Yo le pregunto a quien lee esta carta: ¿cuánto hace que usted no ve algo referente a la prevención del VIH/sida?; ¿mucho tiempo verdad? Pero sí oye hablar de nuevos tratamientos, nuevos medicamentos. Pues bien, economizando palabras y sin tanta retórica, en la población de jóvenes gays la ausencia de prevención es escalofriante, obviamente con la consecuencia de nuevas infecciones, según lo demuestra la encuesta realizada por VOX Asociación Civil el año que pasó y no sólo en los jóvenes sino también en los gays mayores, en los hombres que no se identifican como gays y tienen relaciones con otros hombres y trans. Usted dirá ¡qué me importa! Eso les pasa a ellos. Grave error, porque la historia demostró que lo que le pasa a uno luego nos pasa a todos. En una conversación telefónica que tuve hace pocos días, un profesional que participó en la campaña de detección masiva el primero de diciembre manifestaba que el número de concurrentes había sido menor, pero que las infecciones habían aumentado proporcionalmente a años anteriores, esto con referencia a la población general. Ante esta situación, ¿qué hacen los responsables de la salud a nivel provincial y nacional?; ¿campañas de prevención? Nada; eso sí, usted puede encontrar ofertas de tratamientos y consumo de medicamentos por doquier, obviamente con una erogación monstruosa por parte del Estado con grandes ganancias para los laboratorios farmacéuticos, la gran mayoría extranjeros. ¿No sería conveniente invertir en prevención, ya que ahorraría al Estado argentino millones o también aprovechar para fabricar nuestros propios medicamentos? ¿No sería beneficioso para las personas la prevención, ya que no tener el virus en nuestro organismo obviamente es siempre mejor que no tenerlo, que tener que afrontar un tratamiento a largo plazo de ingesta diaria de medicamentos con todas las dificultades que eso conlleva y con el riesgo de abandonarlo en algún momento debido al cansancio, las molestias y el hastío? Ante todo este panorama, es nuestra obligación ética y deber militante denunciar esta situación y no permanecer en el silencio cómplice y quizá criminal también y lo hacemos desde acá, desde esta ciudad de Rosario donde sabemos que no está el poder de influir para modificar las políticas públicas referente al VIH/sida que se elaboran fundamentalmente en el Ministerio de Salud de la Nación, esa responsabilidad mayor le cabe a la burocracia de las organizaciones gays, lésbicas, trans que están en la Ciudad Autónoma de Buenos Aires, esa misma burocracia que viaja y viaja por el exterior dando conferencias, recibiendo premios y honores, pero que poco hace para transformar esta situación.




































