“Así como hay organizaciones médicas y de abogados trabajando, nosotros queremos aportar al debate desde una perspectiva artística, con un humor”, afirmaron los intérpretes sobre este trabajo que luego de un recorrido por eventos under fue transformado en una puesta en escena con música original de Fabián Gallardo que se presentará en algunas las principales salas y espacios de la ciudad. “Artículo 19” se estrena este jueves, a las 20, en el teatro La Comedia (Mitre y Cortada Ricardone) y el viernes, a las 21, en el Centro Cultural Parque de España (Mitre y el Río). Las entradas para ambas funciones, con capacidad limitada, pueden adquirirse en www.1000tickets.com.ar. Las próximas funciones serán en Galpón 15, Plataforma Lavardén, Centro Cultural QTP, Distrito 7 y Playa de la Música.
Mauro Sabella: La obra comenzó como una pieza corta, un espectáculo de varieté que se hacía en eventos under, y que siempre fue muy bien recibida, porque además de gustar mucho, también ponía este debate sobre la mesa. Eso nos hizo dar cuenta que el tema de la ilegalidad del cannabis se prestaba para un desarrollo más profundo y complejo. Fue ahí cuando nos pusimos a investigar, leímos mucho material, desde libros de historia y medicina hasta tesis universitarias de Ciencias Políticas, fuimos recopilando así más preguntas y aristas que nos interesaban llevar a la escena.
Fran Alonso: Estamos convencidos de que es el debate que se viene ya que la sociedad está preparada para llevarlo adelante. Así como hay organizaciones médicas y de abogados trabajando, nosotros queremos aportar al debate desde una perspectiva artística, con un humor que lleva a escena un trabajo de investigación de más de dos años, y que esperamos sirva para generar preguntas en lxs espectadores.
¿El título hace referencia al artículo 19 de la Constitución Nacional y al fallo de la Corte Suprema de la Nación?
FA: Sí. El artículo 19 dice “Las acciones privadas de los hombres que de ningún modo ofendan al orden y a la moral pública, ni perjudiquen a un tercero, están sólo reservadas a Dios, y exentas de la autoridad de los magistrados”.
MS: Este es el artículo en el que se basa el conocido “Fallo Arriola” en 2009, mediante el cual se declara inconstitucional la penalización por tenencia para consumo personal ya que pertenece a la esfera de lo privado, siempre y cuando no ofenda a un tercero. Este fallo es retomado en los juzgados, absolviendo a muchos consumidores y cultivadores que utilizan la planta para consumo personal. De todas maneras, este fallo es insuficiente, ya que algunos cultivadores de baja escala siguen privados de su libertad aún hoy.
¿Cuál es el contexto histórico de la obra?
FA: La ficción sucede en clave de sátira de la Argentina de los 30, la famosa Década Infame. A su vez, la primera vez en la historia que se prohibió la marihuana en Estados Unidos fue en 1937. En este contexto, representamos un laboratorio secreto de máxima seguridad donde se lleva a cabo el experimento. Esto también nos llevó a investigar en el lenguaje y los modos de la época, pero por momentos se cuelan gags del lenguaje actual, generando un efecto muy divertido y disruptor.
¿Cuánto tiene de realidad y cuánto de ficción el texto?
MS: Al comienzo de la obra, nos ponemos en la voz de uno de los personajes más importantes de nuestra patria, quien tenía el sueño de hacernos un país cultivador de cáñamo, para uso industrial. En la vieja Europa, era un cultivo muy popular y rentable, tanto que se dice que las velas y las sogas de las carabelas de Colón estaban hechas con la fibra de esta planta. Nuestro prócer, encontraba en este cultivo y en el de lino la posibilidad de levantar una economía fuerte. Tanto es así, que hasta dejó en sus memorias un manual para el cultivo de cáñamo. Más allá de este pasaje histórico, el cual abordamos con ciertas libertades, podemos decir que la obra en sí, es ciento por ciento ficción, pero tiene un gran sustento en lo real. Trabajamos con una supuesta hipótesis de por qué es ilegal el cannabis: ¿Quién tomó esa decisión? ¿De qué manera? ¿Bajo qué presiones?
FA: Si nos ponemos a ver lo que pasó en la historia real, sucede que en 1961 la ONU estableció una lista de drogas peligrosas, “sin potencial de investigación científica”, donde se incluyó al cannabis junto a la heroína o la cocaína, por ejemplo, pero dejando afuera al tabaco y el alcohol. Hoy, a 60 años de esto, podemos cuestionarnos si esta valoración tuvo un carácter estrictamente científico o estuvo condicionado por algunos factores económicos o políticos. En los 70, Nixon declara “la guerra contra las drogas”, disputa que se libraría en territorios de los países periféricos, aún cuando Estados Unidos tiene uno de los porcentajes más altos del mercado en la demanda de drogas ilegales. Y esto se sostiene hasta hoy en día... Entonces, si combatir la oferta no está dando los resultados que se necesitan, ¿por qué no regular la demanda y darle un marco legal a la misma?
¿Por qué piensan que el tema de la marihuana siempre estuvo y está rodeado de polémica?
Manuel Melgar: Todo lo que es ilegal es polémico. Cada cual puede esgrimir el argumento que quiera. En el caso del cannabis hay mucha desinformación dentro de la sociedad, mucho prejuicio y la prohibición no hizo más que contribuir a la demonización de una planta. Las instituciones más arcaicas y entes gubernamentales también hicieron su parte encontrando un chivo expiatorio para poner al cannabis como hacedor de ciertos males que afectan directamente a una sociedad que se quiere constituir como perfecta e impoluta, sabiendo que las personas tenemos mundos y contextos diversos y sabiendo, de antemano, que no somos seres perfectos.
