Marcos López habla pausado, con claridad. Como si estuviera visualizando las palabras una por una antes de decirlas. Hay una sensibilidad peculiar en su decir, una mesura que contrasta con la contundencia visual de su obra. A sus 64 años, es una de las grandes figuras del arte latinoamericano contemporáneo. Su uso de los colores, pero sobre todo su interacción e intervención sobre elementos y figuras de la cultura popular lo convirtieron en el artista pop regional por excelencia. Desde el pasado miércoles y hasta el 13 de mayo, "Mundo López" puede visitarse en el Centro de Expresiones Contemporáneas (Paseo de las Artes y el río), de martes a sábado, de 16 a 20.
Desde sus orígenes en la vecina localidad de Gálvez, su recorrido artístico lo llevó a la Buenos Aires de principios de los ochenta, y después al resto del mundo. Sus obras forman parte de las colecciones permanentes del Museo Reina Sofía en Madrid, y la Tate Modern Gallery de Londres, y el Castagnino Macro de Rosario, entre otros. Pero ni el mayor prestigio internacional puede alejar a López de su hábitat natural de acción: lo popular. En 2016, su obra estuvo presente y al alcance de todos a través del “Living” instalado en el stand argentino del Encuentro y Fiesta Nacional de Colectividades. Ahora, presenta un repaso por su obra en el CEC (Centro de Expresiones Contemporáneas) de Rosario, un espacio público con entrada libre y gratuita.
En diálogo con La Capital, el artista dio detalles sobre el proceso de armado de la retrospectiva que inauguró el pasado miércoles y que se montó bajó la lógica “site specific” (de sitio específico). Esto quiere decir que cuando López desembarcó en el CEC, no sabía de antemano qué quería mostrar ni cómo. Tampoco esperaba que “Mundo López” se convirtiera en su retrospectiva más grande en Argentina. Hubo algo de la interacción con el espacio y el territorio que le marcó un camino al costado de la huella, que lo invitó a la experimentación y al desborde.
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“Este lugar tiene una particularidad que me gusta y es que por un lado parece un taller de un artista, un gran galpón, con esos paneles movibles que le dan una cierta rusticidad. No es un museo. Parece un galpón de ferrocarril, de puerto. Eso a mí me da más libertad para jugar”, narró Marcos, con una cadencia tan personal como su obra. “Yo para montar una exposición cargo tres fletes con todo lo que tengo en el estudio y después los voy distribuyendo siguiendo mi intuición como si todo fuera una gran instalación”, agregó.
Así fue que se delinearon los bordes de “Mundo López”, o este mundo posible de López, un recorte definido por lo contingente y lo situado. Cuando llegó al CEC con fragmentos de cincuenta años de obra encima, el artista se encontró con decenas de paneles móviles, “como si fuera una tela en blanco” y ese fue el trazo inaugural: los dispuso en semicírculo y empezó a experimentar. El resultado fue sorprendente hasta para él: “Hay obra desde 1978 hasta ahora. También incluye todos los formatos y los soportes. Yo últimamente me puse a pintar con óleo y acá me animé a mostrarlos”, anticipó. La retrospectiva incluye más de 130 piezas en exposición, pertenecientes a cincuenta años de obra. Se pueden ver óleos, dibujos, acrílicos, instalaciones, las clásicas fotos en blanco y negro de sus comienzos, murales fotográficos, fotos pintadas a mano, y, claro, parte de sus icónicas series de pop latino.
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“Suite bolivariana”, una de las obras que conforma la retrospectiva de López en el CEC.
López asegura que hasta media hora antes de la inauguración, estuvo moviendo cosas de lugar. Pero hay un eje central inamovible, un núcleo al que siempre vuelve en su descripción de la muestra: “Es una obra con una canoa, y adentro está el muerto del cuento de Horacio Quiroga, ‘A la deriva’. Esa canoa navega sobre unos colchones que son mapas del Paraná, que son una cita, una remake, de los famosos colchones del artista Guillermo Kuitca. Él hizo un mapa de Frankfurt y yo hice un mapa del Paraná. Sobre el techo cuelgan colchones con los próceres nacionales”.
Sobre la combinación de los elementos y sus interacciones simbólicas, el artista atisbó: “El muerto de Quiroga podría ser la Patria, los muertos de la Patria, los desaparecidos que tiraron al río en la dictadura. Mi propio padre que murió hace poco, un homenaje. La canoa es a la vez una nave mortuoria, con camalotes adentro. En el piso hay una colección de cuarenta revistas Gente que a través de las tapas cuentan la historia argentina desde ese famoso 6 a 0 en Rosario que nos dio un triunfo mientras torturaban gente, hasta todas las tapas de Malvinas, de Alfonsín, Menem, Cristina, Macri”.
Hay algo de ese paisaje estético, político, que tracciona claramente a López. Quizás se revela allí una cierta pertenencia sur santafesina. Una raíz que se asoma, inevitable. Algo de contar la historia con mayúscula, la de los próceres y los grandes relatos, a partir del territorio, de lo local, del camalote y las tramas heridas del humedal. Vale recordar que en 2013, López estrenó "Contracampo: Ramón Ayala", un documental-ficción sobre el gran folcloristas del Alto Paraná.
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Si está más que claro cómo la muestra interactúa activamente con el dónde de su ocurrencia, Marcos especula también sobre un posible anclaje temporal, uno que terminó definiendo el volumen de esta retrospectiva. “No lo asocio directamente con el año electoral ni con la violencia económica. Me parece que mi obra va más allá. Toda mi obra habló siempre de un latir latinoamericano y argentino que podría haber sido ahora, o cinco años antes, o cinco años después. Sí creo que la pandemia influyó. Esa cosa de quedarse en la casa recluido, deprimido, me dio de esta cosa medio catártica. De sacar todo afuera. Pienso que toda la energía contenida que tuve durante la pandemia se me soltó y por eso me traje todo lo que tenía en el estudio”, aseguró el artista.
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Otra seña particular de la muestra es que cuenta con la colaboración de diez alumnos y alumnas de la Escuela de Bellas Artes de la Facultad de Humanidades y Artes de la UNR: Claudia Bianchi, Rocío Montenegro, Melina Mansilla, Melina Saied, Hugo van der Groef , Julia Bartulovich, Elina Godoy, Matías Alejandro Najar, Virginia Belén Mansilla, María Soledad Giovanini. Sobre el vínculo, López afirmó: “Me están ayudando con el montaje y en la restauración de algunas obras, lo cual hace la experiencia mucho más rica. Porque estoy en diálogo permanente con diez personas de otra generación. Trato de escuchar. Son gente muy brillante y con muy buen humor, me revitalizan”.