Néstor Frenkel, uno de los documentalistas más destacados del cine nacional, presenta en Rosario su más reciente trabajo, estrenado mundialmente en la última edición del BAFICI: “Después de Un Buen Día”, donde explora el fenómeno de una de las películas más denostadas y celebradas de la historia argentina: “Un buen día”. La cita es este jueves 30, a las 19, en el Centro Cultural Cine Lumière (Vélez Sarsfield 1027), con entrada gratuita (a retirar media hora antes de la función) y diálogo con el director antes de la función.
Néstor fue además el protagonista del Foco de mayo en el cine municipal. A lo largo de los jueves del mes, se proyectaron sus películas “El gran simulador” (sobre el ilusionista René Lavand), “Los ganadores” (sobre entregas de premios peculiares) y “El coso” (sobre el artista Federico Manuel Peralta Ramos). El jueves pasado, “Después de un buen día” tuvo su estreno en la ciudad. Durante junio, se podrá ver los días 7, 15 y 21 en el Cine El Cairo.
El caso de “Un buen día” es, a primera vista, curioso. Y para quienes miren un poco más de cerca, como hizo Frenkel, puede resultar fascinante. La película fue escrita por Enrique Torres (autor de exitosísimas telenovelas de los noventa, desde “Perla Negra” hasta “Cebollitas”), dirigida por Nicolás del Boca (padre de Andrea), y protagonizada por Aníbal Silveira y Lucila Solá (también conocida como Lucila Polak, quien fue pareja de Al Pacino durante diez años).
No parece haber una sinopsis que haga justicia al filme (fácilmente accesible en YouTube), cuya capacidad de sorpresa es parte de su atractivo. Podría decirse que es la historia de dos que se conocen una tarde en Long Beach, California (donde ya estaba instalado Torres y parte de la familia del Boca por entonces) y pasan el día juntos paseando y hablando.
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En el momento de su estreno, “Un buen día” fue vapuleada por la crítica y rechazada por el público. Lo que se dice un fracaso. Pero los inolvidables diálogos, los giros inesperados en la trama, el tono único de las actuaciones, la convirtieron en una especie de mito como la “mejor peor película del cine argentino”. De esta manera, se creó un séquito de fanáticos, agrupados en parte en el Grupo de Apreciación de Un Buen Día, que la reivindican sin ironía y con profundo cariño.
La existencia de este colectivo, que organiza proyecciones mensuales en Buenos Aires y hasta llegó a realizar una versión fan (lo que se conoce como fan film) de la película, fue el puntapié para que Frenkel pusiera su mirada y su cámara sobre el fenómeno “Un buen día”. “Yo no conocía la película. Me había pasado muy de costado, no le había prestado atención ni la había visto. Pero conocía a algunos de los chicos del Grupo de Apreciación por redes, alguno a veces se acercaba a la proyección de alguno de mis documentales y siempre era gente que se acercaba cariñosamente”, contó Néstor en diálogo con La Capital. Según compartió, al principio no pensó en hacer un documental, aunque le llamaba la atención el apasionado “trabajo de revalorización de esta película olvidada y despreciada” y el contenido que estaban generando desde el Grupo, integrado por muchos artistas audiovisuales.
Una película con "potencia inusitada"
Fue cuando conoció a Magrio, quien terminó siendo uno de los protagonistas de “Después de Un Buen Día”, que Frenkel decidió embarcarse a hacer de este mundo el objeto de su próxima película. Y el resultado es un retrato sin cinismo (un rasgo distintivo y notable del cine de Néstor) sobre las posibilidades expansivas del arte, lleno de amor por el cine y quienes lo hacen posible en múltiples aspectos.
Embed - Después de Un Buen Día (trailer)
“Lo que descubrí mayormente fue a las personas que hicieron ‘Un buen día’. Creo que la película, el mayor tiempo de metraje se ocupa de eso, de contar fundamentalmente a Quique Torres, el autor, y Aníbal, el protagonista. Descubrí a dos personas super interesantes. Y dos maneras de atravesar un fracaso. Mi pregunta era quién estaba atrás de una película tan particular, tan única. Y encontré gente super especial. Y no es casualidad que lo que hicieron tenga la potencia que tiene, más allá de cómo fue pensada: generaron un objeto de una potencia inusitada”, detalló el documentalista.
