Un mito urbano coloca en una calle a una chata blanca con dos personas adentro y con la firme intención de secuestrar niños, esa historia es una leyenda medieval que suplanta carretas por chats, y que estigmatizaba a la comunidad gitana como los responsables de esos secuestros que nunca existieron. Sin embargo a menudo en Rosario los intentos de secuestro reales no se denuncian, o por miedo o por falta de información hacia las víctimas. Este es el caso de dos niñas que fueron víctimas de intentos de secuestro el fin de semana pasado en Ghiraldo y Casiano Casas, pleno barrio Parque Casas.
En los dos casos el vehículo usado por el presunto secuestrador es un Volkswagen Polo blanco con franjas negras en sus puertas y quien condujo el auto en las dos ocasiones, según cuentan las niñas, es un hombre de 1,70, regordete, de unos 60 años y que usa lentes recetados. "Un abuelo", lo describió A., una niña de 10 años con la que el hombre intento tomar contacto mientras ella se desplazaba en bicicleta por uno de las veredas de las tiras del Fonavi.
Las niñas agredidas fueron dos: S., de 17, y A, de 10. La familia de S. hace varios años que vive en el barrio. Su padre y M., su madre, criaron cuatro hijos de los que S. es la menor. La adolescente es flaca y mide 1,60. "Es chiquita y tímida pero se defendió muy bien", contó su madre.
El primer intento
El viernes pasado S. fue a comprar una golosina a un negocio a unas cuadras de su casa, sobre Ghiraldo. Esa noche, como todas, Ghiraldo al 2400 era un corredor de oscuridad pese a que hace años los vecinos piden que iluminen esa cuadra, pero no lo consiguen.
S. fue hasta el local, compró lo que buscaba y emprendió su camino a casa. Al llegar a una de las entradas al barrio y a lo que parece una entrada a una cochera, un Polo blanco le cerró el paso. La niña pensó que era una casualidad. Desvió su paso e intentó cruzar por el lado izquierdo pero el hombre que estaba al volante bajó de sopetón y sin decir palabra la tomó de la muñeca de su brazo izquierdo.
La adolescente estuvo por un segundo en shock, no entendió la extraña maniobra ni la situación. De pronto y casi instintivamente se agachó y tomó una piedra de las tantas que hay en las veredas y en el instante en que el hombre la forzaba para meterla adentro del auto lo golpeó en la nuca con el cascote. El agresor le soltó la muñeca y se tomó la nuca, y S. corrió lo que le dieron sus piernas hasta su casa.
La madre contó: "Nosotros estábamos en la calle festejando un cumpleaños familiar cuando la vi correr hacia donde estábamos y me dijo lo que había pasado. La abracé y vimos cómo el auto tomaba por Ghiraldo, daba la vuelta por la avenida Casas y se fue para el norte".
Luego llamaron a la Policía. "Los policías llegaron rápido y les contamos todo. Era de noche ya, todo había empezado a las 21, así que recorrieron un poco y se fueron. Me dijeron que tenía que hacer la denuncia en la seccional 30, pero ahí no toman denuncias. Yo estaba con mucho miedo y estrés, y desde el viernes que no estoy bien da salud. La verdad es que al final no hice la denuncia", admitió M.
>>Leer más: Cómo se vive en Parque Casas luego del derribo de los búnkeres de venta de drogas
M. quedó sorprendida de la manera en que "reaccionó para defenderse. Igual en casa nosotros siempre hablamos del tema, de cómo defenderse si te atacan, y a ella le salió de adentro darle un piedrazo. Antes salía poco pero ahora casi no sale de su habitación. Está muy asustada.”
S. tiene dos o tres amigas en el barrio, no es de darse con nadie y según la madre ni ella ni la familia recibió ningún tipo de amenazas y en lo que hace a las redes sociales de la adolescente la madre también descarta alguna situación "extraña": "Ella me muestra todo lo que hace, mis hijos tienen una familia que los escucha y te puedo asegurar que esto no tiene que ver con la familia ni con amenazas, es alguien que la quiso secuestrar", dijo. Como corolario, la Policía recomendó a M. llevar a S. a una guardia que se ocupe de la salud mental para ser atendida por si le quedaban secuelas de algún tipo.
La niña
En el caso de A., de 10 años, la escena fue otra y un día anterior, el jueves pasado. En la entrevista con La Capital la niña se sentó a la mesa de un vecino, su cara era de pánico y tenía las manos sobre su rostro. Sus ojos son grandes, es flaca y no mide más de 1,30.
"Estaba andando con la bici de mi papá, que había vuelto de trabajar y estaba en un banco mirándome. Yo estaba andando y este hombre que parecía un abuelo me tocó bocina y me hizo señas. Yo fui adónde estaba mi papá y el auto blanco se fue. Lo vi pasar varias veces por la calle ese día". Cuando A. escuchó lo que contaba S. inmediatamente asoció al "abuelito" con el agresor de S. La tía de A. expresó que "desde el otro jueves que está mal. La noche del martes me dijo que veía al 'abuelo' caminando por el departamento".
Por el momento las familias no van a hacer las denuncias, no saben quien es el agresor y presunto secuestrador y por los cambios que sufrió el bario estos últimos meses a partir de la instalación de distintos búnker de ventas de drogas no saben que acción tomar.
Otra vecina comentó que "en esa cuadra de Ghiraldo anda mucha gente y muchas pibas que se prostituyen por un poco de coca. No se sabe de donde pueden venir estos ataques, puede ser un degenerado, alguien que pretende chicas para la trata o un loco".
>>Leer más: La historia de un búnker desactivado: echó a su familia y convirtió la casa en un aguantadero
Algunos vecinos se ofrecieron a hacer guardias nocturnas o tenderle una trampa al presunto secuestrador, pero otros sólo plantean por el momento que se custodie más la zona: "Queremos que venga la motorizada, ellos tiene más recursos que lo móviles policiales por que pueden entrar a los pasillos y perseguir a los ladrones", sentenciaron.