"No matarás", ordena Dios en su Palabra, más en todos los tiempos el hombre, desoyendo el mandato divino, ha cometido y continúa cometiendo los más viles asesinatos manchando con sangre sus manos y conciencia. También se ensaña con los que aún no han nacido, pero que "ya son" en el seno materno, cuestionando el derecho a la vida, el cual se adquiere desde el mismo momento de la concepción hasta la muerte natural. "No matarás", dice Dios, pues la vida no sólo es el mayor de los dones y dádivas divinas sino también el derecho fundante de todos los demás. El asesinato de un niño antes de nacer, pequeñito e indefenso, irresponsablemente convocado a la vida para ser exterminado luego, y con él también a toda una generación potencial, es un crimen atroz. A vos, mujer, reflexioná y no te transformes en asesina del fruto de tu vientre, el cual es de gran estima para Dios. Podrán romperse instituidos en pos de nuevas significaciones y sentidos, siempre y cuando no alteren ni contradigan las leyes divinas, que son sagradas y eternas. Cristianos, levantemos nuestra voz porque callar es otorgar, lo cual nos convierte en cobardes cómplices de crímenes horrendos perpetrados por aquellos que teniendo cauterizada la conciencia los ejecutan sin piedad. En medio de una sociedad que entre otros "chiches" promueve los vínculos sin compromiso, el sexo sin responsabilidad, la ciencia sin conciencia y la fe sin coherencia polarizando el decir con el hacer, todos aquellos que no queremos transformarnos en cómplices, cual miserables marionetas del poder, gritemos bien fuerte proclamando el divino mandamiento que dice: "No matarás".


































