El día sábado, luego de mucho tiempo de intentar mudarme, arribé a una casa para alquilar (para nada barata, pero la nula regulación en alquileres es tema de otra carta) situada en Salta al 1800. Antes de alquilar la misma, recorrí el barrio en el que había vivido hacía unos 10 años para encontrarlo bastante cambiado, como el resto de la ciudad, con una enorme cantidad de edificios nuevos en cada cuadra. Lo que todavía estaba allí era el bowling de la esquina de Italia y Salta. No tuve inconveniente con ello, por el contrario, prefiero que haya movimiento en el barrio. Claramente mi ingenuidad y buena fe alcanzan límites insospechados, detalle del que me percaté rápidamente cuando el sábado, alrededor de la 1.30, comenzó lo que sólo puede denominarse como boliche o, en la terminología de la habilitación que no poseen, local bailable. Sumado a música en decibeles que no podría especificar, un señor con un micrófono arengaba a quienes bailaban a seguir haciéndolo, a batir palmas y otras actividades propias de un espacio de estas características las cuales podría describir con mucho detalle, tanto como la lista de canciones, dado que el sonido atravesaba no una sino varias medianeras hasta llegar a mi habitación. Al día siguiente consulté con mis vecinos si habían iniciado acciones para intentar que este sonido merme de algún modo. La sonrisa que obtuve por respuesta fue elocuente. ¿Hicieron algo para cambiar esto? Acostumbrarnos (sonrisa). Luego de diversas consultas y llamados erróneos –entre ellos a la GUM, ente que nadie puede definir cuál es su ámbito de acción– arribo al Distrito Centro en donde me atienden muy amablemente y me comentan que había denuncias, que el local no está habilitado como local bailable, y que era extraño que no hayan realizado acciones al respecto dado que las denuncias datan de tres años a la fecha, como mínimo. Realicé la denuncia correspondiente con la promesa de que “algún fin de semana irán, se va a dar cuenta porque ese día van a bajar el volumen” (¿?). No se muy bien cómo es que durante al menos tres años, funciona un espacio que no tiene las condiciones para sostenerse como tal, y nadie ha hecho ni un intento real por modificarlo. Cabe aclarar que no existe ánimo de mi parte que se lo clausure sino que se logre realizar algún aislamiento acústico.




































