Quisiera hacer varias observaciones que a lo largo de mis visitas a la Fiesta de las Colectividades, he sentido la necesidad de manifestar. Con respecto a los stands nacionales, son en comparación con los de colectividades extranjeras, más que una caracterización emblemática, una deformación o caricatura de lo que significa la cultura, la cocina y las costumbres de una colectividad cualquiera. Realmente, los espacios dan lástima. Las personas que atienden y las mercaderías que expenden los distancian sensiblemente de los otros espacios regionales. La imagen de campamento de inundados, de piquete, el desorden y mugre que presentan, están muy lejos de representar lo que nuestra tradición nos ilustra. Un rancho limpio, un paisano aseado y florido en el hablar, un individuo sencillo y posiblemente pobre, pero de ninguna manera miserable. El aspecto de los stands es deplorable; no cuentan con la menor comodidad para el consumidor, los que atienden son impresentables, las viandas incomibles. Nada de trajes típicos y ni hablar de maestros asadores preparando diversas carnes de las formas más variadas. Sin ser asador, sé que hay varias formas tradicionales de asar. No se ve nada de eso. Quisiera saber quién elige a esas personas para atender esos puestos. ¿Quién los selecciona? ¿Es acaso otro de los innumerables ardides del socialismo, contratando punteros de barrios periféricos y soslayados por ellos mismos, para mantenerlos contentos y ocupados? Eso es lo menos que parece. Hace alrededor de 30 años que existe la Feria, casi siempre voy una o dos noches. Después me arrepiento. Después me pregunto para qué. Tal vez me sirve como una experiencia sociológica. Como programa cultural es un desastre. Tres o cuatro mapas colgados para situar la región en el mundo y algún cacharro traído por una "nona" hace cien años, y conservado como testigo y reliquia de un pasado. Stands atendidos por señoras mayores que pocas veces saben responder alguna pregunta (y por jóvenes que directamente no tienen idea de nada). Algunas pizzas que son todas iguales y el doble de caras que en la pizzería de la esquina, y algunas paellas que tienen todas el mismo gusto. De los postres tradicionales ni hablar; la que habla es "la tortera". Hay colectividades que se comprometen un poco más en el aspecto culinario; son excepciones pero se pueden rescatar algunos casos. En cuanto al público, un desfile constante que se desplaza de un lado a otro sin interés en nada y buscando comer lo más barato. Yo la redenominaría "La Feria de las Carencialidades". El espectáculo empieza sobre calle Córdoba con las docenas de puestos vendiendo baratijas de contrabando o en el mejor de los casos, cuya comercialización no tiene el menor régimen de legalidad. Es una especie de "Futbol para Todos" socialista (en favor de los socialistas, mucho más barato para la comunidad), pero que por pocos días cumple una función semejante. Yo propondría directamente eliminarla, ya que me parece difícil que con estas autoridades que los dioses nos concedieron para los próximos cuatro años, tengamos posibilidad de modificar su estructura y convertirla en un verdadero evento cultural.































