El del título es el calificativo que la presidenta utilizó para denostar al jefe de Gobierno porteño por el veto de leyes que realiza, falacia con la que pretende destacar la falta de vetos seriales del Ejecutivo nacional. La voluntad para hacerlo no le falta. Vetó la ley de glaciares y el 82 por ciento móvil para los jubilados, porque tenían respaldo del frente opositor. No hubo más por la inoperancia del parlamento dominado por los diputados y senadores del 54 por ciento, que sólo aprobó a libro cerrado los pocos proyectos enviados por la presidenta. En jurisdicción porteña, con un sano ejercicio democrático, el veto del ejecutivo fue realizado sobre leyes que tenían inclusive la aprobación de legisladores de su propia fracción política y promulgó leyes impulsadas por sus opositores. Lo que hay es una desidia serial a nivel nacional y no vetos seriales en la jurisdicción porteña, por la diferencia sustancial entre la apreciable cantidad de leyes sancionadas por la legislatura de la ciudad y las mínimas del parlamento nacional, todos proyectos del Ejecutivo nacional.




































