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Otro Muro de Berlín

Pocos días atrás, a través de una información televisiva, el mundo pudo observar la masiva fuga de africanos residentes en Marruecos, ingresando a Melilla, lindando con aquél. Esta es una...

Viernes 04 de Abril de 2014

Pocos días atrás, a través de una información televisiva, el mundo pudo observar la masiva fuga de africanos residentes en Marruecos, ingresando a Melilla, lindando con aquél. Esta es una dominación española que dista de ser como la región africana antes mencionada. Para evitar la fuga constante de africanos marroquíes, alguien tuvo la poco brillante idea de levantar un muro de cuatro metros de altura y quizás kilómetros de largo. Sobre el borde superior, alambre de púas enrollados, de manera de impedir la fuga de seres humanos. ¿Barreras usadas en el frente de combate o en el Muro de Berlín? Trataron de fugar alrededor de 1.200 desgraciados. Sólo pudieron atravesar la barrera del odio, unos 498 ciudadanos africanos, muchos de los cuales arribaron a Melilla con severos desgarros en manos y brazos. A pesar de ello, besaban el suelo, bailaban y cantaban. Desconocemos cual será el destino de ellos. Ahora para el común de la gente es lo que menos interesa. Lo cierto que ya no puede ocultarse, la desesperación de esos desposeídos es saber que a muy pocos metros de distancia se erige una pequeña ciudad que ellos ven como el paraíso. No es necesario explicar o recordar, es una historia demasiado antigua y remanida para volver a mencionarla. Los países constituidos en aberrantes aves de rapiña, sólo se preocuparon por sustraer naturales para utilizarlos como esclavos en los viejos cañaverales de Haití, quienes merced a rebelarse por el magnicidio de que eran objeto, acabaron incendiando las plantaciones y escaparse a EEUU, donde finalmente recalaron en Nueva Orleans. Los despojadores de turno, con el símbolo del colonialismo como el Reino Unido, con la complicidad de belgas y franceses, expoliaron literalmente las riquezas naturales: diamantes y marfiles, utilizando a los mismos naturales como esclavos. Cuando ya no había más nada que robar, se volvieron a su país, para disfrutar de riquezas malhabidas. El continente quedó como en un principio, sumido en la más paupérrima pobreza, promiscuidad en extremo, hambre, salud a la buena de Dios, educación cero y todo lo que pueda imaginarse. Un descontrol total y absoluto de la natalidad. En suma, una denigrante postal de la indignidad que nos hace sentir vergüenza ajena; mientras que, como de costumbre, en el otro extremo de los países líderes en economía, poco o nada les importa de los que menos tienen. Después apelan a esta mano de obra desocupada, cuando se requiere formar fuerzas armadas para enviarlos a contribuir en invasiones, ocupaciones, despojos, violaciones, como cuando en plena Segunda Guerra mundial y una vez retiradas las fuerzas alemanas de Italia, llegaron los americanos con el regocijo que era de imaginar. Lamentablemente, las nuevas tropas eran verdaderas hordas provenientes de Marruecos, salvajes, hambrientos, violando salvajemente a toda mujer que encontraban a su paso, más de una, literalmente destrozada, quedaba muerta en la calle. Es de imaginar la cantidad de concepciones no deseadas como producto de tal procedimiento. Ante semejante panorama, Europa, hoy con altos índices de desocupación, no puede darse el lujo de recibir inmigrantes, mucho menos de gente con incapacidad de aportar calidad de vida que promueva el avance cultural. Pobreza siempre hubo desde la antigüedad. Pero con decoro. Ahora la gran pregunta: ¿qué sino maldito se cierne sobre la humanidad? El propósito del Señor, dio al hombre a través de su Hijo, la última oportunidad de recoger el guante y obrar en consecuencia, pero del libre albedrío lamentablemente muchos tomaron para sí, lo que más le convenía o como morbosamente les apasionaba.

Oscar H. Rodríguez
DNI 6.004.403

 

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