Cuando somos pequeños, nuestros padres, con buena razón, nos van integrando y metiendo en una selva crujiente y salvaje que nos va posicionando como pequeños elementos necesarios en un espacio llamado sociedad. Pasamos por distintos lugares que se interelacionan, el jardín de infantes, colegio primario, el secundario,y aquellos que tuvieron la oportunidad la universidad, Pero sin olvidarnos del lugar de donde venimos, nuestro hogar. Y por cada uno de ellos fuimos dejando huellas en las relaciones, algunas efímeras, otras traumáticas, otras dolorosas y otras exultantes, pero ninguna de ellas pasó desapercibida, por el contrario, en todas encontramos algo que nos fue quedando. En algunos casos fueron tan profundas que sin importar el tiempo transcurrido la relación traspasó barreras de tiempo y forma, y dio textura a esa relación que tiene ese significado tan profundo: amistad. Cuando de esas relaciones van naciendo pequeños detalles como compartir, sentir, emocionarse, juntarse, y tantas otras, van convirtiéndose en ladrillos sólidos en una construcción que permanecerá en el tiempo sin importar las distancias, las distintas vivencias o los distintos caminos a que la vida nos fue llevando, nada de esto hará que esa relación cambie de perfil ni de sentimientos. Cuando uno ya peina canas y ha superado el primer medio siglo de su vida se hace difícil identificar quiénes son aquellos realmente capaces de compartir sus tiempos con uno para interactuar en una amistad. Mi hija juega al hockey en un club de la ciudad y el año pasado nos integramos a la organización deportiva de la institución y poco a poco se fue formando un grupo heterogéneo, difícil de definir, pero a pesar de la disparidad de edades y de perfile de cada uno, logramos una relación digna de admiración, donde la amistad se huele a distancia. En el grupo siempre hay alguien que prepara algún rico plato para disfrutar juntos los días en los que nos encontramos en el club, siempre hay alguien dispuesto por cocinar. Siempre existe la preocupación por saber cómo estamos, pero con los medios de comunicación que existen hoy día a día esto se ha tornado de una trama excluyente. Viajamos juntos compartimos y nuestras hijas e hijos ven de esto algo que ellos mismos desarrollarán a futuro, nos hace bien verlas y verlos juntos disfrutar del deporte y de alguna "piyamada" en el medio. Cada familia es un ente y entre todos somos un racimo. Estamos orgullosos que algunos de los padres sean galardonados en el concurso de asado a la estaca el Día de la Bandera, donde el grupo estuvo presente para acompañarlos. Todo de lo que del grupo sale nos enorgullece, porque nos pertenece. No son sentimientos sensibleros es sólo la simple expresión de encontrarme a esta altura de mi vida con un excelente grupo de personas con las cuales nos cuidamos, apoyamos y disfrutamos de lo que nos toca vivir.





































