Es cruel y doloroso reconocer que uno se ha equivocado. Existen errores, que aunque predecibles, nos hieren en lo más profundo y laceran nuestros sentimientos. Lamentablemente, las predicciones que aparecieran en estas páginas el pasado 4 de junio, se han cumplido. Creo que en el fondo de nuestro ser rosarino sabíamos que iba a ser de esta manera y nada hicimos por remediar la falta de respeto a nuestra enseña patria. Un palco lleno de lamebotas “invitados especialmente”, simpatizantes de Kolina y La Cámpora enarbolando trapos que nada tienen que ver con un acto patrio. Los argentinos que fuimos a ver el desfile nos quedamos con las ganas. El desprecio a los combatientes de Malvinas, a nuestro gauchos, a nuestra bandera, esto no tiene perdón. Pero tal vez lo más desagradable haya sido nuestra presidenta y su vice saludando a sus amigos desde el palco mientras nuestra intendenta daba su ignorado discurso; y luego el más caro desprecio a nuestro himno. La presidente de los 40.000.000 de argentinos bailando al compás de nuestro Himno Nacional con ritmo cumbiero denostando la total falta de argentinidad. Hace tres años que un grupo político se apoderó del mayor festejo rosarino. Antes nos quejábamos porque el presidente no venia. Ahora viene a hacer su celebración político partidaria. Quiero volver a celebrar el Día de la Bandera como corresponde, cantar el himno, la marcha Mi Bandera, la marcha de San Lorenzo, Alta en el Cielo. Quiero gritar a los cuatro vientos que soy argentino y rosarino. No me compran con un plan descansar, un chori y un tetra. Ojala nuestros dirigentes locales, sin importar el partido político, recapaciten y el año entrante tengamos un 20 de junio como cuando éramos chicos.




































