercial fue total.Hasta entonces su padre vendía su producto a granel en bares, restaurantes y panaderías, pero junto a ella impulsaron la transición hacia el helado envasado (los recordados palitos y vasitos) y organizó un sistema de venta a través de vendedores ambulantes, que llegaron a ser unos 150 en las calles rosarinas. En la temporada de 1966 y 1967 compraron los primeros moldes para palitos, reemplazando a las antiguas tabletas tipo alfajor que se prensaban a mano. Esta innovación coincidió con una ordenanza municipal que prohibió la venta de helado suelto en panaderías, lo que catapultó las ventas de ComCom.
El salto exponencial con La Montevideana
A pesar de haber nacido y crecido entre fabricadoras de helado, el destino inicial de Mauricio Comanducci parecía estar lejos de la empresa familiar. Su abuelo materno había sido ingeniero agrónomo y su familia había adquirido un campo ganadero de cría en el norte de Santa Fe. Esa conexión constante con la naturaleza lo llevó a estudiar veterinaria en la facultad de Casilda.
"Me gustaba la parte de producción animal, la veterinaria orientada al campo", rememoró el empresario. Sin embargo, a finales de la década de 1980 el panorama familiar requirió su presencia dado que sus padres ya eran mayores y, en palabras de Mauricio, se habían vuelto conservadores en las decisiones financieras, por lo que la empresa había comenzado a achicarse. En enero de 1988, Mauricio se hizo cargo de la fábrica para ayudar a su padre de 78 años.
Durante ese mes descubrió que el negocio tenía un enorme potencial de transformación. Aunque se recibió de médico veterinario, nunca ejerció la profesión y decidió volcar toda su energía en hacer crecer a ComCom, preparando el terreno para empezar a vender helados no solo en verano, sino durante todo el año. Bajo la dirección de Mauricio, la compañía experimentó una evolución tecnológica y comercial sostenida.
La fábrica de MontHelado produciendo su clásico "buggy", una de las paletas heladas más icónicas de La Montevideana.
La filosofía familiar de no contraer deudas y reinvertir cada ganancia permitió un crecimiento sólido y paulatino, pero el gran punto de inflexión llegaría en 2006. Seis años antes, en el 2000, la multinacional Unilever había cerrado la emblemática planta de La Montevideana ubicada en Villa Gobernador Gálvez. Aunque en su momento hubo intentos crediticios impulsados durante la gestión del gobernador Carlos Reutemann para reabrirla, los Comanducci prefirieron no arriesgar su patrimonio en un país que atravesaba una profunda crisis económica.
No obstante, en 2006 Unilever puso a la venta la marca mediante una licitación a sobre cerrado. MontHelado participó y ganó la compulsa por La Montevideana y, tras hacer un análisis interno, decidieron relanzarla, aprovechando que se trataba de un ícono nacional que incluso figuraba en libros internacionales sobre la historia del helado. La respuesta del público fue inmediata y exitosa, recuperaron productos clásicos como el popular camioncito o "Buggy" (que representaba la amplia red de distribución nacional que supo tener la firma) y tuvieron que replantear toda su logística comercial, además de mudar sus instalaciones a la histórica planta de café La Virginia, en la zona de barrio Alberdi.
El ingreso a las grandes ligas
El segundo gran hito de la etapa contemporánea ocurrió en 2011, cuando el mismo gigante que les había vendido la marca se convirtió en su cliente. Unilever necesitaba un socio para producir helados con destino a Brasil y, tras auditar la nueva fábrica, eligió a MontHelado.
Este acuerdo trajo consigo un nivel de exigencia inédito. Unilever instaló a un ingeniero durante tres meses en la planta para ajustar los protocolos. "Nos faltaba ese toque final de profesionalismo en inocuidad alimentaria. Empezamos a armar normas y a cumplirlas al pie de la letra. Hoy en día, el departamento de calidad cuenta con 14 personas y la empresa posee la certificación internacional GFSI y la aprobación de la FDA para exportar a Estados Unidos", destacó el empresario.
Parte de las maquinarias que interviene en la fábricación de las paletas heladas.
Ese alto estándar de calidad les abrió nuevas puertas en el mercado corporativo. En 2018, la reconocida marca Freddo cerró su planta de producción y confió la fabricación de sus productos a la empresa rosarina. Actualmente, también elaboran helados para Arcor y otras firmas de primer nivel en lo que es la venta de helados.
La planta de MontHelado alberga 32 fabricadoras que alimentan ocho líneas de producción simultáneas y tienen una capacidad instalada para elaborar hasta 30 millones de litros por año, aunque actualmente la producción ronda los 20 millones. Además, la continuidad del legado está garantizada con la incorporación de la tercera generación a cargo de los hijos de Mauricio: Carolina y Pablo, quienes inyectaron una nueva dinámica de expansión y modernización.
Mientras que la joven contadora lidera la apertura de mercados y la gestión de clientes, el ingeniero en alimentos está enfocado en la tecnología industrial. Recientemente adquirieron una palitera capaz de producir 22.000 unidades por hora y un túnel para 10.000 piezas por hora.
"Mis hijos viven el negocio con la misma pasión que yo, no lo hacen por el dinero. Me están haciendo trabajar un montón de nuevo", bromeó Comanducci, quien todos los días llega a la fábrica a las siete y media de la mañana, un horario que considera tarde en comparación con las épocas en las que iniciaba su jornada a las cinco de la madrugada y terminaba cerca de la medianoche. Su esposa, también veterinaria, fue un apoyo incondicional al crecimiento del negocio familiar, que muchas veces incluyó cenas los viernes con pizzas dentro de la fábrica.
"Todo lo que esta familia ganó, lo reinvirtió en la empresa y en el país. Somos nacionalistas en ese sentido. A mi papá Argentina le dio todo y hoy trabajan 300 personas de forma directa gracias a ese italiano que vino en el 48 con una mano atrás y otra adelante", reflexionó con emoción Comanducci. Al evaluar su trayectoria y prepararse para los desafíos económicos venideros, el empresario aseguró no arrepentirse de ninguna decisión tomada a lo largo de su vida. El secreto de su vigencia confesó, se resume en una frase que identifica a todos los integrantes de la familia: "A nosotros nos corre helado por la sangre".