Desde que se supo que “Barbie” y “Oppenheimer”, dos películas tan disímiles como esperadas, tenían la misma fecha de estreno, se generó un fenómeno en redes. Lo que comenzó como una disputa entre dos bandos enfrentados terminó en una celebración del cine y una propuesta muy particular: afirmar “Barbenheimer” y armar el doble programa menos pensado.
En Rosario, ver ambos filmes el mismo día, en el mismo complejo y en versión subtitulada, no fue tarea fácil. Como era de esperarse, la película de Greta Gerwig basada en la famosa muñeca de Mattel acumulaba notablemente más cantidad de salas que la biopic de Christopher Nolan sobre el creador de la bomba atómica. Sobre todo, se ofrecían muchas más funciones dobladas, a pesar de que no es una película pensada para las infancias (aunque sea apta para todo público). Finalmente, Cines del Centro habilitó el plan ideal: a las 15.50, entrar a ver “Oppenheimer”, con sus tres horas de duración, y a las 20, “Barbie”, de 114 minutos, para completar un plan de cinco horas.
El jueves 20 de julio, además de ser el día mundial del estreno simultáneo de estos dos tanques de Hollywood, era el Día del Amigo en Argentina y la primera semana de vacaciones de invierno. Por lo que el Shopping del Siglo, que aloja los Cines del Centro, era un mar de gente, ruidos y estímulos. Una escena que contrastaba notablemente con el interior de la sala donde comenzaba a proyectarse “Oppehneimer”: ocupada mayoritariamente por adultos y adultos mayores, algunas parejas, en un clima más bien sobrio, lejos de la euforia de infancias y adolescencias que ocupaban el exterior.
Primero, la bomba: "Oppenheimer"
Este nuevo proyecto de Nolan se anticipaba como un corrimiento claro de su cinematografía de las últimas dos décadas, donde se enfocó en propuestas de altísimo despliegue visual y técnico, y grandes ideas metafísicas. En “Interestelar” y “Tenet”, sustenta tramas enteras sobre conceptos puntuales de la física cuántica, como la entropía invertida. Sólo en ese sentido, “Oppenheimer” tiene una continuidad clara con estas últimas películas: el director corrió el foco de las ideas hacia el hombre detrás de las ideas.
J. Robert Oppenheimer fue uno de los científicos más importantes de la física y uno de los desarrolladores pioneros de la mecánica cuántica que tanto fascina a Nolan, además de ser considerado “el padre” de la bomba atómica.
OPPENHEIMER - Tráiler Oficial - Subtitulado - (Universal Studios) - HD
La falla de “Oppenheimer”, muy correcta en términos generales y destacada por la actuación de Cillian Murphy (acompañado por un elenco estelar), es que su director está demasiado ocupado en redimir al personaje protagónico. La película busca mostrar, sin lugar a ninguna duda, que el científico estadounidense, un personaje controversial en la historia de ese país y del mundo, fue un genio y un patriota con una vara moral impoluta. “Un genio pero no un sabio”, como dice un personaje, un hombre que cometió errores. En esa empresa, como si el público fuera un gran jurado en un proceso judicial en lugar de un espectador de cine, Nolan pasa una hora entera de película mostrando cómo Oppenheimer construye el vínculo con el gobierno y llega a liderar en el Proyecto Manhattan que durante la Segunda Guerra Mundial construyó el arma letal que destrozaría Hiroshima y Nagasaki en 1945.
Una hora que engrosa excesivamente el segundo acto y hace que, cuando finalmente llega la parte de construir, probar y lanzar la bomba, no pueda disfrutarse acorde a su notable despliegue visual y narrativo. En esa parte, Nolan se luce como le gusta hacer, con opulencia técnica (la mezcla de sonido en la prueba de explosión es increíble). Vale recordar que el director se peleó con Warner para asegurarse de que la película pueda verse en cines antes que en streaming, y recomendó a la gente que vaya a verla en los asientos centrales de una sala con IMAX. En la pequeña sala de Cines del Centro, la bomba se siente igual: un repentino golpe al pecho, implacable.
