La década “ganada” pasará a la historia como la de mayor progreso de la libertad de prensa. Ante una oposición muda, es el periodismo “el malo de la película”. Se anunció la TV digital abierta con un objetivo rating que va a incluir el canal oficial ruso del presidente Putin, premio Nobel a la libertad de expresión. En la escuelita de periodismo, a Longobardi se le recordó con unos coscorrones que modere sus noticias, ya que vive criticando al gobierno y conduce el programa más escuchado de la radio. Lanata será el próximo con apercibimiento, y por orden de la dirección se lo mandará al rincón. Hay que hacer pasar al frente a los niños obsecuentes: Víctor Hugo Morales y 6, 7, 8, que a partir de este momento con el nuevo sistema de mediciones gozarán alto puntaje gracias al control remoto mágico de Cristina que elevará la baja medición de los medios de gobierno. Sabbatella tuvo que marcarle las íes a Clarín, principal desestabilizador de este equilibrado gobierno. El rating controlado por Ibope no tiene transparencia, por eso el nuevo sistema de mediciones será más transparente que el Riachuelo. La teleconferencia de Cristina y Putin para anunciar el intercambio de canales fue una demostración de la programación argentina a enviarse a las repetidoras de Siberia. Entre ellos se verá “Juego de Tronos” (Game of Thrones, en inglés) serie de televisión de fantasía, drama y aventuras que se centra en las violentas luchas dinásticas entre familias nobles (familia Kirchner y Noble/Magneto) por el control del trono de hierro del continente del poniente. En Santa Cruz, la presidente, rodeada de una fervorosa población de pingüinos aplaudidores, disertó para sí misma autoconvenciéndose. En Moscú, Putin como buen ex espía de la KGB silenciaba (ya que acostumbra a silenciar sus periodistas) y trataba de discernir cuál era la motivación de la presidente y su felicidad por recibir una figurita rusa a cambio de una argentina: ¿quizás esté interesada en la emisión del canal “Volver”? La llegada a Rusia del canal público argentino ha sido acogida con algarabía por el Kremlin, que podrá deleitarse con los cotidianos hechos delictivos por parte de determinado grupo de la población y de determinado grupo del gobierno. Reporteros sin Fronteras y otras ONGs acusan al presidente de Rusia de perseguir a periodistas y silenciar medios, hasta responsabilizan a su gobierno por la muerte de Anna Politkovskaya, una periodista muy crítica de Putin. Ahora que los cursos de periodismo por TV han repuntado, Putin puede darnos un máster sobre democracia y derechos humanos. Cristina no se quedará atrás haciendo de ventrílocua de su “Chirolita” chaqueño y el resto de sus marionetas. La oposición hará el envío de un especial de sus películas mudas.




































