Las cosas del fútbol, que suelen aparecer cuando la jerarquía no es la mejor aliada. Central tuvo la mesa servida para meter un triunfo necesario, que lo reposicionara de cara a sus objetivos y le elevara las expectativas, pero una distracción se le colgó del mantel y le tiró todo al diablo.
Le quedó a mano un pedacito de comida, que sería el empate (2-2), pero que lejos estuvo de llenarse la panza como sí hubiese sucedido si Riveros no tiraba el centro con tanta libertad y Tarragona no se le escapaba a Giménez.
Es que el Canalla había logrado dar vuelta el resultado y segundos antes de marcar el segundo empezó a jugar con uno más. Así, lo que en Arroyito parecía una fiesta terminó con una indiferencia absoluta, en la que se colaron incluso algunos poquitos silbidos.
Otra vez un inicio dormitando, falta de Mallo sobre Galarza en el vértice del área, tiro libre de Botta y la entrada libre, sin marcas de Catalán. Central no había hecho tiempo para acomodarse en el partido (tampoco Talleres) y la yo perdía, como le pasó en La Bombonera. Ya era otro partido el que se debía jugar, al menos desde el resultado y la impaciencia que ese gol generó. Es que minutos después apareció el “movete canalla movete”.
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Todo un plan de partido en la previa para casi nada. Y ya de arranque se empezó a ver un equipo errático, poco fino en el traslado, aunque a los 7’ Malcorra lo tuvo, pero de derecha, casi desde el punto del penal. Pero fue un oasis, porque de ahí más Talleres olió que el Canalla no pisaba bien y fue por más. La gran tapada de Werner sobre Galarza fue clave para mantener al equipo en partido. Pero Mallo tuvo que desactivar una bomba que encendió Ibarra en una salida y al toque otra vez Werner se tuvo que esforzar tras el desvío en Ibarra luego de la mala entrega de Giménez en campo contrario.
Malcorra y Campaz
¿De Central? Algunas insinuaciones entre Malcorra y Campaz, algo de Mauricio Martínez y prácticamente nada de Solari. Es decir, nada que generara demasiada expectativa, hasta que ese taco de Carmelo para Campaz, el centro del colombiano y el penal de Girotti sobre el otro Martínez: Damián. Era “el” momento que Central necesitaba en un partido hasta ahí a contramano. Y Malcorra se encargó de plantar bandera y marcar un mojón. Funcionó en parte, al menos para empezar a mantener a raya a Talleres y por ahí para ver algunas cosas interesantes cuando Malcorra y Campaz se asociaban, pero lejos de lograr lo más importante: poner la pelota en el área con algo de peligro.
Después de un pequeño susto en inicio del complemento se vio lo mejor de Central. Se encendió Malcorra, Campaz empezó a acompañar más y el fútbol ya era otro. Y en el medio el llamado del VAR, la sanción del penal (claro agarrón) de Ortegoza a Copetti, la expulsión del volante de la T, el gol de Nacho Malcorra y el delirio.
El mejor momento
Era el mejor momento del Canalla en el partido, al menos el más favorable, al que le faltó lucidez y precisión en los metros finales. En el potente tiro de Campaz que Herrera mandó al córner, en la liviana asistencia del colombiano a Copetti en que pudo haber estado la sentencia del partido. A la T se le hacía difícil llegar, pero un gol de diferencia exige cero error. Y el error llegó, después de que Central manejara unas cuantas contras de buena manera, pero sin poder resolverlas. Centro, aparición de Tarragona y un empate que cayó como un baldazo de agua helada.
Adentro Lovera, pero el enredo que propuso Talleres fue suficiente como para que Central se quedara prácticamante con las manos vacías. Porque es cierto, sumó un punto, pero el contexto del partido no permitía otra cosa que no fuera triunfo. Un empate con sabor a poco, que generó un verdadero trago amargo.
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