El Rolls Royce Phantom de 600 mil dólares fue importante como señal de la
existencia del nebuloso ámbito del cual Mario Roberto Segovia obtenía los recursos de una vida de
película. Ahora no son solo indicios: de ese mundo hay descripciones detalladas. Las dejó el propio
Segovia en unos tres mil mails que se encontraron en la bandeja de entrada de su correo
electrónico. Son referencias que, por demolición, aportan precisiones sobre una estructura
delictiva compleja y a escala, que muestran que no solo de pan, o efedrina, vive el hombre.
Nombres, domicilios, alusiones a viajes reiterados a Europa y Asia, reseña de
operaciones comerciales ilícitas y por volúmenes económicos astronómicos. Los mensajes
interceptados por la Secretaría de Inteligencia del Estado (Side) aportan coloridos trazos de esas
actividades e implican al llamado Rey de la Efedrina en otras iniciativas marginales a la ley:
tráfico de cocaína, piratería del asfalto y explotación comercial de redes de pedofilia en México y
España son algunas de ellas. Y hay más , pero aún ni se empezó a investigar: lavado de dinero, algo
inseparable del narcotráfico.
Conexiones. El inventario de los mails de Segovia deja claro que tenía jefes
locales y externos. Respondía a superiores en Rosario y Buenos Aires. En Rosario están apuntadas
dos personas cuyos nombres, que ya se conocen, corresponden a individuos reales. Lo más
significativo acaso sea lo que liga al dueño del chalé de Fisherton a hombres del Cartel de
Sinaloa, la sangrienta organización que controla el mercado de drogas en Culiacán, México.
La pintura de esta estructura delictiva polirrubro se acumula en un legajo
reservado, paralelo al de la causa de la efedrina, en el juzgado federal de Campana a cargo del
juez Federico Faggionatto Márquez. Ya con varios cuerpos, este expediente agranda el universo de
delitos. El aporte de la Side transparenta el contenido de ida y vuelta de los mensajes
electrónicos. Son encadenamientos de mails con detalles lapidarios. "Dejó los dedos marcados en
todos lados", planteó un allegado a la causa.
El que Segovia no haya borrado sus mails implica un inesperado y ventajoso
aporte para quienes lo investigan. En la lista de contactos surgen 30 domicilios de 50 personas que
serán investigadas por delitos de gran escala, con teléfonos y direcciones de empresas. Esos datos
fueron enviados a las autoridades judiciales y del gobierno de México para ampliar las pesquisas ya
en curso.
Mario Segovia estuvo el martes pasado en el juzgado federal de Campana. Ya se
había rehusado a declarar sobre la causa de la efedrina en la que, desde abril, tiene procesamiento
confirmado por la Cámara Federal. Esta vez lo convocaron para imponerle los nuevos cargos.
El trámite duró nueve horas y, como en ocasiones anteriores, declinó hablar.
Pero esta vez escuchó. A medida que le leían lo que surgía de sus propios mails fue agitándose y
empalideciendo. Jamás pensó que detalles tan finos estuvieran en manos de los investigadores. Pidió
ir al baño. Al salir, parecía ser un muerto que caminaba.
Camino al cielo. Los pasos de Segovia que interesan a la Justicia empiezan en
2006. Son los que lo hicieron millonario como principal contrabandista de efedrina, según el
Ministerio de Justicia de la Nación, con 8.171 kilos de esa sustancia enviados a México hasta
noviembre de 2008, cuando fue arrestado en el aeroparque de Buenos Aires. Los detalles de esa
actividad conocida fueron largamente difundidos desde entonces. Los que siguen son algunos de los
descubrimientos nuevos:
u Al notar la demanda de efedrina y los dividendos que reportaba la actividad,
Segovia había empezado a meditar en la conveniencia de producir la sustancia a nivel local y así
eludir los costos de la importación. Para eso había adquirido campos en San Juan y Santiago del
Estero y obtenido diez gramos de semilla de efedra (ver página 41). El aspecto referido a combatir
enfermedades respiratorias no le importaba tanto como la propiedad de la efedrina como insumo para
fabricar metanfetaminas, como por ejemplo el éxtasis, de enorme rentabilidad comercial. No llegó a
cultivar efedra, pero sí a detallar en los mails que intentaba hacerlo. Incluso llegó a iniciar los
trabajos de desmonte de vegetación nativa en los campos adquiridos.
u Los mails demuestran que el comercio de estupefacientes no se limitaba a la
efedrina. Hay allí referencias, según las fuentes, a tráfico de cocaína procedente de Centroamérica
y Perú, que tenía a Segovia como enlace de triangulación para redestinarla a Europa.
u También quedan en evidencia actividades conectadas a la piratería del asfalto.
Segovia aparece en la faz de coordinación de la venta de un lote de motos robadas por asaltantes de
caminos. Su rol, se desprende de los textos, era el de negociar la mercadería.
u La más sinuosa de las actividades es la que lo liga, de acuerdo sus correos, a
una red de pedofilia y pornografía infantil con aparente sede en España.
En referencia al tráfico de efedrina, los mails desnudan identidades de
destinatarios y lugares de recepción de los embarques procedentes de Argentina. A veces, los
nombres y los lugares aparecen cambiados en los embarques físicos. Pero los correos electrónicos
dejan claro quiénes eran los auténticos receptores de los envíos, es decir, los sujetos detrás de
los domicilios o las identidades.
Estos escritos por internet también revelan una estructura necesaria para
concretar las operaciones. Se advierte, según lo que manejan los investigadores, un plantel de
aceitados eslabones en la cadena física del contrabando: personal de aduanas, controladores de
depósitos fiscales, empleados de fuerzas de seguridad.
Precisiones sobre miembros de asociaciones ilícitas, nombres de sus superiores y
detalles de los planes de acción narrados en forma clara. Todo este abanico conforma una nueva base
de datos. Y Segovia, por primera vez, tuvo la confirmación la semana pasada de que sus
investigadores la manejan. Tal vez por eso, ahora aceptaría hablar por primera vez. ¿Cuál sería la
razón? Acaso el hecho de que hay evidencia escrita de muchos delitos, que lo comprometen ante las
instituciones y, acaso más grave, ante sus socios comerciales, que tienen modales distintos al de
la ley penal. Pero también en los mails hay indicios de que hay otros ilícitos de los que fue
acusado en los que se presume no tiene que ver. Y esto es algo que Segovia dijo.
¿Qué cambió esta semana para Segovia? El sabía que estaba acusado por una serie
de ilícitos. El martes se enteró de que existen legajos que corren paralelos a la causa de la
efedrina, que agrandan el universo de delitos y que detallan un catálogo de contactos y narraciones
de hechos que resultan demoledores en su contra. Sus abogados, Diego Salva y Claudio Caffarello,
tendrán que analizar el nuevo escenario: los investigadores confían en tener datos "como para
llegar al centro de la tierra".