El pasado 19 de mayo en la nota titulada "Interpol secuestró en el aeropuerto de Ezeiza cuadros robados en Perú", el diario La Capital brindó sobre mi persona información equivocada que afecta mi buen nombre, sin que nadie se contactara conmigo para corroborarla. En tal sentido, hago uso de mi derecho a réplica y aclaro: en primer lugar, no existe ninguna denuncia de que alguno de los cuadros de este embarque haya sido robado en Perú. En este embarque no hay ninguna obra robada ni exportada ilegalmente. Todas cuentan con la documentación correspondiente que se tramitó durante meses en distintos organismos nacionales. Tampoco se incluyen esculturas en el embarque. Los cuadros pertenecen al patrimonio cultural argentino y están en el país desde hace más de 70 años. Soy un profesional de larga trayectoria en el mercado del arte. Jamás he falsificado permiso alguno ni he estado involucrado en ningún hecho ilegal. Respecto del reclamo del Gobierno del Perú que menciona la nota, el cuadro robado al Museo Andrés Avelino Cáceres de Ayacucho, es otra pintura. Pese a ello Perú me lo reclama y por tal motivo inicié un juicio por daños y perjuicios en ese país contra el Instituto Nacional de Cultura del Perú. Del mismo modo en lo referente al cuadro "Sagrada Familia con San Juanito", corresponde señalar que cumplió con todos los procedimientos legales de exportación y de importación, lo cual fue confirmado por la aduana de los Estados Unidos. Su veredicto fue concluyente: todo estaba en regla y de acuerdo a la ley. La nota refiere a su vez a un supuesto conflicto en Francia. Este episodio está completamente tergiversado. Compré dos obras a los ciudadanos peruanos mencionados y al consultar con una casa internacional de remate de arte sobre su valuación, tomé conocimiento de que los cuadros podían corresponder a dos obras robadas a un coleccionista francés, el señor Philippe de Boisseieu. Ante esa información, me puse en contacto con el señor de Boisseieu quién me ratificó el dato ante lo cual restituí las obras. De Boisseieu certificó que yo las había comprado de buena fe y me reembolsó la suma pagada por los cuadros, según marca la ley francesa. Tengo a su disposición toda la documentación vinculada a tal operación. Como se ve, la información vertida es falsa y afecta profundamente mi buen nombre, por lo que solicito se publiquen mis aclaraciones en igual condiciones que el artículo original.





































