Los cuerpos desmembrados de cuatro jóvenes colocados dentro de bolsas de plásticos ha horrorizado la ciudad de Cuernavaca, casi un año después de otros asesinatos que impulsaron la creación de un movimiento por la paz. La Procuraduría de Justicia de Morelos, Estado al que pertenece Cuernavaca, informó que los cuatro tenían edades de entre 14 y 21 años. Una amenaza escrita de un grupo del narcotraficantes no identificado fue dejado cerca de los cuerpos.
Conocida como "La ciudad de la eterna primavera", Cuenavaca era considerada hasta hace poco una tranquila localidad visitada por turistas y utilizada como lugar de descanso por los habitantes de la capital mexicana.
A fines de marzo de 2011 fue asesinado en Cuernavaca el hijo del poeta Javier Sicilia y dio paso a la creación de un movimiento por la paz que ha presionado al gobierno de Felipe Calderón para que cambie su estrategia de combate al crimen organizado. Al respecto, Sicilia dijo ayer que los asesinatos de los cuatro jóvenes muestran que poco o nada ha cambiado en el último año desde que su hijo murió.
Narcos reclutan cada vez a más menores
A los 14 años, Luis Alberto transmite seguridad y tiene una mirada penetrante de adulto. Dice que eso se debe a que desde muy chico conoció “la vida”: no tuvo padre, trabajó desde pequeño, se enganchó en la droga y fue utilizado por una célula criminal para distribuir narcóticos. En octubre fue internado en el Cirad, un centro de rehabilitación de Tijuana que atiende a 500 drogadictos (cien de ellos menores de 17 años), en el que inició un tratamiento de seis meses. “Me trajeron aquí porque vendía y consumía «icriloco»”, dijo Luis Alberto aludiendo a su adicción a la metanfetamina, la potente droga blanca y cristalina que consumen el 90% de los adolescentes en recuperación, por su bajo costo y gran disponibilidad en la calle.
En un fenómeno relativamente nuevo, cada vez más jóvenes están siendo utilizados como “mulas” o distribuidores, ya sea para cruzar droga a Estados Unidos o para venderla en las ciudades, sobre todo de la frontera, dice Víctor Clark, antropólogo social y especialista en el tema del narcotráfico en esta región. “Los adolescentes son mano de obra barata y desechable para el crimen organizado en un ambiente en donde no hay muchas oportunidades de empleo y recreación para ellos, y donde el negocio de distribución y consumo de droga creció aceleradamente”, dijo el experto.
Las autoridades dicen estar al tanto de este fenómeno, pero afirman que no hay estadística del número de adolescentes detenidos por vender o distribuir estupefacientes porque la legislación vigente no permite llevar expedientes criminales de menores de edad.
Más arrestos. La oficina del Servicio de Inmigración y Control de Aduanas (ICE) de San Diego dijo que entre 2008 y 2011 se incrementó diez veces el arresto de jóvenes entre 14 y 18 años que trataron de cruzar droga, principalmente metanfetaminas, en la frontera Tijuana-San Diego. Lauren Mack, vocera de ICE en San Diego, indicó que entre esos años aumentó de 19 a 190 el número de arrestos de jóvenes. La mayoría eran estudiantes que llevaban la droga escondida en sus cuerpos o en los vehículos que conducían. Intentaban contrabandear sobre todo drogas fuertes como metanfetaminas y cocaína, dijo Mack. “Es un problema que se está dando en ciudades fronterizas como Tijuana, Ciudad Juárez, Nogales y Reynosa, y que hemos visto que aumenta de forma preocupante”, dijo el antropólogo Clark.
Directores de centros de rehabilitación de Tijuana estiman que actualmente hay unos 50 adolescentes como Luis Alberto, de 500 que están en recuperación, que además de estar adictos a alguna droga fueron utilizados por el crimen organizado para el narcomenudeo.
Luis Alberto explicó que desde hacía dos años vendía metanfetaminas en un barrio de la ciudad junto a un grupo de menores que eran dirigidos por “un patrón”. Al día obtenía 200 pesos (unos 16 dólares), que gastaba en comida y droga para consumir. “Entre mis amigos y yo vendíamos cuarenta paquetes al día. Mi patrón le sacaba a cada paquete 1.100 pesos (casi 88 dólares) y lo que sobraba era para nosotros. A veces sobraban tres o cuatro paquetes y nos los repartíamos”, declaró.