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Al principio de la película, un personaje se pregunta quién quisiera tener que justificar toda su vida. La respuesta es que Nolan estuvo dispuesto a justificar la vida de Oppenheimer, a través de un film-purgatorio que plantea pero no aprovecha un enfoque interesante del eterno debate sobre la separación del hombre y su obra: ¿qué pasa si el daño lo hizo la obra y no el hombre? Se encarga, con demasiado énfasis, en mostrar que el científico tuvo motivaciones nobles para crear la bomba (un judío queriendo frenar al nazismo, dado que el arma se pensó originalmente para atacar a la Alemania de Hitler) y reacciones correctas: la culpa y arrepentimiento que lo siguieron toda su vida.
Cuando la película pone su punto (su cuadro) final, los comentarios del público, que se movilizaba lento después de tres horas de filme, apuntaban sobre la extensión excesiva que no dejaba aprovechar la segunda mitad de la película, donde se concentra la acción. Es que Nolan trató a “Oppenheimer” (incluso desde la banda sonora a cargo del sueco Ludwig Göransson, que musicalizó películas como “Pantera negra”, “The Mandalorian “Tenet”) como si se tratara de uno de sus filmes épicos de acción y aventura, y no lo es.
El turno de las muñecas: "Barbie"
Después de un receso breve pero necesario de una hora, la función de “Barbie” se anunciaba, por supuesto, con otro clima, más festivo y de exaltación. Había fila para ingresar a una de las salas más grandes del complejo, llena en un setenta por cierto, y habitada sobre todo por grupos de amigas de “veinti”.
Barbie | Tráiler Oficial | Subtitulado
Desde el comienzo, la película está a la altura de su difícil promesa: usar uno de los personajes más estereotípicos y aparentemente banales del mundo para dar un mensaje tan serio como limitado y divertido sobre el capitalismo y el patriarcado. Greta Gerwig se vale con soltura del propio universo comercial de Mattel (todos los personajes y locaciones están basadas en productos de la empresa), para contar una historia que se ríe, no sin fallas, con ese mundo (y no de ese mundo) de fantasía. La película tarda muy poco en plantear su premisa: Barbie, interpretada por una espectacular Margot Robbie, tiene una crisis existencial (piensa en la muerte, se le aplanan los pies y le sale celulitis) y debe viajar al mundo real para solucionarlo.
“Barbie” se mofa con altura de las aspiraciones del mercado: en el Mundo de Barbie, las mujeres lograron liderar porque las muñecas, en todo su despliegue de representación de profesiones y colores de piel, hicieron que las niñas tengan aspiraciones y se sientan poderosas. Por esto mismo, tiene un elenco con toda la diversidad posible de cuerpos que no se siente forzado, porque es verosímil y fiel a la voluntad de representación que tuvo Mattel. Y del lugar siempre relegado que la empresa le dio a Ken, un rubio superficial que no hace otra cosa que estar en la playa y ser novio de Barbie, también se vale la película para abonar el conflicto de géneros que emerge cuando la dupla viaja al mundo exterior y conoce el patriarcado del mundo real. Ryan Gosling, que interpreta al Ken estereotípico, también está brillante, y por momentos se roba la película
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Si alguien esperaba que una película de Greta Gerwig fuera sutilmente feminista esa persona no había visto nada de la filmografía de la neoyorkina. Además, nada puede ser sutil en el mundo de Barbie. La película construye un tono justo para hacer una alegoría, siempre graciosa, entretenida y autoconciente, sobre la lucha feminista y la sociedad de consumo, a la vez que se hace cargo de las limitaciones y parajodas de su lugar de enunciación. Por supuesto, es excesivamente pedagógica, pero acorde a los excesos de ese universo plástico: demasiado rosa, demasiado perfecto, demasiado obvio, demasiado explicado. Y, sin dudas, no hay que perder de vista que este filme está producido por Mattel y busca volver a vender un personaje (una muñeca) que había quedado relegado a través de esta suerte de “lavada de cara” creativa que logra Gerwig.
“Barbie” y “Oppenheimer” tienen un punto clave en común. Las dos son historias de redención de personajes cuestionados, salvando las insondables distancias entre ambos. La primera lo hace haciéndose cargo, con humor de las contradicciones y lo absurdo de su protagonista y su mundo, lo cual por supuesto es más fácil ante un problema un tanto más banal que el exterminio bélico. La segunda ilustra al científico como un personaje complejo pero no logra superar una bajada de línea moral que entorpece la narrativa. En cualquier caso, se trata de un doble programa tan insólito como disfrutable, que deja en claro las posibilidades infinitas del cine como lenguaje. Entre ambos filmes, cosecharon casi 300.000 espectadores sólo el jueves de su estreno en el país.