En cada gesto, palabra y acción demuestran su pasión y ganas de transformar la realidad y llegar con la ciencia a todos lados. Sol Figueroa y María Clara Miserendino cursan cuarto año de la carrera de biotecnología en distintas ciudades. Desde que comenzó la pandemia, las amigas se encuentran solo en la virtualidad y sostienen a la distancia destacados proyectos y actividades científicas que acostumbran a difundir en Cientina, la cuenta de Instagram que crearon hace dos años. “De pronto todo el trabajo que veníamos haciendo se multiplicó y empezaron a invitarnos a participar en distintos eventos”, explican sobre este espacio de comunicación científica y conversación entre estudiantes de Argentina y Latinoamérica.
“Estamos enchufadas 24x7 con la ciencia, y el hecho de ponerse a investigar y que no tenga fin es atrapante”, destacan las chicas a La Capital en una charla por Meet. Acompañadas por la familia y en plena etapa de exámenes, transitan los últimos años de la licenciatura en biotecnología de manera virtual.
“La carrera es para disfrutarla”. Esa es la consigna que intentan repetirse cuando las cosas no salen como esperaban. Con actitud, empuje y una cuota de buen humor emprenden este camino acompañadas por la ciencia. Bajo este contexto de pandemia, Clara manifiesta que nunca se había sentido tan afectada en su trayecto como estudiante, y que prefiere la interacción cara a cara con profesores y compañeros.
“Nos interesa la parte humana de la ciencia, y precisamente eso es lo que se está perdiendo porque tampoco encontramos espacios para que eso pase. Tratamos de hacer lo imposible para ver los experimentos en YouTube, cuando deberíamos estar en el laboratorio”, agrega la estudiante cordobesa, valorando el esfuerzo docente. También las tareas y el estudio por videollamadas que anima al grupo en estos tiempos tan complejos.
Sol y Clara se hicieron amigas hace unos años en la provincia de Neuquén, cuando participaban de uno de los campamentos científicos que impulsa Expedición Ciencia, una asociación integrada por educadores y científicos que busca desarrollar el pensamiento científico en niños, niñas y adolescentes.
“En ese viaje también conocimos a un grupo de estudiantes de distintas carreras y desde ese momento empezamos a organizar nuestros propios campamentos de invierno y verano, que son autogestivos y se realizan en las ciudades donde vive cada uno”, cuentan. Las estudiantes también explican que durante los encuentros tienen la posibilidad de hacer experimentos como si fuera la primera vez: “Nos ponemos en el lugar del científico, algo que vamos a recordar mucho más que si lo estudiamos o vemos en un documental”.
El lado humano de la ciencia
A las futuras biotecnólogas lo que más les gusta de hacer ciencia es la oportunidad de transformar la realidad, una tarea que aseguran tiene que ser grupal y las lleva a investigar cosas que nunca antes imaginaron. El primer acercamiento que tuvieron con la ciencia fue en la secundaria, gracias a su participación en olimpíadas, una experiencia que además les permitió viajar por distintas partes del mundo. Para Sol, fueron las competencias de química. Clara, en cambio, descubrió su interés en las olimpíadas de biología. “En ese momento me compré el primer libro universitario de biología y así nació mi historia de amor y pasión eterna con la ciencia”, cuenta entusiasmada aunque admite que al terminar la secundaria se anotó en cinco carreras y le costó mucho elegir.
Además de los proyectos que comparten las jóvenes estudiantes —participaron en varios junto al Ministerio de Ciencia y Tecnología de Córdoba—, cada una desarrolla y emprende en su ciudad tareas y actividades diferentes. La rosarina se desempeña como ayudante en las cátedras de matemática, epistemología y metodología de la investigación. “La versatilidad que tiene nuestra carrera nos permite estudiar desde una bacteria hasta una enfermedad o problemas de contaminación”, dice Sol. La joven egresada del Politécnico se incorporó este año a un grupo de investigación de mal de Chagas y también descubrió que le gusta mucho comunicar ciencia, y participar de proyectos educativos. En lo experimental, inició este año su pasantía de investigación en el laboratorio aunque por la pandemia pudo asistir pocas veces.
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Foto: Leonardo Vincenti / La Capital
Su pasión por la ciencia también se refleja en la admiración que sienten por los grandes científicos de la historia y en el agradecimiento hacia sus profesores y mentores que las ayudan, inspiran y motivan a diario. “Hicimos lazos con gente cercana muy copada que nos sorprendió como Alberto Rojo o Jorge Montanari, que te dan espacio para crecer y no se preguntan si la chica que los entrevista es de Instagram”, valora Sol.
