El mes próximo se celebrará el Día del Niño. Por una cuestión electoral, este año se ha corrido la fecha aludida. También ese mes, está dedicado por la publicidad, y de forma especial, a los más bajitos. Sin embargo, la mayoría sabemos que se trata de algo más profundo como trascendente. La situación que viven niños y menores todos los días del año (cuando no, de años), va más allá de ésta fecha, como así de otras también. No apunto sólo al debido acceso a la salud, a la educación y a la vivienda digna, entre tantos otros, que son indiscutibles. Refiero además y de manera contundente, al marco de referencia y de pertenencia que les corresponde llanamente. A no pocos les ha sido arrebatado con impunidad, complicidades y ensañamiento. Dolorosas mentiras muy difíciles de desandar, que inevitablemente dejan cicatrices profundas en el alma, en el crecimiento y desarrollo de los más vulnerables. Progenitores que opacan la infancia y la adolescencia de los suyos, con el fin de llevar agua al molino propio. Lo peor, que no ignoran la crueldad que a los chicos les plasma. Es como si el fin fuera hacer daño a sabiendas de que el mismo salpica y en creces, a los niños y menores, sin paréntesis en esta realidad. La obsesión de dañar al otro, a veces de forma incesante como patológica, los aparta desde años de lo esencial para la vida de los chicos. Mamá y papá, en primera medida. Cada cual tiene su función, sus roles y son fuente de amor que nadie puede atribuirse el derecho de quitarles a los chicos, nadie absolutamente. A veces el que está en una situación económica buena, posee vinculos innegables que hicieron posible un panorama lamentable hacia quienes no han podido defenderse, sumado al poder o profesión que poseen, ha producido una maraña repudiable y absurda. Los niños siempre debieron y deben estar en primerísimo lugar. También los menores, aunque no sean considerados, sobre todo hoy, niños. Estos niños y menores, debe saberse que realmente viven una mentira que les generó sentimientos que para nada sumaron a fortalecerlos. Esto debería recordarse y tenerse en cuenta, para que no se reitere hacia ellos. Hay padres que cegados por destruir al otro, olvidan o no son racionales en hechos, conductas y actitudes. Lo triste es que no es por momentos, sino a veces desde hace años, que son siglos en el calendario del amor; y ante la necesidad de justicia, que llega a veces muy tarde, cuando llega. A todas las madres y padres alejados de los suyos forzosamente, y por toda vía posible, que el Señor les dé fuerzas en fechas tan especiales y sonoras, y que todos los magistrados de nuestra querida república, ante temas de este tenor, se involucren como deben. Con pruebas, equidad, dinamismo y humanidad. Que piensen en los suyos y en los hijos de sus seres más queridos. Se abrirá así un abanico de sabiduría, apoyado en el sentido común, el criterio elemental, y también de humanidad, respetándose siempre la ley, los códigos, tratados internacionales y todo cuanto realmente hace al bienestar y la salud.





































