El pasado domingo, mientras en los bunkers de Daniel Scioli, Mauricio Macri y Sergio Massa había festejos por los resultados electorales, en buena parte del territorio bonaerense y en algunas zonas de Santa Fe, miles de compatriotas sufrían las inclemencias climáticas. Pareciera que la naturaleza está enojada con los argentinos. Las escenas que mostraba la televisión de la Basílica de Luján, acorralada por el agua, helaban la sangre. Pusieron en evidencia la desolación en la que están inmersos sus habitantes y la negligencia y desidia de las autoridades, rayanas con el delito de abandono de personas. En estos momentos hay compatriotas nuestros que están a la intemperie. Desesperados por no abandonar sus hogares, se refugian directamente en las terrazas como último opción para resistir los embates del agua. Este drama humano demuestra hasta qué punto somos una sociedad subdesarrollada, incapaz de castigar a los políticos en las urnas. Pone en evidencia, también, la frialdad de una clase política que sólo tiene en mente la carrera presidencial. Mientras tanto, Daniel Scioli viajaba a Italia acompañado por su esposa. ¿Puede concebirse tamaña demostración de indiferencia frente al sufrimiento de argentinos desesperados por no perderlo todo? Pensar que este político está a un paso de ser el nuevo presidente de la Nación. Que Dios se apiade de todos nosotros.




































