Economía

El miedo se instaló como principal enemigo del consumo

El consumo se enfría al compás de la inflación y de la batalla con el campo Ni los incrementos salariales ni los dibujos oficiales sobre los números de la inflación lograron engañar a la cartera de la dama o a la billetera del caballero: parados ya sobre la mitad del año...

Domingo 10 de Agosto de 2008

El consumo se enfría al compás de la inflación y de la batalla con el campo Ni los incrementos salariales ni los dibujos oficiales sobre los números de la inflación lograron engañar a la cartera de la dama o a la billetera del caballero: parados ya sobre la mitad del año, son muchas las voces que afirman que al término del primer semestre los números de la economía se enfriaron de la mano de un desaceleramiento del consumo y, sobre todo, de una marcada alza del índice de desconfianza de los consumidores.

Aunque los números no son calcados y las diferencias semánticas entre "caída" o "menor crecimiento" quedan para los expertos, lo cierto es que los gastos de los hogares se han vuelto más selectivos en los sectores con poder adquisitivo alto y medio. Y los sectores pobres son, como siempre, los que financian los costos de las crisis.

Según un informe de la consultora LatinPanel, durante el tercer bimestre de este año, el consumo de los hogares argentinos cayó un 8 por ciento con respecto a los dos primeros meses de 2008, un resbalón que afecta sobre todo a las familias de clase media y baja del interior del país.

En el abanico de razones que esgrimen para explicar la caída sobresalen tanto la inflación como la incertidumbre política generada a partir de la pelea entre el gobierno y el campo. "Si bien hasta marzo la inflación no había logrado detener el consumo de la canasta, su combinación con la incertidumbre provocada por la crisis del campo resultó en un freno al consumo de los hogares, que comenzó a manifestarse a partir del segundo bimestre y se plasmó más claramente durante el tercer bimestre de 2008", explica el documento de LatinPanel Argentina.

Y aunque si se miran los números para todo el primer semestre el volumen de consumo fue igual al de los primeros seis meses del año pasado, la alarma se encendió a partir de los datos relevados en marzo y abril de este año, cuando en promedio los hogares gastaron un 2 por ciento menos que durante los dos primeros meses de 2008. Con la eclosión de la crisis política y en medio de los bloqueos ruralistas de las rutas, los meses de mayo y junio mostraron una fuerte tendencia a la baja del consumo.

El efecto precio

El estudio destaca que los aumentos de precios al consumidor son la principal causa del descenso del gasto: "el impacto de la inflación en 2008 fue claramente superior que en años anteriores", señala el informe, que detalla que respecto del primer bimestre del año, el precio medio pagado por la adquisición de los productos que componen la canasta básica de alimentos, cosmética y limpieza fue 10 por ciento superior en el segundo bimestre y 14 por ciento mayor en el tercer bimestre del año.

En 2007, esta progresión fue de 5 por ciento y 11 por ciento comparando con los primeros dos meses del año, y en 2006 había sido de 4 por ciento y 6 por ciento.

Tomando también el cierre de semestre como excusa cronológica para un primer balance económico del año, la firma CCR —especializada en consumo a nivel nacional— presentó una auditoria de mercado en la que afirma que "el consumo está algo peor de lo que estaba, pero bastante mejor de lo que se cree".

Según la consultora, el índice de confianza de los consumidores (ICC) fue el que más sufrió el desgaste político de la pelea entre Cristina y la mesa de enlace de entidades agropecuarias. "El ICC está en el mismo nivel que en 2001. Son circunstancias muy diferentes, pero las sensaciones son parecidas y los cacerolazos espejados", aseguraron. Y si bien reconocieron un proceso inflacionario en marcha, desde la consultora relativizaron las consecuencias de las alzas al afirmar que "no es lo mismo las subas cuando los consumidores vienen de una recesión, entran en una depresión y no tienen trabajo, que cuando sí lo tienen, vienen de una época de crecimiento y con aumentos salariales del 20 por ciento".

Con respecto al consumo, aunque afirman que sus números no muestran caídas, sí reflejan un menor crecimiento. "Naturalmente el primer trimestre, con un 9 por ciento de aumento de las ventas comparado a igual período del año pasado, fue mejor que el segundo, con un aumento del 5,7 por ciento. Y por supuesto que junio, cuando Argentina se volvió intransitable, fue el peor mes de todos, con un 3,6 por ciento de aumento en las ventas".

La conclusión de CCR es que, al menos por ahora, el consumo no se cae, aunque sí "suaviza" sus tasas de crecimiento. Además, destacaron que en este nuevo contexto la gente se ha vuelto "mucho más selectiva" a la hora de desembolsar dinero. "Hay una menor propensión al consumo que requiere de muchos más anabólicos como promociones, descuentos y ofertas", destacaron.

 

El miedo no es zonzo

Además de las razones puramente económicas que restringieron el poder adquisitivo de los ciudadanos, hay que buscar parte de la explicación de esta disminución en factores relacionados con el visceral miedo argentino a cualquier proceso con aroma a inflación. "Las expectativas son condicionantes del consumo", contaron desde LatinPanel.

"Existe una estrecha relación entre las expectativas acerca de la evolución de la situación económica y la conducta de consumo de los consumidores. Aquellos que declararon al ser encuestados ser pesimistas con respecto a la situación económica del país contrajeron su consumo en mayor medida que aquellos que tienen una visión más optimista. El pesimismo respecto de la situación personal actual es la que más condiciona el consumo", dijeron.

En este punto aparecen además otros factores, como lo que significó a nivel colectivo el conflicto entre las entidades del campo y el Ejecutivo nacional. El peso de la percepción que la ciudadanía tiene sobre la influencia de la política en el discurrir de la vida económica es muy grande en un país tan acostumbrado a la esquizofrenia como Argentina.

"La mayoría de la gente— el 54 por ciento de la población— cree que no hay crisis económica, y por lo tanto, adjudican los problemas inflacionarios a los desmanejes políticos. Hay una idea generalizada de que los fundamentos del modelo son buenos, y que lo que hace disfuncional al sistema es la política", razonó el analista político Enrique Zuleta Puceiro.

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