Es increíble que no se pueda impedir la violencia de las barras bravas. Increíble pues se conoce la identidad de sus autores, que no hacen ningún esfuerzo por ocultarla. Entonces deben soportarse los episodios de barbarie en los estadios; en los alrededores; en el trayecto de ida y vuelta, donde suelen ser escoltados por la policía; y aun en lugares alejados, donde planean emboscadas contra grupos rivales o del propio club que disputan sus turbios negocios. Es decir que ni las autoridades nacionales, ni los organismos encargados de combatir la violencia, ni las fuerzas policiales, ni la AFA, ni las autoridades de los clubes, pueden acabar con este flagelo. Pensaba entonces que tal vez las personas anónimas a las cuales nos gusta el fútbol podríamos hacer algo, aprovechando la capacidad de difusión que ofrecen las redes sociales. Si tratando por esa vía de persuadir a los simpatizantes a que dejen de asistir a los partidos, se lograra en algún momento que sólo fueran los barrabravas, que no pagan la entrada. Al menos hacer una prueba piloto en un clásico, logrando que vayan menos espectadores de lo previsto y caiga la recaudación, con lo cual se estaría afectando el negocio. Puede ser que entonces, si se consigue mantener esta situación, consideren por fin terminar con estos grupos infames para evitar perjuicios económicos. Imagino, que aun pudiendo ver los partidos por televisión, a muchos les será penoso dejar de ir a la cancha; pero vale la pena intentarlo.




































