Entrevista

"Alberto no está a la altura de lo que prometió en campaña"

Para el periodista Diego Genoud, autor del libro El peronismo de Cristina, el presidente "no cuida su palabra, que es la base de su autoridad"

Domingo 16 de Mayo de 2021

Para el periodista Diego Genoud, la experiencia del Frente de Todos marca un peronismo que, a diferencia de otras etapas históricas, sufre el poder. En esta entrevista con La Capital, el autor de El peronismo de Cristina (editorial Siglo XXI), uno de los más lúcidos analistas políticos del país, analiza las tensiones en la coalición de gobierno, advierte que Alberto Fernández “no está a la altura de lo que prometió en campaña” y considera que si Horacio Rodríguez Larreta no critica la experiencia macrista difícilmente pueda conseguir los votos que necesita para convertirse en presidente.

  

—¿Por qué dice que este peronismo sufre el poder?

—Son varias cosas. Por un lado, están las restricciones económicas: la deuda, la recesión, la inflación, todos los límites estructurales que se profundizaron en la última década. Es un peronismo de la escasez: no se ve por dónde repartir y no está tan claro cuál es el modelo que hay que implementar. Por otro lado, en la propia conformación del Frente de Todos —por esta anomalía de origen en que Cristina es la principal accionista— hay una razón de sufrimiento. El llamado a un protagonista que había dicho las peores cosas de su gobierno fue un golpe letal a la oposición pero ahora pareciera volverse en contra, porque Cristina no está satisfecha con Alberto en la función pública. Economía y política explican un peronismo que va a contramano de su historia. 

  

—Al comienzo de la pandemia Alberto Fernández logró su pico de respaldo social. ¿Por qué su poder se fue licuando con el correr de los meses?

—Alberto comenzó su gestión personal con la pandemia, lo despabiló, pero después quedó atrapado, no pudo salir del Aspo. Durante demasiado tiempo la sociedad lo fue desbordando, y eso le fue haciendo perder autoridad. Obviamente el contexto es difícil, pero le asigno mucha responsabilidad a Alberto en el hecho de que él no está a la altura de lo que prometió en campaña. Entre sus credenciales estaba el “como lo hicimos con Néstor” y la historia las está desautorizando. Él está reescribiendo su lugar en la historia, es como un ex jugador que vuelve para retirarse en su club. Había quedado como ese jefe de Gabinete implacable, eficaz, que ejercía el poder, también que era muy duro con sus opositores, y hoy pareciera que eso se deshilachó. Dice una cosa y mañana otra, habla con todo el mundo todo el tiempo, hasta hace poco tuiteaba de madrugada; es Alberto el que no cuida su palabra, que es la base de su autoridad. Si no ganaste nunca una elección, sos presidente sin haber construido poder propio y si encima a ese déficit le sumás un uso incorrecto de la palabra la tenés muy difícil. Alberto pareciera ser un presidente de transición: más allá de todo, él no pareciera tener una estrategia de poder para quedarse. Parece decir que es un paréntesis hasta que el peronismo resuelva sus diferencias internas.

  

—¿Cree que esa transición ya es 2023?

—No sabemos nunca lo que va a pasar en la Argentina, pero parece que la transición de Alberto termina en 2023. Quizás mañana llegan 15 millones de vacunas, aumentan los salarios, el pueblo recupera la alegría y el Frente de Todos gana las elecciones, pero hoy no parece ese escenario. Hay mucha incertidumbre y pesimismo en la gente y mucho disconformismo en la dirigencia del Frente de Todos. Cristina y otros dirigentes piensan que esta elección está perdida.

  

—¿Cómo está jugando Cristina en el día a día del gobierno?

—Cristina, más allá de su omnipresencia y su poder, en el primer año incidió bastante poco: le dejó a Alberto el gobierno llave en mano para que conduzca. Más allá de algunos pronunciamientos confusos que hizo —por ejemplo, respecto de la idea de un contrato social— Cristina le puso a algunas personas pero le dio a Alberto la iniciativa. Terminado este primer año, Cristina está jugando más fuerte, dando la discusión dentro del Frente de Todos para ganar las elecciones.

  

—¿Y cómo analiza la sorprendente sociedad entre Massa y Máximo?

—Evidentemente han encontrado un modo de funcionamiento. Se dijeron muchas cosas: Massa usaba camporista como un insulto y La Cámpora también lo defenestraba a Massa; eso quedó atrás, hay un pacto de no agresión. Hay un acuerdo y no es poco, en el marco del desacuerdo político dentro del Frente de Todos. Cristina es otra cosa: no sé si le daría a Massa un gobierno llave en mano porque Massa es un jugador ambicioso, que juega en varias canchas a la vez: es el vértice de un bloque de poder propio, con terminales en Comodoro Py y Estados Unidos. Es muy interesante ver cómo va a derivar eso: cuando Alberto lo trajo a Massa al Frente de Todos pensó que iba a estar en su equipo para hacer contrapeso al kirchnerismo y vemos que Massa se asoció con Máximo y Cristina, y Alberto se quedó solo.

  

—Una de las tareas de Alberto era recomponer relaciones con un sector del empresariado que durante el macrismo pasó del entusiasmo a la decepción. ¿Tiene alguna apuesta política ese poder económico?

—Hay sectores más jugados con el gobierno, pero son los menos. Todo el mundo trata de preservar su negocio, no hay una élite empresaria que discuta un proyecto de país. Cada empresario trata de conseguir una empresa para su compañía y su sector y ya nadie cree demasiado en nada. El empresariado se decepcionó con la gran apuesta que era Macri y se decepciona ahora con Alberto, que no va al centro que ellos quieren. Veo al empresariado muy atomizado, ni siquiera conspirando porque no hay mucho con qué conspirar; puede ser Larreta, algo del peronismo del medio, pero hoy al empresariado lo veo en el sálvese quien pueda.

  

—Mencionó a Larreta, ¿Cómo cree que se resolverá la puja entre halcones y palomas en Juntos por el Cambio?

—También ahí hay una discusión fuerte: Macri quiere reconstruir su poder como lo hizo Cristina, se cree el dirigente más importante de la oposición y aspira a poner (si no puede ser él) el próximo presidente. Eso depende mucho del juego de Larreta, que es un tipo con mucha experiencia política —era el que gobernaba mientras Macri era el jefe de gobierno, según lo que te dicen los propios macristas—, pero tiene que pelear el liderazgo. Hay que ver si él va a ir como el delfín de Macri, o si va a tratar de superarlo. Si no hay una crítica fuerte a lo que representó el macrismo como experiencia traumática va a ser difícil que pueda sumar los votos que necesita para ser presidente.

En esta nota

¿Te gustó la nota?

Dejanos tu comentario