Ser optimista se ha convertido en un verdadero desafío del que se puede salir airoso si nos forjamos diariamente y con gran determinación objetivos. Los sueños nos empujan hacia adelante en medio de un proceso de superación que dependerá mucho mas de nuestras capacidades que del entorno propiamente dicho.
El optimismo como valor, nos ayuda a enfrentar el siempre desafiante terreno económico siempre y cuando tengamos muy claro cuáles son nuestros objetivos así como también si estamos preparados a re-descubrirnos y a revisar nuestros procesos internos a la hora de las decisiones que, sin dudas los cambios nos van a imponer.
Será fundamental nuestra perseverancia y la capacidad de resciliencia.
En las últimas horas se dio a conocer el IPC de abril +3.4%, +15,6% en el cuatrimestre y +55,8% para los últimos 12 meses. En castellano, vamos a una velocidad de precios mensual que equivale a un año en países de la región. Esto equivale a decir que el mundo dejo atrás este flagelo. Aquí también podemos hacerlo, con políticas que estimulen la producción y a un Estado que no asfixie la iniciativa privada con impuestos. Sea como sea, siempre en argentina no tomar la iniciativa sale caro, muy caro.
No es magia, se necesita un Estado más chico, privados con incentivos a invertir y argentinos que tengamos como prioridad la superación personal, trabajar agregando valor y depender más de nuestras capacidades que en definitivas nos den la libertad de vivir de acuerdo a nuestros principios.
Supongamos que en algún momento, el peso de la burocracia comienza a descender, que la dirigencia madura y capitaliza que bajar impuestos genera oportunidades a los privados y que los motores de la demanda agregada comienzan nuevamente a encenderse. Qué vamos a hacer? ¿Qué zonas vamos a transitar? ¿Qué experiencias vamos a vivir?
Las 4 zonas del crecimiento
En la práctica e independientemente de qué tipo de proceso en la vida estemos cursando, nuestros escenarios están plagados de desafíos, de oportunidades, de costos y también de beneficios. Podemos capitalizar las experiencias de nuestros mayores o bien lanzarnos a vivirlas por nuestros propios medios. Está claro que vamos a atravesar zonas que nos van a desafiar a dar lo mejor que tenemos para superarlas.
Zona de confort: este es el primer escenario en el que sentimos tener bajo control la situación y que estamos a salvo. Sin dudas es la zona más costosa en términos de desafíos y de oportunidades, porque nada nuevo puede suceder si hacemos lo mismo cada día y no nos proponemos salir de esta falsa anestesia que significa la actitud pasiva. La falta de incentivos, de desafíos y de confianza en uno mismo son los argumentos que pueden solidificarnos en esta zona. Salir de esta trampa, implica el primer paso hacia el protagonismo personal.
Zona de temor: ¿y quien no lo tiene? Dimos el primer paso y ahora comenzamos a experimentar las sensaciones de confianza o falta de ella en uno mismo, en nuestro proyecto de vida; puede esto inducirnos a auto imponernos excusas (la situación del país, la política, el clima, etc.), e incluso la opinión de terceros pueden alimentar la idea que volvamos un paso atrás a la zona de confort. En esta zona nos estamos testeando nuestros proyectos y sentimientos. La claridad de propósito y la confianza en nuestra capacidad nos permitirá superarla. Los esfuerzos de superación implican justamente seguir asumiendo mayores protagonismos.
Sigamos con nuestro proceso de descubrimiento personal y económico. Una vez que abandonamos el punto de partida, los desafíos y las experiencias del camino que vamos transitando nos obligan a un proceso de introspección (diario) a reconocer nuestros valores guía y a trabajar hasta conseguir las metas.
Zona de aprendizaje: estamos a mitad del camino del proyecto y del proceso de evolución personal, nos estamos superando! Dejamos atrás la falsa comodidad, la pasividad y que el “escenario me juega en contra”. Son excusas que nos tienen de rehén, nos impiden avanzar y en el largo plazo, sin protagonismo la batalla está perdida. En esta zona estamos lidiando con nuevos desafíos y problemas propios del objetivo que nos impusimos como meta; desarrollamos nuevas capacidades y vamos construyendo una plataforma sobre la que comenzamos (a pesar de todo) a sentirnos en una nueva zona de confort, más amplia y con más oportunidades. Cuanto más lejos del núcleo, más autosuficientes tenemos que ser.
Zona de crecimiento: seguramente una etapa en la que arribamos luego de unos cuantos golpes, caídas y seguramente de situaciones que verdaderamente nos facturaron los costos. Así es la vida, así es la economía (costos y beneficios).
Llegamos hasta aquí luego de haber trabajado nuestro propósito, desde aquel proyecto original que pudo haber sido un disparador de superación por mero desafíos o bien porque la situación nos empujó a tomar decisiones de las que no tenías opciones. Sea cual fuera el motivo que nos dinamizó: encontramos nuestro propósito personal; conquistamos los objetivos que nos propusimos y que el camino nos obligó a rediseñar, y vivimos nuestra experiencia.
Cuando alcanzamos una meta, nos reconciliamos con nosotros mismos y re descubrimos que podemos avanzar casi indefinidamente en cuantos desafíos nos proponemos y que el verdadero “enemigo íntimo” habita en nuestra mente.
El escenario económico, las reglas de juego o falta de ellas juegan para todos por igual. Hay quienes leen en el desafío las oportunidades y quienes en la adversidad el final. Las matemáticas no fallan, cuando los números no dan, pero incluso en este escenario, hay que re-diseñar las metas y atravesar las zonas que la libertad económica nos impone. De esto también se trata la economía.