Enrique Torres está casado con Anabella del Boca (hermana de Andrea, quien tiene una participación en “Un buen día”), con quien vive en Los Ángeles desde principios de los 2000. Fue allá donde escribió y desarrolló la que sería su primera y última película, la cual se convirtió en una suerte de proyecto familiar de los del Boca, acompañado por técnicos jóvenes (que abundaban en Hollywood y estaban ávidos de trabajo), y actores argentinos que vivieran en la zona o Estados Unidos. Así llegaron los protagónicos de Aníbal Silveyra (que se había ido a probar suerte allá después de una buena temporada en el musical argentino) y Lucila Solá.
Frenkel destacó también el vínculo que existe entre los dos protagonistas del documental: Magrio, del Grupo de Apreciación, y Quique, quienes contra todo pronóstico se conocieron a través de “Un buen día”. “Me quedo con esa magia del arte. Cómo el arte rompe con la lógica. ¿De qué forma se podrían haber hecho amigos dos personas tan distintas? Por la magia de un objeto artístico. El documental en un punto también es la historia de una amistad. De dos que se hicieron amigos aunque se llevan casi 40 años, están en distintos niveles sociales, viven lejos, tienen consumos culturales completamente distintos. No hay puntos en común, pero la magia que sucede cuando uno tira algo nuevo en el mundo hace que todo se mueva y puedan surgir estas cosas”, aseguró el director.
Nestor Frenkel
Enrique Torres, Anabella del Boca y Nicolás del Boca en el rodaje de "Un buen día", la película fenómeno que Frenkel explora en su documental
Si el universo “Un buen día” está lleno de sorpresas para quienes se aventuran a explorarlo, Frenkel logra ensancharlo y suma capas de complejidad, curiosidad, asombro y, sobre todo, humanidad. El contrapunto entre cómo Torres y Silveyra atravesaron ese fracaso, y cómo lo viven hasta el presente, pone de frente al espectador contra las personas que hay detrás de cualquier chiste o consumo irónico.
“La idea fue acercarme a ellos e ir generando un vínculo. Yo no soy muy de la pregunta, sino de generar una situación y proponer un tema, y se va dando naturalmente. Con Aníbal fue muy catártico porque el día que lo conocí, casi en el primer rato, me tiró toda una energía que él tenía guardada porque es probable que nunca se hubiera sentado a hablar de eso abiertamente. No es un tema de conversación amable para nadie el fracaso”, compartió Frenkel.
“Y con Quique fue parecido. Pero él no tiene tanto problema, tiene todo más trabajado. No muestra tanto la ambigüedad. Tiene claro que fue algo que tuvo que atravesar, que fue un dolor, una desilusión, pero él tiene una cosa muy positiva, de que ser feliz es una decisión. Y él dice que en seguida dio vuelta la página y se concentró en otra cosa. Podés creerle o no, pero lo ves y es un tipo feliz, exitoso, enamorado. Así que fue toda una enseñanza ver cómo lo pudo atravesar y la alegría y la amabilidad con la que pudo estar conmigo”, agregó el director.
En sus primeras proyecciones, “Después de Un Buen Día” tuvo una recepción entusiasta por quienes forman parte del mundo de “Un buen día”. Según narró el cineasta, las funciones de estreno en el BAFICI recibieron la respuesta “intensa” y festiva que tiene la película original. “Todo lo que estoy recibiendo es que la gente la disfruta mucho. Los que conocían un poco, conocen más, los que no conocían nada, descubren el fenómeno. También causa mucha emoción ver cómo se atraviesa un fracaso y las cosas que te pueden pasar simplemente por el hecho de salir al mundo a mostrar algo. Y cómo mundos tan alejados se unen mágicamente, porque la verdad que es magia”, cerró Néstor.