¿Cómo y por qué contar el horror? ¿Cómo dejar bajo un velo de aparente normalidad la truculenta historia de un asesino en serie? ¿Cómo narrar la vida supuestamente desgraciada de un adolescente sin justificar los actos despiadados del futuro asesino adulto? ¿Cómo introducir al espectador en ese horror con sólo una pregunta casual y el giro de una cámara? ¿Cómo dar pistas sobre el futuro del criminal con una breve escena familiar, de un padre y su hijo bromeando y pescando, y una toma a contraluz y con el sol brillando sobre un lago?. Esa escena no puede estar más lejos de los clichés del cine de terror o el thriller y sin embargo el género está ahí, latente en cada plano, bajo la pátina de la cotidianidad y una trama que poco a poco va revelando su verdadero y oscuro trasfondo, no tanto por lo que muestra sino por lo que sugiere.























