Lo mejor que a alguien le puede pasar en la vida es aprender de sus propios errores, es la mejor manera de no tropezar dos veces con la misma piedra. A este Central de las últimas dos fechas esa materia le quedó pendiente. Venía de un partido en La Bombonera en el que a los 4’ ya lo perdía y ahora contra Talleres se esmeró para superarse: lo empezó a perder cuando el reloj marcaba recién 3’.
¿Y cómo llegó esa desventaja tan temprana? En medio de un descuido fenomenal, por intermedio de un jugador que en una pelota parada entró de cara al arco libre de marcas. Absolutamente nadie advirtió que si era envío al área (podía ser remate al arco), como lo fue, eran cuatro jugadores de Central defendiendo contra cinco de Talleres atacando.
El partido casi que se había empezado a jugar y a los equipos todavía les costaba proponer algo interesante, pero en el medio de eso Central se encargó solito de autoflagelarse. Mallo le cometió infracción a Galarza en el vértice del área y en ese tiro libre, de los pies de Botta, llegó el centro llovido al segundo palo. Lo que pasó allí fue que Matías Catalán apareció en soledad, sin ningún futbolista canalla que lo persiguiera o pudiera hacerle sombra, abrió el pie derecho y con la cara interna le cambió la dirección a la pelota, sin que Werner pudiera hacer algo.
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Una jugada que puede darse en cualquier momento del partido, está claro, pero llamó la atención la enorme libertad que tuvo el defensor del equipo cordobés para convertir. Es que el canalla más cerca de la acción fue Ibarra, que incluso terminó en el piso. Se podría caerle con algo de dureza al jugador que lo dejó libre, pero eso lo deben saber sólo los jugadores y el técnico, en caso de que hubiera habido marcas asignadas. Es que para el hincha fue imposible determinar quién falló en la marca porque Catalán no tuvo nunca a alguien cerca.
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Y se insiste, más allá del error propiamente dicho, es algo que puede pasar en cualquier momento, pero este Central venía de un golpe importante que, se pensaba, le había servido de escarmiento.
Igual que ante Boca
En ese momento fue imposible no recordar lo que sucedió hace un par de semanas en La Bombonera, cuando a los 4’ Central ya lo perdía, también por una falta al borde del área. Es más, aquella vez a los 13’ ya estaba dos goles abajo.
Pero el escarmiento aparentemente no fue lo suficientemente potente como para, al menos, impedir que en un tiro libre en contra algún rival pueda recibir con tanta libertad.
Después Central hizo el esfuerzo y los méritos suficientes como para al menos emparejarlo desde el juego, pero en un fútbol tan competitivo nadie puede darse el lujo de arrancar los partidos perdiendo desde el vestuario, como habitualmente se dice. Y Central lo hizo, allá en La Boca y ahora en el Gigante.