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Murió la danesa Inger Christensen, la poetisa de las matemáticas

Una y otra vez, el nombre de la poetisa danesa Inger Christensen se escuchaba entre los candidatos al premio Nobel de literatura, pero al final nunca le fue concedido. La figura de la lírica contemporánea danesa más destacada murió el viernes a la edad de 73 años, según informó ayer su editorial Gyldendal.

Martes 06 de Enero de 2009

Una y otra vez, el nombre de la poetisa danesa Inger Christensen se escuchaba entre los candidatos al premio Nobel de literatura, pero al final nunca le fue concedido. La figura de la lírica contemporánea danesa más destacada murió el viernes a la edad de 73 años, según informó ayer su editorial Gyldendal.

Hija de un sastre, Christensen nació en Vejle, Jutlandia. Su formulación poética responde a un sistema lingüístico construido sobre las normas de las matemáticas o la música. Aunque la obra de Christensen fue aclamada por la crítica gracias a su marcado exponente experimental, la poetisa logró reunir en torno a sus poemas a un amplio círculo de lectores. El diario danés Berlingske Tidende escribió una vez que la poetisa había logrado una lírica y una prosa independientes de las corrientes de su tiempo y dotadas de una enorme luminosidad. "Recuerda siempre a la superación de una enorme tragedia", señaló el rotativo. Se podría decir que ha "renovado revolucionariamente" su género literario, si este concepto no fuera tan esquivo ni encajase tan poco con la personalidad casi negacionista de Christensen.

Humor y soberanía. La poetisa habló siempre con humor y soberanía de sus comienzos literarios. "Durante mi etapa en el instituto escribí tonterías increíbles", reconoció. Sin embargo, su relativamente corta obra alcanzó un gran prestigio internacional. Y a ello contribuyeron principalmente tres poemarios: "Det" (ello, 1969), Alfabet (alfabeto, 1981) y "Sommerfugledalen" ("Valle de las mariposas. Requiem", 1991).

Este último fue considerado por la crítica como "obra maestra de la poesía europea". Se trata de una clásica cadena de 14 sonetos coronados con un magistral soneto final. El "Requiem" de Christensen despliega una "simetría del dolor" mediante un juego de transformaciones infantiles en distintos tipos de mariposas. La realidad y la imaginación apenas se distinguen.

"Soy una mortal absolutamente normal, como y hago de todo. Sólo a veces, y en realidad raramente, me olvido de que tengo conciencia. Y entonces tengo que formularlo", dijo una vez sobre sí misma y su proceso de escritura.

La Academia sueca, que concede el premio Nobel, le otorgó en 1994 el premio Nórdico. Ese mismo año fue galardonada con el premio estatal de Austria de Literatura Europea y, un año después, con el gran premio belga de la Bienal Internacional de Poesía.

"Cuando uno lee novelas, se adentra en un mundo enorme. Con los poemas, uno conversa consigo mismo", dijo Christensen.  (DPA)

 

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