FA: La polémica siempre se arma alrededor de quién es el que consume el cannabis. Si bien consideramos que el tema y la discusión sobre cannabis sí o no se está abriendo y generando nuevas visiones, no podemos perder de vista que existe una distancia discursiva que polariza y confunde la mayoría de las veces.
¿Cuál es la posición de ustedes sobre el consumo medicinal y recreativo?
Adriano Espinosa: Creemos que la planta es una sola, que tanto lo recreativo como lo medicinal quedan contenidos en el carácter terapéutico de la misma. El alivio de los dolores y la mejoría del humor, hacen a una vida más amena, y al fin y al cabo, eso es lo que importa. Creemos también, que recién se está empezando a reivindicar su uso y estudio y que los beneficios que esta planta posee siguen en aumento. Recordemos que lleva prohibida casi 90 años, pero antes de eso, su uso data desde miles de años antes de Cristo, en las culturas antiguas y no tanto, su uso iba desde lo alimenticio a lo medicinal, pasando por lo textil y hasta para fines religiosos. Nuestro grupo está formado por gente que consume y gente que no. E incluso alguno de nuestros participantes estaba muy en contra del uso hasta hace no tanto, cosa que cambió con la llegada del aceite de cannabis y los resultados concretos que se pueden observar. Tenemos a más de un abuelo del grupo que la está pasando mejor. En lo que todos coincidimos es que su uso adulto debe regularse.
¿Desde qué punto de vista abordan “la rigidez” del ejército y de la ciencia?
Esteban Trivisonno: Cuando fundamos la base de nuestro universo, las figuras del ejército y la ciencia sirvieron como contrapunto emocional para diferenciar ciertos rigores y lugares donde nos podía llevar la crítica que pretendemos. Nos motiva pensar que la verosimilitud a la que apuntamos desde la construcción de personajes y el espacio escénico puedan potenciar al espectador a tomar partido y descubrir los puntos de vista que tenemos sobre estas estructuras de poder. El tema es abrir el juego... no ser tibios. El error es pensar que ambos espacios se definen por su arbitrariedad o el carácter fáctico que ambas imponen y proponen. La trama ficcional de nuestra obra indaga en los comportamientos de personas puestas en una situación límite y de plena prueba y error, las obsesiones, frustraciones, miserias y conductas irresponsables afloran en el momento exacto donde se tienen que tomar decisiones. Ahí queremos ir. En “Artículo 19”, bajo la figura de farsa, dos representantes del ejército y la ciencia se vuelven en contra de lo que ellos mismos representan cuando sus propios campos emocionales y sistemas de valores se ven puestos a prueba en pos de la grandeza, de “dejar algo”. Y en un marco así, donde los seres humanos no medimos más que por nuestro propio parecer o el supuesto legado que queremos dejar, es donde se cometen desde abusos de poder hasta toma de decisiones que a veces van en contra de aquello que representamos.
¿Cómo se manifiesta o se filtra el humor en la obra?
FA: Creo que el humor aparece transversalmente en este universo de sátira científico-militar. Es una obra donde es difícil encasillar el estilo del humor, sino que pasa por formas muy variadas: desde un humor más absurdo, capussottiano, pasando por otro de estilo más inglés, e incluso comedia física y otras variantes más actuales como el ridículo o el cringe. Creemos que es una comedia donde cada espectador va a saber dónde poner el acento y va a poder elegir de qué reírse.
ET: Nos metemos en lugares oscuros, frágiles e inestables. Este triángulo de poder que se arma y manifiesta cuando el experimento se pone en marcha deja pasar todo tipo de conductas que bordean la comedia negra, el vodevil y la comedia física. El humor, tal cual afirman, corre el velo y deja ver lo que hay detrás.
¿Cómo será en la práctica el “rol activo” que proponen al espectador?
ET: El rol activo tiene que ver con presentar el experimento en diferentes fases emocionales que nuestros personajes evidencian e invitan al público a una constante incomodidad. Apelamos a que antes, durante y después del espectáculo el potencial espectador tome una bandera y pueda tener un juicio concreto. ¿Difícil tarea? Sí, claro. Pero es mucho más complicado excluir al espectador con temáticas y universos que no conoce y no pretende explorar. Acá estamos jugados, entregados a la polémica porque sabemos que nuestro material se vale de elementos que, del vamos, presentan contradicciones muy profundas y actuales. Nada aterra más que un supuesto.
¿Cómo es la puesta en escena? ¿Cómo se cruza lo audiovisual con lo teatral?
ET: Tenemos intervenciones audiovisuales previas y dentro de la obra que se manifiestan en los puntos más álgidos del experimento y las pruebas a las que someten al soldado. No es nuestra intención adelantar qué se ve y qué se escucha, solo diremos que es variado y en diferentes niveles, que hay una pantalla, varios personajes tácitos que aparecen cual espectros, un equipo glorioso de técnicas y técnicos jóvenes que se pusieron al servicio de estas producciones audiovisuales, un productor musical de primera línea como Fabián Gallardo que ha creado un potente universo de climas sonoros y que no hace más que adentrarnos hacia este experimento que promete mucho y que nosotros, como equipo y sabiendo que viene en cada instante, no deja de sorprendernos.