El 28 de junio de 1969 en un pequeño bar de Nueva York, la policía de esa ciudad iba a cumplir un procedimiento de rutina en un establecimiento donde concurrían gays, lesbianas y trans su nombre: Stonewall Inn. Pero esta vez iba a ser distinto porque en vez de encontrarse con un público corrientemente pacífico, gays, lesbianas y trans, dóciles y sumisos, alguien harto ya de esta rutina vejatoria, arrojó una botella a la policía, a esa se sumaron otras, más mesas y sillas, de allí a la calle, lo que motivó que sumara el barrio entero, el Village sumido para esa época en las luchas por los derechos de los afroamericanos y contra la guerra de Vietnam, en resumen la revuelta duró varios días. A partir de allí comenzaron a florecer las organizaciones por los derechos de lesbianas, gays y trans no solamente en los Estados Unidos, sino en todo el mundo, el movimiento por nuestros derechos renacía, volvía a tomar vida el sueño de los alemanes como Hirschfeld y Ulrichs que allá por las primeras décadas brillaba en todo su esplendor y que el nacional socialismo y la Segunda Guerra habían puesto fin. Ahora sí, la historia tendrá que contar con aquellos y aquellas que fueron ignorados/as, violentados/as, degrados/as y asesinados/as, educados para sentirse avergonzados/as de ser quienes son, y que a partir de esa fecha, dijeron ¡basta! y despertaron del largo silencio a que fueron sometidos, y despertaron orgullos y orgullosas de ser lo que somos, es por eso que le hemos puesto la palabra orgullo.




















