Ante todo, quiero dejar expresado que no tengo nada contra los puestos callejeros donde mucha gente se gana la vida diariamente. Al aproximarse el cumpleaños de mi sobrino, me acerqué a una de las jugueterías más importantes que tiene la ciudad. Me dirigí al centro comercial de zona sur y fui directamente a Gulliver, donde miré los juguetes uno a uno y calculaba lo que podía gastar. Terminé comprando un auto a baterías que emitía sonido y se prendían las luces. Lo compré al contado y se lo llevé para el cumpleaños. Al otro día me llamó la madre y me dijo que el auto había venido sin el lugar para ponerle las pilas, funcionaba a una mala fricción, no hacía sonidos ni prendía las luces. Fui al local donde lo compré y la vendedora me dijo que los chinos los hacían así para abaratar costos, que fuera a la casa central donde me solucionarían el problema. Allí me atendió un tal Javier, le dije que quiero un auto con todo lo que indica la caja y por el precio que pagué. Pasados varios días, lo llamé y no lo encontré, por lo que fui personalmente. Otra empleada habló con el dueño y le dijo que me devolvieran el dinero. Obviamente le indiqué que me siento estafado por la juguetería.





































