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La mitad de los argentinos confesó tener amuletos contra la mala suerte

Creer o reventar, pero casi el 50 por ciento de los argentinos desarrollan hábitos o tienen amuletos que les ayudan a espantar la mala suerte, la desgracia o la fatalidad, eso si: no se definen como supersticiosos.

Lunes 18 de Agosto de 2008

Creer o reventar, pero casi el 50 por ciento de los argentinos desarrollan hábitos o tienen amuletos que les ayudan a espantar la mala suerte, la desgracia o la fatalidad, eso si: no se definen como supersticiosos.

Según una encuesta de TNS Gallup, sobre 1007 personas, las costumbres más extendidas entre los argentinos son la de pedir tres deseos antes de soplar las velitas del cumpleaños (30%), tocar madera para que una calamidad no ocurra (19%) y pedir siete deseos ante la presencia de una estrella fugaz (17%).

Sin embargo, estas no son las únicas. Entre el 45 por ciento de los argentinos que dijo respetar estas y otras costumbres más, se encuentran quienes evitan el número 13 a la hora de subir pisos o hacer compras, quienes no abran paraguas en lugares cerrados o usan cintitas rojas contra la envidia.

Por ejemplo, Jorge Sexer, de 60 años, le aseguró al diario La Nación que si debe llegar a un piso 13, llega hasta el 12 en ascensor y el último lo sube por escaleras, o Ana Rivero, de 33, que afirmó “llevar una cinta roja contra la envidia”, aunque aclaró que no lo hace por superstición, sino por tradición.

"Así como con la ciencia, la gente necesita domesticar el destino a través de diferentes prácticas. Las cábalas y los hábitos relacionados con tener buena suerte son ritualizadas para asegurar un fin exitoso", dijo al matutino porteño Pablo Wright, investigador de antropología simbólica del Conicet.

La encuesta realizada por Gallup arrogó también que los porteños son más supersticiosos que los del Interior; que las mujeres y los hombres son supersticiosos por igual , y que la adopción de estas prácticas no se registran sólo en quienes poseen menos educación formal o cultural.

"Aun en las personas más ilustradas y de gran desarrollo intelectual, perduran restos de supersticiones. Entre los de elevada cultura, por momentos creen y por momentos descreen de los contenidos de las supersticiones. En cambio, los incultos no vacilan en otorgarles siempre crédito", sentenció por su parte el licenciado Enrique Novelli, miembro de la Asociación Psicoanalítica Argentina (APA).

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