En 2014, Reynaldo Sietecase hizo una recomendación retórica al aire de Vorterix: “No leas La invención de la soledad después de que muera tu padre; lo hice y fue bravo”. Claro que terminó siendo una invitación para quien escribe, por más que la condición de la fatalidad no estuviera. El libro de Paul Auster es bravo, sin lugar a dudas, y se conecta, 12 años después, con Cabrón, el libro que acaba de publicar justamente Sietecase sobre su padre, y la entrevista al autor.
Se trata de un libro que hace zoom sobre los objetos paternos que tienen su devenir personal y simbólico, lo que hace imposible soslayar la nostalgia del autor como también la que el lector puede transferir hacia su propia historia. Eso es, quizás, lo que ofrece en términos prácticos el libro. “Reflexionar, pensar sobre sus propias relaciones”, dice Sietecase.
Sin embargo, no es la búsqueda principal. Fue más bien una necesidad que le brotó desde las entrañas de un momento a otro, bajo el paraguas de un ejercicio literario, dos décadas después de que Reynaldo hijo despidiera a Reynaldo padre. Desde entonces siguió dándole vueltas a la relación porque, como sostiene el autor, se tiene “un diálogo incesante con el padre, incluso después de su muerte”.
Así como, según Karl Marx, la lucha de clases es el motor de la historia, la lucha entre padre e hijos parece ser la que la sostiene. El libro deja trascender cierta distancia entre él y su padre, pero no en el sentido del desamor. Es más bien un puente ausente generacional que logra componer, según cuenta, con un viaje a la Italia de sus antepasados.
Un repaso ágil a las memorias familiares donde recita personajes, vivencias que claramente calaron por su peso al refutarlas o aprobarlas décadas después, y piezas de una arqueología paterna que decide sacar de la intimidad. El personaje central es su padre y lo que significó para él, aunque no deja de transitar la referencia personal durante un libro distinto a sus habituales novelas negras policiales.
Sietecase presentará su nueva novela Cabrón, editada por Penguin Random House este viernes 22 de mayo a las 19.30 en el tercer piso del Centro Cultural Fontanarrosa con entrada libre y gratuita.
La entrevista a Reynaldo Sietecase
¿Cómo surge la decisión de escribir sobre tu padre?
Yo estoy muy jugado a la escritura de ficción. En el medio de eso hice una maestría de escritura creativa, por gusto sencillamente, y me dieron un ejercicio en el que debía describir un recuerdo. Me acordé de la guitarra de mi padre, y luego recordé que le gustaba cantar. A partir de eso me di cuenta que no me acordaba de la voz de él y me agarró una angustia tremenda.
En esa búsqueda, empecé a traerme de Rosario objetos de él. Cada objeto me despertaba algo. Luego pregunté en la maestría si podía usar la idea de recuerdos y objetos en la tesis y me dijeron que sí, que arme una suerte de arqueología. Por eso hablo de la arqueología de mi padre.
O sea que hay un trabajo originario en la maestría
Claro, en la tesis porque empecé a describir objetos y no pude parar, y después le agregué las personas. Luego de presentar la tesis consulté en Alfaguarara si les interesaba y me pidieron desarrollarlo porque veían un libro íntimo. Y acá estamos para presentarlo.
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¿Escribir sobre el padre es escribir sobre uno?
La idea justamente fue no ir a la literatura del yo, sino más bien una novela biográfica. Incluso quité del libro el rollo de uno mismo porque aparte mi editora me dijo que no fuera un libro sobre mi historia. El protagonista central tenía que ser mi padre.
¿Cómo fue pensado el proceso de escritura sobre semejante figura?
Fue visceral porque el libro se impuso. Diferente a las novelas que escribo habitualmente que tienen un trabajo planificado, con una trama que debe funcionar, personajes, etc. Acá era escribir sobre los objetos y personas que me aparecían, las cosas que mi padre dejó.
¿Qué capítulo destacás?
El que escribo sobre un viaje que hicimos a Italia, al pueblo de su familia. Fue fundamental, en parte porque se reconcilió con su padre, a quien odiaba porque los abandonó de chicos. Y también fue central para mi reconciliación con él, que discutíamos fuerte, sobre todo por política. Fue un proceso de acercamiento y por eso el viaje es clave en el libro.
¿Qué fue lo que más te costó del libro?
Me cuesta en general hablar de mi madre que murió cuando tenía 17 años. Me cuesta evocarla. De hecho es la gran ausente del libro por más que escribí de ella. Otro tema fue tratar de darme cuenta que tengo muchas cosas de mi padre. Fue un descubrimiento muy fuerte.
¿Y sobre qué te hicieron reflexionar esas similitudes?
Me movió mucho a pensar sobre la paternidad. Hay muchas cuestiones impuestas por el patriarcado como el control de un padre. Lo que activa en el fondo son los propios fantasmas, en todo caso, los que no tengan a su papá vivo aunque también los que lo tienen. Creo que permite reflexionar sobre el tema de la paternidad.
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Reynaldo Sietecase escribió sobre su padre en Cabrón
Alejandra López
Todo un tema...
Es casi un género literario la literatura sobre el padre, hay cantidad de libros. Leí como diez durante el proceso. Centralmente porque el padre es patriarcado, es la ley y el orden. El padre es tan malo cuando falta como cuando sobra.
¿Durante toda la vida se interpreta al padre?
Sí, totalmente. Es un diálogo incesante con el padre, incluso después de que muere. Si el libro tiene alguna virtud es lo que le despierta a cada lector sobre su propio padre. Ese me parece que es el plus.
¿Qué descubriste al realizarlo?
Lo que descubrí al revolver el abandono que sufrió mi padre es que lo único malo de un padre para un hijo es que no te quiera, el resto se acomoda. Cuando uno se da cuenta que no podés cambiarlo, se armoniza, se lo quiere y punto. Lo único que no tiene retorno es que un padre no te quiera.
¿Expectativas de los lectores?
En realidad, el libro está más enfrentado a mi necesidad de contar que a otra cosa, por eso es distinto. Me da perplejidad que haya contado tanta intimidad, no quiero ni reelerlo. Ojalá que le sirva al lector para remitir a su propia historia, reflexionar, pensar, así como a mí me han servido muchos libros que leí sobre padres. Mucha gente me ha dicho que se conmovió al leerlo, algo que no esperaba. Es muy lindo que alguien te diga "Che, me emocionó".