La salida de Marco Lavagna de la conducción del Instituto Nacional de Estadística y Censos (Indec) abrió un escenario cargado de incertidumbre y desconfianza en torno a la futura medición de la inflación. Frente al temor de que el gobierno nacional intervenga o condicione las estadísticas oficiales, la Confederación General del Trabajo (CGT) anunció que avanza en la elaboración de un índice propio de precios al consumidor.
La central obrera busca, por un lado, disputar la credibilidad de los datos oficiales y, por otro, fortalecer su estrategia de oposición al proyecto de reforma laboral impulsado por el Poder Ejecutivo.
En ese marco, el ministro de Economía, Luis Caputo, confirmó que el gobierno realizará una nueva encuesta de hogares como base para el cálculo de la inflación. El titular del Palacio de Hacienda explicó que junto al presidente Javier Milei no estaban “de acuerdo técnicamente con cambiar el índice” en el corto plazo y detalló los fundamentos de esa posición. “La Encuesta Nacional de Hogares en la que se basa el nuevo índice no es actual: corresponde a 2017 y 2018. En el medio hubo una pandemia y muchos otros cambios”, sostuvo al referirse a la metodología que había impulsado Lavagna.
Sin embargo, analistas económicos advierten que la nueva metodología permitiría reflejar con mayor precisión los hábitos de consumo actuales de los argentinos, al otorgar una mayor ponderación a los servicios por sobre los bienes. En un contexto de subas sostenidas de tarifas, se estimaba que la aplicación del nuevo indicador hubiera derivado en un aumento significativo del Índice de Precios al Consumidor (IPC) en enero.
Un índice de inflación serio
El cosecretario general de la CGT, Cristian Jerónimo, adelantó que la central sindical trabaja en “un índice serio y respaldado”, que busque reflejar el impacto real de la inflación en el consumo cotidiano. Según explicó, muchos trabajadores confiaron en los datos oficiales y terminaron perdiendo poder adquisitivo, especialmente aquellos sectores cuyos ingresos quedaron rezagados frente a la inflación que se percibe “en la góndola”.
“Después del escándalo del Indec, ¿quién puede creer en el próximo índice inflacionario?”, cuestionó el dirigente sindical.
En paralelo, Jerónimo ratificó el rechazo frontal de la CGT al proyecto de reforma laboral que se debate en el Congreso. “Queremos generar conciencia en senadores y senadoras de que esto no es ninguna modernización, sino un proyecto redactado maliciosamente”, afirmó, y agregó: “No vamos a permitir que se avasallen los derechos de los trabajadores”.
Además, advirtió sobre el costo político que podría tener el respaldo legislativo a la iniciativa oficial. “Las convicciones de nuestros políticos a veces cambian, pero la gente no se va a olvidar de cómo actúe cada uno. Esperamos que no le den la espalda a los trabajadores de sus provincias”, señaló.
Reuniones con líderes de la CGT
Según Jerónimo, la CGT también mantuvo contactos con cámaras empresariales, que habrían expresado “rechazo y repudio” al proyecto del Gobierno. “Este Gobierno quiere mostrarlo como un triunfo, pero todos los días cierran empresas y se pierden puestos de trabajo”, afirmó. En ese sentido, subrayó que “las empresas son competitivas cuando pueden producir y vender”, y no a partir del recorte de derechos laborales.
De cara a los próximos días, la central sindical anticipó definiciones. “El viernes vamos a reunirnos y seguramente de ahí va a salir algo. La decisión que se tome en esa mesa se va a comunicar. Quédense tranquilos: de brazos cruzados no nos vamos a quedar”, advirtió el dirigente.
Finalmente, Jerónimo reconoció la existencia de diferencias internas dentro de la CGT, pero descartó que eso debilite la posición común frente a la iniciativa oficial. “En la CGT conviven distintos matices y expresiones. Vamos a dar la discusión y la pelea que hay que darle a este proyecto de ley”, concluyó.