Por su parte Clara, cuenta que desde chica se interesó por leer las biografías de los premios Nobel, y esa inquietud precoz que la llevó a investigar y hacerse preguntas hoy tiene su recompensa. La cordobesa fue seleccionada como representante de la Argentina en 70th Lindau Nobel Laureate Meeting Interdisciplinary, un programa interactivo que se realizó días atrás de manera virtual y en el que participaron más de setenta premios Nobel y 600 científicos jóvenes. Una oportunidad única para el intercambio interdisciplinario entre generaciones, y que le permitirá el próximo año viajar a Alemania para el encuentro presencial.
La estudiante también participa de dos proyectos de bioinformática, una especialización en la que planea hacer su doctorado y que consiste en el análisis de la información biológica.
Más accesible y abierta
“Hacemos ciencia porque queremos cambiar el mundo”, afirman en los posteos desde su cuenta de Instagram, donde confluyen temas de divulgación, charlas y divertidos memes sobre la cursada. Las jóvenes también comparten una agenda científica para la difusión de convocatorias abiertas a estudiantes y profesionales. “Estamos generando una comunidad para que la ciencia pueda llegar a todos lados. Notamos que pocos chicos y chicas conocen y se enteran de las oportunidades que ofrecen distintas instituciones y universidades”, sostienen.
Como estudiantes de ciencias exactas se refieren a la competencia que a veces existe en estos espacios, sobre todo en aquellas carreras que buscan salida laboral en la investigación. “Existe el mito de que se necesita tener la mejor nota y el mejor promedio para obtener una plaza en el Conicet, algo que no es cierto”, aclara Sol.
Clara recuerda en ese momento las charlas de orientación vocacional que tenía en la secundaria, que mostraban a las carreras científicas como solitarias y en un laboratorio: “Luego descubrí que es todo lo contrario, que la ciencia se nutre de todas esas discusiones que surgen en torno a un experimento o seminario, y eso es lo importante”.
Las estudiantes universitarios aseguran que para sacar a la ciencia de ese lugar inalcanzable puesto por la sociedad, hace falta mayor comunicación. “Si abrís un chat de WhatsApp de una tía o una abuela y te fijas en la cadenas que te manda, tenés la respuesta. La pandemia lo expuso de manera impresionante y nos afecta a nivel mundial y en Latinoamérica, por eso tenemos la responsabilidad de asumir este desafío y compartir el conocimiento. Hay muchas personas que piensan que la comunicación científica es una pérdida de tiempo y te hace peor científico, algo que tenemos que revertir”, destacan las amigas.
Por eso pensaron en hacer una convocatoria para conectar el testimonio de algunos científicos con su comunidad de seguidores. “Buscamos historias reales porque nadie transitó un camino perfecto en su carrera porque detrás de cada experimento, descubrimiento e investigación hay personas, y así llegar a muchas más personas”, continúan.
Niños y niñas en la ciencia
Imparables, emprendedoras y creativas, Sol y Clara apuestan todo el tiempo a nuevos proyectos. La Escuela San Martín de Villa Carlos Paz las invitó hace poco a participar de una clase virtual con alumnos de sexto grado para hablar del método científico. Ellas prefirieron en cambio realizar un material audiovisual al que luego pudieran acceder también otras escuelas, y lo hicieron inspiradas en un taller que habían desarrollado junto a Ciencia Si, una agrupación de jóvenes científicos de Latinoamérica.
En un video de diez minutos, disponible en el canal de YouTube de Cientina, lograron adaptar la historia de ocho personajes que fueron científicos o científicas, y que con sus investigaciones cambiaron el mundo. “Hicimos esta presentación pensada para niños y niñas de primaria, para introducirlos en conceptos como el método científico y entusiasmarlos con historias reales sobre las personas que se dedican a las ciencias”, destacan.
Método científico y científic@s históric@s
Luego de esta producción, las creadoras de Cientina fueron convocadas también para presentar el método científico adaptado para adolescentes en “Ejumina Ideas”, un proyecto que promueve el desarrollo personal de los jóvenes y su protagonismo social a través de programas educativos y culturales en el norte argentino.
Que la ciencia sea más abierta y accesible importa tanto como promover la igualdad de género y el empoderamiento de las mujeres y las niñas. Para el Día Internacional de la Mujer y la Niña en la Ciencia —11 de febrero—, el Complejo Astronómico Municipal las convocó a grabar un video. Cada vez más involucradas con proyectos educativos, apuestan a los centros culturales como espacios para fomentar la vocación científica.
“Las niñas tienen que saber que pueden hacer lo que ellas quieran y que convertirse en astrofísicas, por ejemplo, tiene que ser una opción. La ciencia no sabe de color ni de género, sabe de talentos. Si aman y creen en la ciencia, tenemos que apoyarlas”, concluyen Sol y María Clara, tan animadas y motivadas como al inicio de la charla.