No escucho, ni miro con frecuencia a la señora Mirtha Legrand, es un hecho. Sí me llamó la atención la trascendencia de sus dichos y cuánto se generó alrededor. La forma del análisis, también va incluido con el revuelo que sus expresiones causaron en políticos, artistas, agrupaciones de distinta índole, y ciudadanos en general. Con asidua frecuencia, se asocia el término dictadura, con el nefasto y repudiable golpe del 76. Con ese período atroz que dejó brutales consecuencias, donde el odio nunca estuvo en esa cima como entonces. Sólo retrotraerse unos instantes, da real escalofrío. Así y todo existen y han existido, personalidades autoritarias y arrogantes, necias y o prepotentes. Hay actitudes de soberbia en variados grados en el gobierno actual y en determinados políticos, a veces, en algunos que no pertenecen al gobierno. Que la conductora mencionada no está de acuerdo con la política vigente, lo haga público, y argumente desde su punto de vista los motivos, es un derecho que le asiste como a cualquier otra persona. Así también como el coincidir y exponer las razones, como se ha hecho y hacen personas públicas o conocidas a través de distintos medios. Por el motivo que ya todos conocemos, haber empleado Mirtha la palabra dictadura, fue desacertada como mal escogida. Hace rato que se sabe el desacuerdo de la señora Legrand, con la política presente. Me parece que no es novedad para nadie. Se ha escuchado también a personas que pueden ser influyentes, en acuerdo y desacuerdo con la realidad política social. Es legítimo que cada cual pueda dar su adhesión o no, si así lo desea. Sólo vale recordar que hay que ser muy cuidadoso con las terminologías, siempre. Hay palabras que conllevan muy fuerte significado. Esto hace difícil no asociarlas a períodos y etapas que nos ha marcado mucho. Tener presente ésto, evitaría situaciones como las que se suscitaron por dichos recientes.




































