“La música jamás es ajena al universo infantil ni es ajena a la educación, la música de una u otra forma siempre está en la escuela, siempre está en el aula”, afirma el educador Daniel Tillería Pérez manifestando su interés de analizar el contexto educativo en torno a los aprendizajes especiales y el desarrollo áulico desde la neuroeducación.
El autor del libro Educación musical para niños y niñas con discapacidad intelectual, recientemente publicado por la Editorial Homo Sapiens, vuelca en este material el resultado de un proceso de investigación, la reflexión de otros educadores, el trabajo con las instituciones y su visión desde lo formativo.
“En estos momentos que estamos revisando qué sucede en las escuelas, es importante que las instituciones especiales también tengan la oportunidad de mostrarse. La mayoría de las veces no se conoce qué sucede dentro de las instituciones donde pasan muchas cosas buenas cuando se tendría que estar generando un intercambio con otras escuelas comunes y especiales”, remarca el profesor de música y títeres de nacionalidad chilena, radicado en Rosario desde hace más de treinta años.
Tillería —además doctor en humanidades y artes, con especialización en educación artística y neuroeducación— se refiere al trayecto que lo impulsó a iniciar su investigación tras su ingreso a la educación formal como profesor de educación musical en la Escuela Especial Nº 1252 Nuestra Señora de Betharram. “Junto a otros profesores vinculados con las artes y la educación física empezamos a observar en ese tiempo todo lo que generaba en un chico el contacto con los lenguajes musicales, y desconociendo que más adelante nuestro enfoque sería desde la neuroeducación”, explica el docente y uno de los promotores del primer postítulo de arte y necesidades educativas especiales a principios de la ley de educación nacional 26.206.
“Cuando un escolar se encuentra frente a los lenguajes artísticos quiere estar en la clase y participar, incluso para aquellos chicos con problemas en el lenguaje. Esta experiencia nos permitió armar un taller de expresión artística que se desarrolló en el ámbito de la escuela especial y que luego pudo proyectarse en otras instituciones”, afirma el profesor a La Capital.
En este proceso de investigación y experiencia educativa, recuerda que empezó a involucrarse y comprometerse con la discapacidad cuando ofrecía funciones de teatro infantil y lograba establecer contacto con su público. Unos años más tarde y en la búsqueda de material bibliográfico y científico para docentes, descubriría la disciplina de la neuroeducación a través del médico argentino Antonio Battro, radicado por ese entonces en Estados Unidos.
—En el libro permanentemente se interpela a la educación musical en escuelas especiales, ¿cuál es el interrogante más significativo en su trabajo de investigación?
—La poca formación en el campo del conocimiento de los docentes de arte en general y de los docentes de música en particular. No se les ofrece un seminario, taller o algo que los introduzca a la problemática de la discapacidad, tampoco los lenguajes artísticos tienen cabida en la escuela especial. Por otro lado, hay que destacar que el trabajo docente es muy bueno pero no tienen las herramientas, la mayoría de las veces llegan crudos a la educación especial y allí se encuentran con la gran dificultad y la escasez de material para armar sus clases, que sea útil y novedoso. Y esto ocurre, porque no se aborda la discapacidad intelectual vinculada con la música, el trabajo corporal o el teatro. Todo pasa por lo terapéutico, y no por la educación.
—La música es el lenguaje artístico con mayor presencia durante la infancia, que posibilita permanentemente nuevos aprendizajes.
—La música es muy importante en la vida del ser humano, es el arte más social porque hacemos música en comunidad donde todos nos vamos nutriendo del otro. Varios teóricos ya decían que con la música se podía introducir otros campos educativos porque siempre llevará al movimiento. La música invita a trabajar con títeres, con el cuerpo y con el otro, siempre la música posibilita la incorporación de nuevos conocimientos específicos.
"Cuando un escolar se encuentra con los lenguajes artísticos quiere participar, incluso aquellos con problemas en el lenguaje" "Cuando un escolar se encuentra con los lenguajes artísticos quiere participar, incluso aquellos con problemas en el lenguaje"
—¿Cuál es el aporte de las neurociencias en la educación musical?
—Las bases neurocientíficas están en el juego y el movimiento, y de a poco se introducen en el lenguaje de la música. Los chicos pueden repetir frases, tocar y ejecutar un instrumento de percusión y acompañar a otros. Cuando el escolar puede ser y siente que supera las dificultades que tuvo en otros lugares, se emociona por sus logros y sabe que puede ir un poco más allá. Ya lo decía Humberto Maturana, la importancia que tienen las emociones en los aprendizajes. En el arte ninguna cosa está bien o mal porque las resoluciones son diferentes y no hay una sola forma de hacerlo. Una canción puede terminar en un tono como en cualquier otro.
—¿Qué cambios son factibles y posibilitan nuevas formas de enseñar en el aula a niñas y niños con discapacidad?
—A los docentes de las escuelas especiales se les niega la posibilidad de contar cuándo es necesario darles el lugar de productores de conocimiento científico y que luego ese material sea una herramienta para el trabajo de otros maestros. También hay que dejar las materias y hacer grandes proyectos donde el escolar vea un contenido desde distintos lugares. Existen procesos significativos y eso no se toma en cuenta ni está escrito en ningún lado y entonces se dificulta encontrar material. Se pueden plantear, por ejemplo, otras formas de agrupar a los chicos con discapacidad que no sea por edad intelectual sino por intereses. Los cambios son factibles porque los docentes están, por lo tanto hay que romper con ese estereotipo de escolares sentados uno tras otro y buscar otros agrupamientos en el aula. Hay que brindarles las herramientas al niño para que logre el pensamiento abstracto y qué mejor que el arte con todos esos lenguajes simbólicos para hacerlo.
—Las experiencias áulicas se convierten en la mejor herramienta para los docentes.
—En la música, los juegos de imitación, por ejemplo, son importantes porque responden al pedido del docente, y también los escolares pueden variar. La imitación lleva a la motivación y la motivación a la empatía y a cooperar con el otro, y ahí aparecen los aprendizajes en grupo. Si alguien quiere tocar un charango requiere solo de un dedo para sacar un acorde o acompañar una copla del norte, y también con una flauta podemos tocar una canción muy simple.