Con el paraguas de ese convenio también realizan tareas en otros efectores de la ciudad como el Alberdi o el Roque Sáenz Peña, entre otros.
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El equipo de trabajo que comenzó con 14 integrantes se fue moldeando a fuerza de la experiencia en el trabajo cooperativo. En el camino quedaron la mitad de las y los socios, debido a la necesidad de encontrar un sustento económico en medio de la pandemia.
“Hicimos el camino inverso al resto de las experiencias: primero nos formamos y luego nos constituimos como cooperativa”, señaló Telma Addelgamit, quien recordó que el equipo surgió en el marco del plan Nueva Oportunidad, a través del cual “realizamos un ciclo de capacitación con la Escuela de Gerontología, aprendimos sobre cuidados, derechos de niños, adolescentes y adultos, salud, alimentación”, entre otros saberes.
“La pandemia alargó los tiempos administrativos para la habilitación”, recordó Estela, otra de las integrantes de Fuerza del Oeste y explicó que el principal escollo que encuentran hoy para crecer y escalar en actividad es lograr que se “acepte la forma de trabajo cooperativo”, que es distinto a una labor individual.
Mediante el convenio municipal hoy los siete integrantes de la cooperativa trabajan en el centro asistencial donde existe la demanda, pero también realizan trabajos particulares en domicilio.
Esa función de cuidados entienden que tiene un rasgo diferencial. Es por eso, junto a las más de 70 cooperativas de cuidados del país están reclamando para que se logre aprobar una ley que contemple esa tarea.
Ese tema fue uno de los que discutieron en el Encuentro Nacional de Cooperativas de Cuidados que se realizó en abril de este año en Puerto Madryn, coordinados por referentes de Universidades de todo el país y el Instituto Nacional de Economía Social (Inaes).
También en ese ámbito se decidió avanzar hacia la conformación de una federación para el sector.
En Argentina el propio gobierno nacional presentó en 2022 un proyecto de ley integral de cuidados “Cuidar en Igualdad”, que busca redistribuir las tareas de cuidado de forma equitativa para mejorar la vida de las personas que cuidan, que son cuidadas o que quieren cuidar.
También apunta a ampliar las licencias por maternidad, paternidad y adopción y establecer un sistema integral de cuidados para evitar que estas tareas recaigan siempre sobre las mujeres. El proyecto aún duerme en los instersticios de la Cámara de Diputados y si bien tuvo un tratamiento en comisiones no obtuvo dictamen y desde el Ministerio de de las Mujeres, Unicef, OIT y ONU mujeres ya lanzaron una campaña para pedir su tratamiento.
Aunque esta iniciativa integral pretende dar un marco legal más amplio y abarcativo al tema, desde las cooperativas también militan por un proyecto de la diputada del Frente de Todos, Mónica Macha, para regular los aspectos laborales de la actividad.
Las cuidadoras y los cuidadores reclaman una legislación que termine con el trabajo precarizado “donde hay especulación y desamparo legal”, advirtió Machas, que junto con el colectivo de organizaciones del sector volvieron a presentar el proyecto de ley de cuidadoras domiciliarias, con el agregado esencial de las cooperativas como forma organizativa.
En Argentina, las mujeres destinan en promedio 6,31 horas diarias a tareas domésticas y de cuidado, mientras que los varones emplean apenas un poco más de la mitad de ese tiempo, unas 3,4 horas a una ocupación considerada clave para la reproducción de la vida, según los últimos datos de la Encuesta Nacional del Uso del Tiempo que elaboró el Indec.
Las integrantes de las cooperativas explicaron que esta suerte de vacío legal no ayuda para consolidar un piso de ingresos en el mercado de trabajo en el que se desempeñan. Hoy se rigen por el convenio de casas particulares. “No es lo mismo un conocido, alguien que cuide, que una persona especializada, con el conocimiento y las habilidades para ese trabajo”, explicó Telma, quien detalló que “existe una gran demanda” de cuidados porque “existe mucha gente sin familia u otras que la tienen pero no se pueden hacer cargo”.
Por eso, también desde cooperativa Fuerza del Oeste, señalaron que la intención es expandir el convenio que actualmente tienen con el municipio para “toda la población que lo necesite” y puso como ejemplo la posibilidad de actuar como acompañantes terapéuticos en los centros de salud local.
La definición de una forma organizativa, preferentemente cooperativa, para el trabajo de cuidados es esencial en lo inmediato. “Hay mucha potencialidad sobre todo en el tema del cuidado que va a ser fundamental en los proximos años debido a que las personas envejecen y su atención no puede ser solo una responsabilidad de las familias cuyos integrantes deben trabajar”, dijo Lilly Marinello, especialista del Universidad de Bologna, quien desde hace más de tres décadas trabaja en Cooperación Internacional con distintas ONG y en varios países, entre ellos Argentina, Cuba y Nicaragua.
La especialista disertó en el marco del ciclo “Juntas hacemos economía” sobre la experiencia de la cooperativa italiana Cadiai (Cooperativa Assistenza Domiciliare Infermi Anziani Infa), fundada en Bologna en 1974 en un contexto en el cual, entre muchos de los cambios ocurridos en ese país, se produce el cierre de los hospitales psiquiátricos. “Esto generó una demanda social de atención y de generación de nuevos servicios y a partir de eso se fueron formando esas nuevas cooperativas sociales de cuidado, integradas en su mayoría por trabajadoras, muchas incluso personal de limpieza, para atender a las personas”, relató.
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Lilly Marinello, especialista del Universidad de Bologna.
Hoy Cadiai tiene un gran reconocimiento en Italia y “presta servicios de excelencia”, detalló Marinello. En la cooperativa trabajan 1455 personas, de las cuales 1319 tienen un empleo estable, mientras que el resto son contratos a término. El 81,4% son mujeres.
La cooperativa se financia con los ingresos provenientes del pago de las familias de las personas que se cuidan, pero también del respaldo del Estado, que participa mediante licitaciones para la contratación de ese servicio.
“El rol del Estado es clave para la concreción de convenios como se hacen en Italia y aquí también pero además para controlar los estándares de calidad y la supervisión del servicio porque se está trabajando con personas”, indicó la especialista, quien valoró la estructura cooperativa para este tipo de prestaciones.
“No es que la persona que trabaja la persona que trabaja en una cooperativa gane más que otro profesional del mismo rubro, sino que se reparten la ganancias, hay mucha estabilidad laboral, hay poca rotación de personal porque hay un clima que favorece la integración y la estabilidad”, dijo Marinello sobre la experiencia italiana.
La misma síntesis fue la que hizo Telma, de La Fuerza del Oeste. “Estamos acompañados, aprendemos unas de otras, hacemos en común y tenemos contención”, dijo la mujer, pero también señaló que el principal problema que hoy enfrentan es no poder dar respuesta a las demandas que tienen porque “hay poco compromiso” en experiencias cooperativas.
“Esta no es una época fácil, hay mucho individualismo y este tipo de servicio tiene muy poco reconocimiento social”, sintetizó Marinello.