Con mis 73 años me siento como uno de los dos hermanos del libro escrito por Julio Cortázar (Casa Tomada ), pero cambiando lugares que en vez de una casa es mi país el que lo veo tomado por la inseguridad, la droga, los políticos mentirosos, el miedo, la mentira, los narcotraficantes. Siento mucho dolor de ir cerrando, en vez de puertas, mis sueños, ilusiones, proyectos. El no poder vivir con la pérdida de los valores, la inflación, la inseguridad, el miedo de salir, de entrar, de vivir en un país donde un día dicen una cosa y luego hacen otra. Y veo con espanto que mi país, como la casa que narra Cortázar, se va destruyendo y me da miedo, mucho miedo, pero no por mí sino por mi hija, por mis nietos, por todos los niños, hombres del mañana, que tienen sus sueños destruidos; y en sus mañanas, confusión. Quiero que cambie esta situación, no quiero escuchar más mentiras, no quiero más inseguridad, no quiero tener miedo de entrar o de salir. Quiero vivir mis últimos días con la confianza que estaba acostumbrada y conocí, sentarme en la vereda frente a mi casa como antes, estar con mis vecinos. Que me paguen el sueldo del jubileo que merezco igual que mis pares, y dejen de mentirnos. Que no suban más las cosas con tanta desvergüenza y que nadie sea culpable. Quiero comprar dólares o euros si quiero y puedo. No rendir cuenta de mis actos y que no usurpen más mi país gente que no lo quiere, que sólo quieren tener ganancias y llenar sus bolsillos burlándose de su pueblo, que merece más y mejores políticos. No quisiera irme como en esa novela y tirar la llave de mis ilusiones en la alcantarilla, quisiera ver a mi país como era: una gran familia donde el odio no entraba, donde no nos matábamos. Argentinos no permitamos perder este hermoso país que nos dio tanto, luchemos para salvarlo.




































