Economía

Precios: 4.000 años y seguimos probando

Reflexiones sobre el acuerdo "Precios Esenciales", un paliativo que no resuelve el problema.

Domingo 28 de Abril de 2019

Finalmente se dio a conocer el paquete de medidas que según los comunicadores tienen por objeto "aliviar" la situación económica. Paliativos y analgésicos que comprobado está a lo largo de la historia, no resuelven el problema inflacionario coyuntural y mucho menos sus causas de fondo. Pero, cuando estas contra las cuerdas te defendés como podés, con los ojos cerrados y tirando piñas al aire.

Una biblia de lo que no se debe hacer para intentar controlar la inflación, fue escrita por R. Shuettinger y E. Buyer por la década del 80. Los 4000 años de controles de precios y salarios; formas para no controlar la inflación. Está claro y el gobierno lo sabe, que esto es corto plazo.

En la esencia económica un "control" genera una multiplicidad de cambios y distorsiones en el mecanismo sobre el que empresas y consumidores toman decisiones, posicionando la órbita de éstas en el marco de la economía centralizada y no en la libertad de las decisiones individuales que siempre se motivan por mejorar su situación individual.

Claramente la urgencia política y también económica, obliga al gobierno a desandar uno de sus argumentos de campaña y filosofía de gestión enfocada en el mercado y libertad económica. El control de precios genera severas distorsiones en el sistema de decisiones.

Los precios tienen como misión, ser una guía a partir de los cuales compradores y vendedores toman sus decisiones. Los precios enseñan el concepto de la escasez y le asigna un valor.

Cuando la demanda es mayor a la oferta, los precios suben (porque hay más consumidores dispuestos a pagar por los bienes que los dispuestos a ofrecerlos). La expectativa de generar utilidades atrae nuevos oferentes y, en competencia los precios buscan un nuevo equilibrio (precio menor).

Cuando la oferta es mayor a la demanda, los precios bajan (porque hay más oferentes dispuestos a vender que los consumidores que están dispuestos a pagar por ellos). Los compradores buscan más productos y los oferentes se retraen, quitan volumen de producción y no es rentable hacerlo.

Con el control de precios las señales a oferentes y demandantes se manipulan, perdemos noción de la escasez y lo más importante, se genera la incertidumbre que se traduce en menos incentivos a producir. Los oferentes se alejan del escenario y surge el mercado negro.

Las empresas que bajo un escenario de "libertad económica" son rentables, bajo un esquema de precios regulados o controlado, literalmente se ven obligadas a dejar de producir porque no tienen incentivos para hacerlo a los precios que por manipulación se definen.

Yendo un poco más allá de la lógica económica descripta, el argumento control de precios va inclinando la balanza hacia la economía centralizada y dota con un as de espadas a la dirigencia que se ensaña con el mercado tildándolo de incapaz en asignar recursos debidamente en búsqueda del equilibrio. No se habla del origen del problema, porque ahí sí, los protagonistas cambian y hay que asumir responsabilidades, además de decisiones incómodas.

Por las dudas...

Nuestra experiencia en términos de inflación es infinita. Lidiar con valores como marzo +4.7%, 54,7% i.a. y una proyección al final del mandato del actual gobierno del 270%, habla claramente que si hay algo es que no estamos haciendo las tareas como corresponde. Sabemos el diagnóstico precisamente, pero seguimos con placebo, el resultado es lógico!.

¿Como formás precios si no sabés lo que viene para adelante? Solo tenemos la referencia de lo pasado y en este sentido, es lo único que tenemos para costear. Entonces, ante la falta de confianza en las promesas no cumplidas, nos queda mirar para atrás y proyectar algo similar, o sea re-marcar "por las dudas". No es lo adecuado, pero es lo practico...Un espiral.

Patear la pelota para adelante (hasta diciembre) no es una solución, es justamente eso, diferir y encubrir temporalmente las necesidades de reformas estructurales que son necesarias y absolutamente impostergables: impositivas, laborales, tamaño del Estado. Los controles "anestesian" temporalmente la problemática, permite ganar tiempo al gobernante de turno y desvía la atención de los verdaderos problemas de fondo. No es casualidad que este concepto sea tan acuñado y avalado por los políticos (que no saben de economía).

Los controles de precios, artificialmente definidos atentan con el principio de ganancias (no de abuso), dado que cuando el gobierno entiende que determinado bien o servicio tienen precios excesivos, se definen controles y apuntan también a los márgenes de rentabilidad, obvio. ¿El resultado? Los inversores desvían sus decisiones de formación de capital a otros destinos, por ejemplo buscar rendimientos en activos financieros. Esto es menos empleo, recaudación, etc.

Este esquema artificial, además ofrece una "falsa calma" a los trabajadores pueden incorporarla como tal, entendiendo que a partir de los controles de precios el comportamiento de precios y salarios puede ser predecibles generando cierta estabilidad que en la práctica de rentabilidad y largo plazo tiene poco.

Estos controles, logran desviar la atención desde la lógica económica del mercado hacia la dirigencia que ahora tiene el control de la situación. Siendo así, los empresarios deberán ahora trabajar más enfocados en sus influencias dentro de los organismos de control que en el de mejorar su oferta y propuesta de valor hacia sus clientes.

Estos mecanismos a lo largo de la historia y el todo el mundo, han demostrado su absoluta incapacidad como herramienta para combatir la inflación. En verdad nada tiene que ver un control de precios con la solución de un problema tan profundo y sensible como la inflación que en su génesis se edifica a partir de incongruencias en: políticas fiscales y monetarias, excesiva presión impositiva, cambiantes reglas de importación y exportación, restricciones competitivas, y en definitiva vivir por encima de las posibilidades. Las cuentas llegaron. Seguramente si los dirigentes trabajan en consenso y dejan sus egoísmos de lado, quizás superemos esto de aplicar herramientas que fueron sepultadas hace 4.000 años y sin embargo, seguimos probando.

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