
El asistencialismo en su encadenado descriptivo abarca: prestar socorro, compasión, lastima, limosna y auxilio, entre demás acepciones que se enfocan en la benevolencia y respuesta a la supuesta-dignidad de todos los seres humanos que de una forma u otra son relegados o desplazados de un sistema de mercado "injusto".
Lo cierto es que el asistencialismo crece geométricamente. La foto es una proporción de personas ociosas con sus lógicas demandas y un Estado que coactivamente "redistribuye" desde el sector privado productivo hacia la gandula que no es consecuencia del mercado sino del propio accionar publico.
En economía existe la "función positiva de oferta" (cuando el precio de algo sube, hay una mayor propensión a ofrecerlo). En el asistencialismo seria similar: a medida que los incentivos a recibir esta dádiva crecen, los demandantes también y paralelamente, los incentivos a trabajar asi como valerse por sus propios medios desaparecen, profundizando la crisis de los más vulnerables y el cínico clientelismo que este sistema estimula.
El cálculo simplificado seria: a) trabajar en alguna actividad que genere valor agregado y la dignidad de la tarea (neto del pago de impuestos) ò b) recibir la asistencia (sin quitas), viviendo a expensas de los contribuyentes. De perogrullo resaltar que aquellos trabajadores (o ex) menos calificados o informales gracias a este sistema vieron cauterizadas sus iniciativas personales de superación subsidiando la desocupación a expensas de la producción.
En el origen, los asistentes sociales fueron individuos que con su accionar cooperativo ayudaban a las persona a re-inventarse, valerse nuevamente por sus medios, a recomponer la confianza en sí mismo y volver a ser productivos lo antes posible. En la actualidad esa tarea mutó a un esquema de reclusión de nuevos postulantes y a la proclama permanente por sus derechos, dejando de lado el objetivo genético de la acción: devolver la dignidad al ser humano.
El liberalismo inglés del siglo XIX por medio de su "Ley de Pobres" promulgaba el desincentivo a vivir del asistencialismo mediante estrictas reglas de calificación y asilo, así como también estimulaba la pronta vuelta el digno virtuosismo de valerse por si mismo.
Un ejemplo de esta filosofía se profesa en las iglesias mormonas (Plan Bienestar — 1930), trabajando solidariamente en su comunidad, procurándose independencia de la dádiva y consolidando la confianza en sí mismo como valores personales esenciales.
El profesor Edgard C. Banfield en su obra The Unheavenly City (1970), se planteó el escenario de las "clases" sociales no atadas a un concepto económico (ingresos) sino en actitudes y visiones de cara al futuro. La gente de clase media y alta: tienen una clara orientación de futuro, metas y planes de acción. La gente de clase baja: se orienta en el día, en el corto plazo. El hoy.
Un problema colateral del asistencialismo es la "desempleabilidad remunerada". La dificultad de conseguir un empleo estable, no es tan complejo como lograr que quien lo toma sea responsable en su tarea y cuide su fuente de ingresos.
La pobreza y la indigencia pueden revertirse. Hay algo claro: el Estado ha demostrado su torpeza e ineptitud sobre la problemática y en efecto la ha profundizado a límites escandalosos.
El profesor Y. Broten decía que "cuanto menos un Estado utilice su coacción en resolver los problemas de la desigualdad, mas pronto se resolverá". Claro que esto implica reducir cargas impositivas, subsidios y privilegios monopólicos.
No es magia. En economía no existe tal concepto. Existen los incentivos y los estímulos correctos: reglas de juego estables, imposiciones razonables, una educación integral productiva y un Estado palanca y no piedra del zapato.
Sólo así pueden estimularse iniciativas privadas que devenguen en: inversión, ahorro, empleo y mayores ingresos de los ahora, nuevos asalariados.
La caridad o solidaridad de hoy se define en compartir-redistribuir un bien finito (quitar a unos para darles a otros). Para modelos mentales de vanguardia, consiste en potenciar herramientas (inversión-ahorro y formación de capital) que permitan producir una mayor cantidad de bienes.
La historia nos enseña que el Estado es un bodoque del que pocos se benefician mucho y con un enorme costo social. En oposición, el mercado ofrece oportunidades para muchos y a un costo marginal. Los romanos bautizaron panem et circenses ("pan y circo") como una forma práctica y efectiva de concentrar la atención masiva procurándoles alimentos y entretenimientos de baja calidad en modalidad asistencialista.
El futuro de este país merece otra perspectiva. Amerita que se dejen de expropiar fondos a re-distribuir, con la falsa ilusión que este accionar es una respuesta y solución que preocupa a los burócratas.


