Todo comenzó con una carta que, redactada en estilo formal, un hombre detenido
por una serie de robos y ataques sexuales cometidos en el oeste de la ciudad de Rosario le escribió
a la jueza de su causa. Quería conocer los beneficios del juicio abreviado, una modalidad del nuevo
sistema penal de la provincia que resuelve el caso en cuestión de días si el acusado se declara
culpable. Algo debe haber pesado en la dimensión subjetiva de Gustavo A., de 37 años y casado,
porque al poco tiempo, y sin siquiera haber sido procesado, admitió su responsabilidad en los
hechos y aceptó que le impusieran una pena de 20 años de prisión.
Es la primera vez que se aplica esa opción en los Tribunales rosarinos desde que
empezó la lenta aplicación de la reforma procesal. Consiste en un pacto entre las partes que
interrumpe el juicio tradicional. La defensa y la fiscalía se pusieron de acuerdo sobre la
calificación del delito y la pena a imponer. Así, Gustavo A. se hizo cargo de la acusación y aceptó
ser condenado a 20 años de prisión por cinco hechos de robo calificado y privación ilegítima de la
libertad, tres de ellos con abuso sexual.
Es la misma pena que recibió el médico Néstor Omar Fica, conocido como "El
violador del centro", por una serie de ataques sexuales a jóvenes estudiantes universitarias (ver
aparte). Pero a diferencia de Fica, que ya obtiene salidas transitorias del penal, el detenido que
ahora optó por un atajo hacia la pena registra una condena anterior. Por eso fue declarado
reincidente, lo que le impedirá acceder a la libertad condicional.
El miércoles pasado la jueza de Instrucción Nº 14, María Laura Savatier, aceptó
la propuesta de las partes. Entonces, su intervención se limitará a verificar que se cumplan
requisitos formales y a convalidar el acuerdo. No tiene que expedirse sobre las pruebas o
fundamentar la medida porque con la admisión del imputado basta. Así, el juicio abreviado resolvió
en poco tiempo un trámite que de seguir su curso usual —con suerte y sin apelaciones—
no hubiera tardado menos de seis meses.
En serie. Los ataques que admitió Gustavo A., detenido el 2 de diciembre en su
casa, ocurrieron entre septiembre y noviembre de 2008 en jurisdicción de las comisarías 14ª y 19ª,
en la zona oeste de la ciudad, done él mismo vivía.
Todas las víctimas tienen, coincidentemente, 28 años. Y los distintos casos
tuvieron la misma modalidad: un agresor solitario que ingresaba a domicilios en los cuales casi
siempre había mujeres solas. Lo hacía durante las horas del día y luego de una tarea de observación
del lugar. En algunos casos trepaba algún muro o forzaba su ingreso. En otros, usaba diferentes
ardides. Una fuente de la investigación recordó que en una ocasión se ofreció para cortar el césped
y que, en otra, simuló ser policía y preguntó por el marido de su víctima.
Incluso, los voceros dijeron que en aquellas ocasiones en que las víctimas estaban acompañadas
por algún familiar, encerraba a estas personas en un ambiente de la casa para abusar de la mujer en
otro espacio de la vivienda.
En tres de los casos comprobados, Gustavo A. abusó sexualmente de las mujeres
tras amenazarlas con un arma blanca, y en un cuarto la resistencia de la víctima se lo impidió.
Cuando las mujeres radicaron las correspondientes denuncias, en el Centro de
Atención a la Víctima de Delitos Sexuales advirtieron una similitud en el desarrollo de los hechos
y presumieron que podía tratarse de un atacante serial.
La punta del ovillo para llegar al hombre que ahora pidió su condena fue el
reconocimiento que hizo una de las mujeres en un álbum fotográfico policial. Gustavo A. figuraba en
ese registro porque tenía varios antecedentes penales e incluso una condena por delitos contra la
propiedad.
Testimonios. Para llegar a Gustavo A. los investigadores también se valieron de
testimonios de vecinos que brindaron una inusual colaboración con la pesquisa: "La policía hizo una
buena tarea de recorrer el barrio casa por casa en busca de testigos que dieron la descripción de
una determinada moto en la que se conducía el sospechoso. Ante hechos de esta naturaleza, esa
colaboración social y de las víctimas es la única manera de encontrar responsables", señaló la
jueza Savatier.
El imputado fue detenido en su casa, a sólo cinco cuadras del domicilio de una
de las víctimas, donde se secuestró una moto como la descripta por los vecinos.
En una primera instancia se abstuvo de declarar. Luego fue reconocido con
contundencia por las víctimas, que no pudieron ocultar el impacto emocional que les provocó la
medida procesal. En este punto, para Savatier, el proceso abreviado también tiene ventajas: evita
la revictimización de las mujeres porque al cerrarse el juicio no se reitera la prueba.
Breve proceso. La causa estaba a punto de resolverse cuando el detenido envió
una carta a la jueza solicitando una audiencia personal para que le explicaran los beneficios del
juicio abreviado. Entonces, la magistrada puso al tanto a su defensora, Elvira Dezorzi, quien luego
de una reunión con Gustavo A. cerró el acuerdo con la fiscal María Isabel Más Varela.
Esta modalidad —que no es aplicable a todos los casos— supone un
considerable ahorro de tiempo y recursos judiciales. Permite cerrar el caso con una condena pasando
por alto varias instancias procesales: el procesamiento, la requisitoria fiscal para que comience
el juicio, la reiteración de pruebas, la sentencia y las apelaciones que retrasarían el trámite en
la Cámara Penal.
La posibilidad del juicio abreviado estaba presente antes de la reforma del
Código Procesal Penal, pero podía aplicarse en casos que ya estaban en juicio y a pedido de la
fiscalía. Ahora se amplió el alcance de la medida, que también puede usarse en la instrucción del
expediente. Lo que resta ahora es que un juez de Sentencia convoque a las partes a una audiencia
oral tras la cual debe homologar el acuerdo.
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